Crímenes y lecturas de verano Capítulo treinta y uno
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Capítulo treinta y uno

CAPÍTULO TREINTA Y UNO

«Para que haya traición, primero tiene que haber habido confianza».

SUZANNE COLLINS , Los juegos del hambre

Jason tenía razón: un barco vino a buscarnos justo después del amanecer, cuando estábamos comiéndonos el postre que no habíamos probado la noche anterior. Desayunar el postre fue el final perfecto para la mejor noche que había tenido en toda mi vida.

El capitán del ferri, Eli, pilotaba una lancha motora. Salimos a la cubierta y le saludamos con la mano. Eli no estaba solo; Tristan y Kalise iban con él.

Yo llevaba puesto el bikini debajo del polo del St. Claire que Jason me había dejado, y —Mia Crawford, diligente y buena chica— ni siquiera me daba vergüenza.

No me arrepentía ni un minuto de la noche anterior, y, a juzgar por la forma tan enérgica en la que Jason me había despertado esa mañana, él tampoco.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Tristan cuando él y Kalise subieron al barco.

Ambos parecían preocupados, como si Jason fuera un hijo suyo que había estado toda la noche fuera sin avisarles.

—Alguien inutilizó la moto de agua y el barco, tiró la gasolina y luego desactivó la radio.

—¿Qué? —dijo Kalise a la vez que Tristan—. ¿Quién haría algo así?

—Había una persona con un traje de buceo negro y una máscara en una lancha pequeña cuando salimos de la cueva. Parecía una de las barcas que tenemos para los huéspedes. Ni siquiera llegué a ver si era hombre o mujer. Estábamos demasiado lejos.

—Ningún huésped reservó una barca ayer por la tarde —dijo Kalise—. Pero se les suele olvidar avisarnos.

Tristan se volvió hacia mí.

—Señorita Crawford, le aseguro que la vida en St. Claire no es tan peligrosa como la que usted ha experimentado hasta ahora.

—Estoy bien —contesté. «Más que bien», pensé. Estaba en una nube.

«Orgasmos múltiples». Creía que era algo que solo pasaba en la ficción. Estaba felizmente equivocada.

—Esto es inaceptable —comentó Tristan—. Encontraremos al culpable. Si forma parte del personal, lo despediremos; si es un huésped, se le expulsará del resort. ¡Quizá incluso lo denunciemos! Esto podría haber acabado mucho peor.

Jason intervino.

—Tranquilo, Tristan. En serio. Nadie ha resultado herido, aunque me gustaría saber quién inutilizó mi equipo. —Jason llamó a Eli, el capitán del barco, que se acercaba a ellos—. ¿Tienes gasolina de más?

—Sí, suficiente como para llevaros de vuelta al resort —gritó Eli.

—Perfecto. ¿Puedes llenarme el depósito y luego llevar a la señorita Crawford de vuelta al resort?

—Por supuesto —contestó Eli.

—Puedo quedarme —dije. No quería irme, y eso hizo que me sintiera un poco enamorada y dependiente. Pero me daba igual.

Cuatro orgasmos. Y, para rematar, otro más esta mañana.

—Danos un momento —le dijo Jason a Tristan, y luego me cogió de la mano.

Caminamos hacia el extremo opuesto del barco mientras Eli repostaba.

—¿Estás bien? —me preguntó.

—Sí, claro que estoy bien. Más que bien.

Quería besarlo…, pero de repente me sentí un poco cohibida, ya que ahora teníamos público.

Me puso la mano en la barbilla y me hizo mirarle.

—Mia, lo de anoche fue impresionante, a pesar de todos los desastres. Eres increíble en todos los sentidos.

Busqué su mirada y encontré verdad. Me acarició los labios con el dedo pulgar; yo se lo besé.

—La verdad es que fue una noche fantástica —susurré—. Pero tienes razón: debería volver con Eli.

—No tardaré mucho, pero tengo que descubrir qué ha pasado y recuperar la moto de agua.

—A mí también me gustaría saber qué ha pasado. —Animada por la forma en que me miraba y por lo que sentía por dentro, dije—: Tristan me ofreció quedarme tres días gratis después de encontrar el cuerpo de Diana.

Jason sonrió.

—¿En serio? Me pediré un par de días libres, y podemos hacer una ruta por las islas.

Me dio un vuelco el corazón.

—Bueno, tendré que volver al trabajo. Tengo responsabilidades y podría trabajar a distancia, pero la señal de internet aquí es irregular y necesito una conexión segura por el tema financiero de mi empresa.

De todas maneras, planearé hacer otra escapada pronto; por ejemplo, en un puente largo.

Y… tal vez puedas venir a verme alguna vez. Si te pasas por Nueva York.

Una sombra de decepción le apareció en los labios; creo que le dolía que me fuera.

—No habría ningún problema en conseguirte acceso a la casa de Ethan Valentine, si quieres quedarte y necesitas trabajar. Tiene todo lo último en tecnología y, bueno, sé que no le importaría. Eh…, hablaré con Luis; le preguntaré.

—Es muy amable por tu parte. Me habían llegado rumores de que no era muy simpático, y de que expulsaron a dos personas de la isla por haberse acercado a su casa.

—No me acuerdo de eso —respondió—. Pero, en serio, no quiero que te vayas el martes.

Me dio un vuelco el corazón.

—Quizá me quede.

—Espero que sí. —Me acarició entre los pechos—. Anoche disfruté de todo. De hablar contigo. De hacer el amor. —Me besó.

—Eres una distracción —le dije sonriendo.

