Capítulo treinta y dos
CAPÍTULO TREINTA Y DOS
«Todos tienen un plan hasta que les dan un puñetazo en la cara».
LEE CHILD , El asunto
No creía que el plan de Brie fuera a funcionar, pero no dije nada porque estaba supersegura de sí misma.
En vez de eso, hice exactamente lo que me dijo. Empecé por quedarme a su lado y reírme de sus chistes, tanto de los buenos como de los malos.
Había dos grupos bien diferenciados en la excursión de esnórquel .
Dos familias con un montón de niños de entre ocho y doce años que iban juntos y superaban en número a los adultos, y luego estábamos los demás: Sherry, Andrew y Brie; Doug y David; y los recién casados, que parecían haber domado un poco sus muestras de afecto en público.
Todavía no podían quitarse las manos de encima, pero al menos no estaban con los labios pegados prácticamente a todas horas.
Hacía un día precioso y, aunque estaba cansada de verdad, me alegré de haber venido.
La isla estaba a media hora en ferri. Aunque estaba deshabitada, había una cabaña prefrabricada, un muelle y un cobertizo para barcos, además de una fila de baños portátiles.
La isla era una reserva natural propiedad del Gobierno; St. Claire mantenía las instalaciones y pagaba una tasa por usarlas.
Los arrecifes estaban en el lado este de la isla, así que anduvimos quince minutos con nuestro equipo. Kalise dio una clase sobre seguridad y luego habló un poco sobre la historia del arrecife y la isla en sí.
Doug se había traído una cámara submarina y parecía entusiasmado de verdad con la excursión. Cuando cruzó la mirada conmigo, señaló a David, que escuchaba atentamente, y me hizo un gesto con los pulgares hacia arriba. Supuse que eso significaba que él y David habían arreglado las cosas. Me alegré.
El agua de St. Claire era increíblemente clara. Pero en este lugar, al que Kalise llamaba Pedro Point, el agua era tan transparente que podíamos ver detalles del fondo arenoso a mucha distancia de la orilla.
Kalise se llevó a los niños y a los padres aparte, y el resto nos fuimos con el personal a un lugar más alejado, donde había menos ruido pero que era igual de bello.
Brie y yo nos quedamos atrás con los demás, y vimos cómo Sherry se aferraba a Andrew, que iba unos cuantos pasos por delante.
A él no parecía importarle, y yo —no por primera vez— pensé que a lo mejor Brie estaba exagerando.
Amaba a su padre y no quería que nadie le quitara su sitio.
Era normal, y con el tiempo se le pasaría.
No obstante…, a mí tampoco me caía bien Sherry, y no me fiaba de ella. Era desagradable. Y su actitud en el ferri de vuelta de San Juan fue muy muy sospechosa.
Brie empezó a reírse y me dio un golpe juguetón.
—¿En serio? —dijo.
Tardé un segundo en pillarlo, pero lo entendí.
—Totalmente —dije con una risita.
—¿Y?
—¿Y qué? —¿Qué se suponía que tenía que decir yo ahora? Ella quería enfadar o poner celosa a Sherry para que hiciera algo que molestara a Andrew, y a mí no se me ocurría nada que decir.
—¿Qué le dijiste? —Brie miró con intención a Sherry, así que seguí su mirada y me di cuenta de que Sherry nos estaba mirando.
—Oh, le dije… —Luego le susurré tonterías al oído a Brie.
Toda esta farsa parecía infantil, como si estuviéramos cotilleando a sus espaldas, y no creía que Sherry fuera a picar…, pero se le puso la cara roja y se aferró a Andrew con más fuerza.
Bueno, igual la idea de Brie era buena.
—¿Has visto? —dijo Brie.
—Sí.
De repente, Brie empezó a reírse de nuevo, y esta vez Andrew se dio la vuelta con una sonrisa amplia en el rostro. Paró de andar y esperó a que le alcanzásemos.
—Qué bien os lo estáis pasando —dijo.
