Capítulo treinta y uno #2
Estaba de acuerdo con Jason; Georgie no parecía alguien capaz de matar, aunque no todos los asesinos parecen capaces de hacerlo.
Había huido. Tal vez conocía al asesino y por eso tenía miedo. Tal vez sabía que Gino era el asesino, así que, cuando Gino empezó a buscarlo, salió corriendo para salvar su vida.
Miré a Jason y sospeché que él pensaba lo mismo.
Eli gritó desde el otro barco:
—¡Todo listo, Jason! Señorita Crawford, ¿quiere que la lleve de vuelta?
Jason me dijo:
—Vete, luego hablamos. Mandaré que te lleven las cosas a tu habitación. —Me apretó la mano, pero se notaba que tenía la mente en otra parte.
Cuando volví a mi cabaña, me duché, me vestí y fui al restaurante porque estaba hambrienta.
Aunque el tiramisú que nos habíamos tomado para desayunar estaba delicioso, necesitaba comida de verdad y llené la bandeja en el bufé.
Me senté en un rincón y observé a los pájaros volar de un árbol a otro, cantando alegremente.
Muy parecido a como me sentía. Si supiera cantar, quizá me hubiera unido a su melodía.
—Señorita Crawford.
Alcé la vista y vi a Trevor Lance de pie delante de mí.
—¿Puedo ayudarle en algo? —pregunté con formalidad. No parecía tan intimidante como el día anterior; de hecho, parecía que no había pegado ojo en toda la noche.
—Ayer mencionó que vio a CeeCee en San Juan. ¿Podría contármelo con más detalles?
La voz era calmada pero forzada, como si intentara ser muy educado cuando en realidad quería darle un golpe a algo.
—La vi almorzando con una mujer.
—Y ¿sabe quién era esa mujer?
Me mordí el labio.
—Por favor, esto es importante —dijo él.
—Era su exmujer.
No parecía sorprendido; de hecho, parecía casi aliviado.
—Gracias —contestó en voz baja.
—¿Pasa algo?
Puso la mano sobre la silla que había frente a mí, como si fuera a sentarse, pero solo se apoyó en ella. En su rostro había un tinte de derrota.
—Me han tomado el pelo, señorita Crawford. —No sabría decir si tenía los ojos rojos por las lágrimas o por la rabia—. Me lo merezco.
—¿CeeCee le ha robado?
Se rio sin humor.
—Técnicamente, sí, pero no fue idea suya. Debería haberlo visto venir.
—¿Su exmujer? —No me di cuenta de que había hablado en voz alta hasta que Trevor asintió con la cabeza.
—Lo curioso es —dijo con nostalgia— que la sigo queriendo.
—A su ex.
Parecía estar a un millón de kilómetros de distancia, pero asintió con la cabeza y se dio la vuelta para irse. De repente, le pregunté:
—¿Diana Harden le chantajeó?
Resopló.
—Lo intentó diciéndome que llamaría a Krystal, mi mujer, para hablarle sobre CeeCee. Le dije que adelante, que no era el único que se iba de vacaciones con otra mujer.
Después, se marchó.
Brie me encontró pensando en la conversación con Trevor Lance.
—Cuéntamelo todo —exigió mientras me cogía una uva del plato.
—¿Qué? —pregunté confundida.
—¡Venga! Todo el mundo se ha enterado de que anoche te quedaste atrapada en el otro lado de la isla con Jason. ¿Qué pasó? Quiero detalles.
—Ni hablar.
—¿No pasó nada? No me lo creo.
—No voy a entrar en detalles.
—Solo una cosa. Dame un dato jugoso para vivirlo a través de ti.
Le contesté:
—Jason es un romántico.
—Bah, eso no es un detalle.
—Besa mejor que nadie a quien haya besado —dije de forma sincera.
—Besos —contestó Brie sin rodeos—. ¿Solo besos?
Hice el gesto de cerrar los labios con una cremallera y tirar la llave. Brie se rio.
—Vale vale, no me cuentes nada. Tienes diez minutos para acabar de comer. —Y se comió una fresa.
—¿Diez minutos para qué?
—Para hacer esnórquel . Me prometiste que me ayudarías con Sherry.
Gruñí.
—Me lo prometiste —se quejó Brie—. Solo tienes que coquetear un poco. No te estoy pidiendo que te acuestes con él.
—¡Brie!
Se rio.
—Sé que puedes hacerlo. Con Jason sí coqueteaste.
«Hice mucho más que coquetear», pensé y me mordí el labio.
—Eso es diferente. Voy a volver a quedar con Jason. No quiero que piense que estoy tonteando con otros hombres.
—Te gusta de verdad.
Mucho. Más de lo que quería reconocer, para ser sincera conmigo misma. Eso no se lo iba a decir a Brie.
—Pero vas a venir con nosotras a hacer esnórquel , ¿verdad? —insistió Brie.
—Ya te dije que sí.
—No quieres.
—No sé qué podríamos hacer para que tu padre vea la verdadera cara de Sherry. —Le conté lo que Braden me había dicho el día anterior sobre las finanzas de Sherry—. No hay una forma legal de investigar más, pero está en bancarrota y tiene que vender su casa.
—Algo es algo.
—Podría tener una historia triste o una razón legítima detrás de aquello, como que su madre tuvo tratamientos caros porque tenía cáncer, o que la estafaron. A mí ya me odia, así que no puedo hacerme su amiga. Cree que quiero robarle a tu padre.
—¿Y si…? Ay, ¡ya lo tengo! —exclamó Brie con un tono que no me gustó nada.
—¿Qué? —pregunté, con desconfianza.
—No tienes que hacer nada. Pero podemos hacer que Sherry crea que estás coqueteando con mi padre… y que él está receptivo.
Me pareció algo descabellado.
—¿Cómo?
—Tú déjamelo a mí.
—Brie…
Ella levantó la mano para callarme.
—Sé lo que hago. Solo tienes que ser tú misma. No tienes que cambiar nada.
—Está bien —acepté a regañadientes—. Pero, si esto funciona, tengo una tarea para ti. Se me ha ocurrido cómo podemos encontrar los documentos que Amber y Parker están buscando.
—Funcione o no, soy toda tuya. Venga, come rápido. Tenemos que estar en el muelle en cinco minutos.