—¿Una buena distracción? —preguntó con un tono juguetón.

—Muy buena —dije mientras le apartaba la mano del pecho porque todo ese contacto me estaba poniendo muy cachonda, y no era el tipo de chica que se excitaba fácilmente con simples caricias.

Sin duda, Jason hizo que cambiara todo lo que pensaba sobre el sexo y los preliminares, y para mejor. Eso era quedarse corta.

—Quería decírtelo anoche, cuando hablamos sobre el libro de Diana y luego…

, bueno…, nos distrajimos. —Sonrió y me besó el cuello, y yo seguí hablando—: Cuando fui a San Juan, me enteré de que uno de los taxis acuáticos, no un servicio registrado, sino uno que pilota un chico que ni siquiera tiene la edad legal para conducir, llevó a Diana de vuelta a la isla el domingo por la noche.

La dejó en el muelle de Ethan Valentine.

Jason se quedó paralizado y dio un pequeño paso atrás.

¿Qué?

—Sí, suena raro, pero le creo, al chico.

Sabía detalles, como la hora a la que se había ido y lo que ella dijo, y que le pagó de más para que guardara silencio.

No creo que el señor Valentine estuviera en la isla el fin de semana pasado.

No estoy segura del todo, pero Luis me dijo que él, Luis, estaba cuando ella se presentó allí, y le dijo a Diana que no había nadie en casa.

Pero debía de haber algún motivo por el que ella fue a la casa. Quizá tenía pensado chantajearlo.

Jason parecía preocupado.

—¿Estás bien? —le pregunté.

—Sí, claro. Solo estoy pensando.

—Aunque alguien se llevó el libro de mi habitación, tengo fotos de las páginas en las que ella escribió. Escribió sobre Valentine, que es el número «522», pero lo que ponía era críptico.

Jason miraba por encima de mi hombro con una expresión rara. Le dije:

—Lo siento. ¿Es amigo tuyo? ¿Se enfadaría?

—No somos exactamente amigos —respondió Jason—. Tengo que hablar con Tristan sobre Gino y todo lo que me has contado. No te preocupes, no vas a meter a nadie en ningún lío. Pero tenemos que descubrir qué está tramando porque está teniendo un comportamiento raro, y no solo contigo.

—Haz lo que consideres mejor —dije, aliviada por compartir esa carga con alguien en quien confiaba—. Pero ten cuidado, ¿vale? Alguna persona de las que están aquí mató a Diana. No quiero que tú ni nadie más salga herido.

—Luego te busco —contestó, y me dio un beso rápido, amistoso, no romántico—. Tú también ten cuidado hasta que sepamos qué pasa, ¿vale? ¿Qué planes tienes? Solo lo pregunto para saber cómo localizarte.

—Le prometí a Brie que iría con ella a la excursión de esnórquel .

—Vale. Te lo vas a pasar bien. Te veré cuando vuelvas.

—De acuerdo.

Debí de sonar preocupada, porque entonces se acercó a mí y me abrazó, y luego me besó.

—Si es que quieres verme —añadió con una sonrisa picara.

—No lo sé —bromeé—. Lo de anoche va a ser difícil de superar.

—Me encantan los retos.

—¿Jason? ¿Señorita Crawford?

Tristan venía caminando por la cubierta, nos vio abrazados y apartó la mirada. Retrocedí; Jason me cogió de la mano y me acercó a su lado.

—¿Algún problema? —preguntó Jason.

—Aún no lo sé. Acabo de hablar por radio con Gino. Ha identificado a una persona presuntamente implicada en el asesinato de Diana Harden.

—¿Quién? —dijimos Jason y yo a la vez.

—Un miembro del personal. Es nuevo esta temporada, y quería hablar con él sobre el allanamiento de su habitación, señorita Crawford.

El adolescente flaco con el que me enfrenté el día anterior.

—Pero… —empecé a articular, y Tristan me cortó.

—No sé si creérmelo, pero no pude encontrarlo ayer después de hablar con usted, y cuando fui a su apartamento no estaba.

Eli dijo que se fue a San Juan en el ferri de por la noche, así que le pedí a Gino que lo buscara, solo para hablar con él.

Cuando Gino registró su habitación, encontró el móvil de la señorita Harden.

—¿Por qué iba a hacer algo así? —preguntó Jason.

—No lo sé —dijo Tristan con semblante preocupado—. Fue una huésped complicada. A lo mejor él pudo pensar que haría que lo despidieran. Se quejó de varios miembros del personal durante su corta estancia en la isla, aunque no recibí ninguna queja concreta de ella dirigida contra él.

—¿Quién es? —repitió Jason.

Parecía que Tristan no quería decirlo, pero se aclaró la garganta, levantó la cabeza y dijo:

—Georgie Arendt.

—¿Georgie? —Jason negó con la cabeza—. Es un buen chico. No le haría daño ni a una mosca.

—Solo les estoy diciendo lo que sabemos por ahora. Quizá él tenga una buena explicación. Quizá estaba asustado después del enfrentamiento con la señorita Crawford.

Jason me miró como si yo le hubiera dado una patada a un cachorro.

—En realidad, no fue un enfrentamiento —aclaré—.

El primer día que llegué, vi a un joven rebuscando en mi bolso, en la playa.

Después me di cuenta de que alguien había arrancado una hoja del libro que estaba leyendo, y, cuando vi a Georgie, lo reconocí.

Intenté preguntarle sobre ello, pero salió corriendo.

Creo que le tiene miedo a alguien. No se comportó como alguien capaz de matar a otra persona.