—Desde luego —respondió Brie colándose en el estrecho espacio que había entre Andrew y Sherry—. Por cierto, papá, antes de que nos vayamos, me encantaría ir a ese restaurante de pescado tan bueno que hay en San Juan. El mismo donde celebramos mi cumpleaños cuando cumplí dieciséis.
—Claro, todavía tenemos varios días por delante.
—Mia, tienes que venir con nosotros —propuso Brie—. ¿Te parece bien, papá? Mia se va el martes.
Él dudó un momento, y me pregunté si se arrepentía de haberme pedido que me mantuviera alejada de Brie.
—Claro —contestó al final.
—Quizá debería ser algo solo en familia —dijo Sherry.
Brie le lanzó una mirada que Andrew no pudo ver, y luego le dijo a su padre:
—Es una gran idea, Sherry. Gracias por sugerirlo. Iremos solo tú y yo, papá. Tenemos mucho de lo que hablar antes de que me vaya a la universidad.
—Eso no es… —Sherry empezó a hablar, pero se calló cuando se dio cuenta de lo que Brie había hecho.
—No quiero ni pensar en que te vas —dijo Andrew mientras le daba un beso a Brie en la frente—. Hemos estado tú y yo juntos mucho tiempo, pequeña.
Brie me guiñó un ojo discretamente.
Brie, Andrew y Sherry se dirigieron a otra zona del arrecife, y yo me quedé con David porque Doug estaba perdido en su mundo con la cámara.
No veía a los Kent por ninguna parte. Charlamos un poco.
David me dio algunos consejos, y luego se fue con Doug, dejándome sola.
No me importó porque flotaba feliz sobre el arrecife, mirando los peces de colores y las plantas tan singulares.
El agua era tan increíblemente clara y refrescante que podría haberme quedado allí todo el día, sobre todo cuando ya había aprendido a respirar por el tubo.
Soñaba despierta con Jason, me preguntaba si quizá podríamos ir allí solos antes de volver yo a Nueva Jersey.
Yo desconocía las normas, pero a Jason le gustaba romperlas, y esta estaría encantada de romperla: estar sola en una isla deshabitada con el chico que am… , que me gustaba. Me gustaba mucho.
No era tan ingenua como para pensar que teníamos un futuro brillante, pero quería verle fuera de St. Claire para descubrir si aún sentía ese cosquilleo en el estómago.
No le conocía del todo, aunque sabía bastantes cosas de él.
Sabía, por ejemplo, la forma que tenía de ver la vida: por una parte, tenía la concepción de que deberíamos vivir plenamente y, por otra, al mismo tiempo, reconocía que él era una pequeña parte de un todo más grande.
Me había conquistado tanto con sus palabras como con su cuerpo.
Quería repetirlo todo.
De repente, no podía respirar.
Tenía el conducto obstruido o algo así, aunque no me puse nerviosa ya que estaba nadando justo debajo de la superficie.
No obstante, cuando intenté salir del agua, algo me empujó hacia abajo.
Entonces, el agua me inundó el tubo de esnórquel .
Luché por salir a la superficie, y apoyé un dedo del pie contra el arrecife.
Al final, pude salir tosiendo y carraspeando.
Sherry estaba en el agua y me miraba con odio.
—¿Qué demonios? —dije.
—No sé a qué te refieres —contestó ella.
—¡Me has hundido!
—Te equivocas. —Se aseguró de mirar a su alrededor. No había nadie cerca. Nadie había visto nada. En voz baja, Sherry dijo—: Apártate de mi camino. Sé perfectamente lo que estáis tramando esa mocosa y tú. No servirá de nada.
—Mira que eres insegura.
—No me conoces en absoluto. Tengo más confianza en un dedo meñique que tú en todo tu cuerpo.
Andrew es mío. Nos vamos a casar. Ni tú ni Brie lo vais a impedir.
Ya está molesto porque Brie no me ha recibido con los brazos abiertos y piensa que ella está siendo egoísta.
Él tiene necesidades que solo yo puedo satisfacer.
—Dos maridos, uno muerto —dije, y soné mucho más valiente de como me sentía. Pero ahora había espacio entre nosotras, y podría gritar antes de que ella pudiera hacerme nada—. ¿Qué tenía Diana contra ti? Quiero decir, al fin y al cabo, estuvisteis en la misma hermandad.
Se le puso la cara blanca.
—Tú no te metas. Esto no es asunto tuyo.
De repente, le cambió el semblante. Era todo luz y alegría.
—¡Andrew, aquí! —gritó haciendo señas a alguien que había detrás de mí.
Me giré y vi a Andrew y a Brie nadando hacia nosotras.
—Quieren que volvamos antes —dijo Andrew—. Se acerca una tormenta; han dicho que no es nada grave, que solo lloverá por la noche, pero el mar se está picando.
Como si fuera una señal, vino una bocanada de viento del mar que me heló, y vi nubes a lo lejos, por el este.
Andrew y Sherry se adelantaron; yo me quedé atrás con Brie.
—¿Qué ha pasado? —preguntó ella.
—No me gusta nada Sherry. Te ha llamado «mocosa».
—¿En serio? —Brie se rio, pero a mí la situación no me parecía nada divertida.
—Diana sabía algo de ella. Creo que es peligrosa.
—¿De las peligrosas que matan a gente?
No respondí porque era exactamente lo que había estado pensando. Tristan dijo que tenían un sospechoso, pero no imaginaba a ese joven, Georgie, matando a nadie. Yo de verdad pensé que había sido Gino…, pero ¿y ahora?
—No lo sé. Pero está tramando algo, no hay duda.
—Se lo voy a contar a mi padre.
—No tenemos pruebas. Primero tenemos que dar con algo, algo tangible.
—¿Cómo?
—Descifrando todas las frases que Diana escribió en su libro para ver si llevan a algo concreto.
—Me apunto —dijo Brie—. Pero ¿no vas a ver a Jason esta noche?
—Eso quería —contesté y esbocé por fin una sonrisa. Salimos del agua y nos dirigimos hacia la playa, hacia el muelle—. Pero esta tarde tenemos tiempo. ¿Puedes venir a verme?
—Estaré allí en cuanto me duche.
Las olas estaban picadas en el viaje de vuelta a St. Claire, y las nubes oscuras avanzaban hacia nosotros más rápido de lo que nos movíamos, pero el capitán nos aseguró que estaríamos de vuelta en el resort antes de que la primera gota de lluvia tocara la isla.
Todos estaban dentro de la cabina, excepto Brie y yo. Ya estaba harta de Sherry. Me había cortado adrede el suministro de aire cuando hacíamos esnórquel , pero no podía demostrarlo. Me preocupaba más Brie y lo que tendría que afrontar cuando volvieran a Arizona.
—Tengo que convencer a mi padre de que ella no es trigo limpio —comentó Brie.
—Mañana hay una gran cena con baile en el Sky Bar —dije—. Si pasamos esta tarde y todo el día de mañana intentando averiguar qué sabía Diana sobre ella, quizá podamos desenmascararla.
—¿Y si le preguntamos a Amber? —propuso Brie.
—¿Lo dices en serio?
—Sabemos que estaban implicadas. Amber sabe lo del libro y probablemente también sepa lo del chantaje, y parece que solo le interesa encontrar los documentos. ¿Y si descubrimos dónde están los documentos y cambiamos esa información por algún trapo sucio sobre Sherry?
Me pareció muy buena opción.
—Primero tenemos que encontrar los documentos.
A lo lejos, un relámpago lo iluminó todo.
—Guau —dijo Brie estirando el cuello para ver St. Claire. Nos quedaban unos diez minutos para llegar.
Varias personas de dentro de la cabina salieron a la cubierta para ver el espectáculo de relámpagos.
Era bastante espectacular, aunque un poco inquietante.
Me alegró saber que no tardaríamos en estar de vuelta en el resort.
Brie se acercó a su padre, y Sherry la siguió de inmediato, le dio un beso a Andrew y luego se apoyó en la barandilla.
Brie dijo algo, pero no pude oírlo. Sherry parecía enfadada, y Andrew, confundido.
El ferri redujo la velocidad mientras nos acercábamos a la isla. Entonces, una ola hizo que el barco se balanceara y, como resultado, se me revolvió un poco el estómago. Respiré hondo un par de veces para recuperar el equilibrio. En ese momento, escuché un grito y un chapoteo.
—¡Sherry! —gritó Andrew—. ¡Mujer al agua!
Sonó una campana, el motor del ferri se apagó, y David cogió un salvavidas y corrió hasta donde estaba Andrew. Lanzó el flotador donde Sherry estaba moviéndose en el agua. Ella se esforzó por nadar hacia él, y me di cuenta de que tenía sangre en la cabeza.
Andrew se quitó los zapatos de un puntapié y saltó al agua. Nadó hasta Sherry y la acercó al salvavidas. Ella lo agarró con una mano y se aferró a Andrew con la otra. Sollozaba y respiraba de forma entrecortada ya que las olas eran cada vez más violentas por la tormenta que se aproximaba.
Me acerqué a Brie.
—¿Qué ha pasado? —le pregunté.
—No lo sé. Estaba ahí de pie y, de repente, se ha tirado por la barandilla.
En ese momento, me di cuenta de que una de las puertas de la barandilla no estaba bloqueada. Si alguien se apoyaba en ella, era fácil que acabara cayendo por el otro lado.
—No me digas que tú… —dije en voz baja.
—¡No! —respondió Brie al ver a qué me refería—. Se ha tirado ella sola.
—¿Por qué? —pregunté.
—¿Para llamar la atención? Joder, ha montado todo este show , estoy segura.
Vimos cómo David y uno de los miembros de la tripulación ayudaban a Sherry a subir al barco, y después subió Andrew. Sherry se abrazó a él y empezó a llorar.
—Deja que te mire la cabeza —pidió David—. Debes de haberte dado un golpe al caer.
—No pasa nada —le dijo Andrew a Sherry—. Estás bien, gracias a Dios.
Sherry nos miró directamente a Brie y a mí, sonrió con malicia, y luego escondió la cara en el hombro de Andrew.
Atracamos a las tres de la tarde. El cielo ya no era azul, y unas nubes oscuras reinaban amenazantes en el horizonte. A lo lejos los relámpagos iluminaban el cielo. Estaba agotada y cansada. Me daría una ducha caliente, y luego Brie y yo idearíamos un plan para vencer a Sherry.
Después, pasaría la noche con Jason. Eso me hizo sonreír.
Yo era la última en la fila mientras caminábamos por el muelle hacia la lanzadera que nos estaba esperando. Los niños habían salido corriendo por la playa hacia el resort sin sus padres.
Andrew rodeaba a Sherry con el brazo. Ahora ella llevaba un vendaje en la cabeza, lo cual me pareció un poco exagerado. Brie se paró y se acercó al borde del muelle para hacerse un selfi con las nubes de la tormenta de fondo.
—Brie, date prisa, Sherry tiene que ponerse ropa seca y relajarse.
Brie me miró y puso los ojos en blanco.
—¡Cielo santo! —gritó Doug—. ¿Eso es una persona?
Todos se giraron hacia el extremo más meridional del muelle. Eli y dos marineros saltaron del ferri y se unieron al grupo. Todos se acercaron al borde de las rocas que bajaban hacia la playa.
Algo no iba bien. Me apresuré a alcanzar a Brie mientras David y Eli bajaban por las rocas. Brie me cogió la mano y la apretó.
Aunque la caída no era pronunciada, sí podía ser peligrosa por las rocas que habían acumulado para hacer un rompeolas entre el muelle y las viviendas de los empleados.
Había un cuerpo sobre las rocas. Una gaviota estaba posada en la cabeza del cadáver. David llegó hasta el cuerpo y espantó al pájaro.
Entonces reconocí a Gino Garmon.
Estaba muy muy muerto.