Capítulo veinticinco #3
—Es muy amable por tu parte —dije. Me mordí el labio—. ¿Le contaste a alguien que viste a Diana esa noche?
—Claro que sí.
Al ver que no decía nada más, le pregunté:
—¿A la policía?
—¿A la policía? No. Nadie me interrogó. No lo pensé hasta que encontraron el cuerpo. Entonces, se lo conté a Gino, claro.
¿Gino se lo habría contado a la policía de San Juan? ¿Para qué iba a hacerlo si fue él quien la mató? La mayoría de las pruebas contra Gino apenas eran circunstanciales; pero esta información sí era comprometedora.
En ese momento, Trevor Lance entró a toda prisa en el bar. Parecía agotado y también enfadado.
No tardó ni un segundo en plantarse delante de mí.
—Mia, ¿verdad? —preguntó con tono exigente.
—Sí —respondí casi sin pensar.
—¿Dónde está CeeCee?
Invadió tanto mi espacio personal que pude ver cómo le palpitaba una vena del cuello.
—Yo… no lo sé.
—¿Lo sabes o no? Ayer fuiste con ella a San Juan, y no ha vuelto. ¿Qué ha pasado?
Abrí la boca, pero no me salían las palabras.
Callie se acercó.
—¿Le pongo algo, señor Lance?
Él levantó la mano para hacerla callar. Aquel gesto tan maleducado hizo que recobrara la compostura.
—Trevor —contesté—, yo no fui con CeeCee a San Juan. Coincidimos en el ferri, nada más.
—Me dijo que os ibais de compras, a comer fuera, y que volveríais tarde. Me pareció bien porque yo tenía trabajo. Pero no volvió. El capitán dice que no regresó, y te juro que, si no me dices dónde está, voy a…
Jason apareció justo detrás de mí y extendió la mano, lo cual obligó a Trevor a dar un paso atrás.
—Tristan me ha dicho que está en contacto con la policía de San Juan —comentó Jason—. Gino, nuestro jefe de seguridad, está reconstruyendo los movimientos de CeeCee. La encontraremos.
—¿Igual que encontrasteis a Diana Harden? —soltó Trevor.
Me di cuenta de que estaba más enfadado que preocupado.
—¿CeeCee y usted discutieron? —pregunté antes de darme cuenta de que había abierto la boca para formular la pregunta.
Jason y Trevor me miraron, sorprendidos de que me atreviera a preguntar.
—No. Y eso no es asunto tuyo.
—Entonces, ¿por qué está tan enfadado? A lo mejor debería ir usted mismo a San Juan a buscarla.
Se le puso la cara roja y añadió:
—Tienes muchas cosas que explicar…
—La señorita Crawford no le debe ninguna explicación, señor Lance —intervino Jason con firmeza—. Apártese y, si tiene alguna pregunta, hable con Tristan.
Parecía que Trevor estaba a punto de pegarle a Jason. Al final, se marchó hecho una furia.
Jason se giró hacia Callie para decirle:
—Llama a Tristan. Cuéntale lo que acaba de pasar.
Ella asintió con la cabeza y cogió el teléfono.
Jason me miró con esos ojos verdes suyos, que ahora estaban cargados de preocupación.
—¿Estás bien? No te ha hecho nada, ¿verdad?
Negué con la cabeza y pregunté:
—¿Qué ha pasado? ¿De verdad ha desaparecido?
—No conozco los detalles. Tristan ha estado llamando a todo el mundo que se le ocurre durante todo el día. ¿Tú tenías trato con ella?
—Hablamos un par de veces. Era extrovertida y muy amable. —Me mordí el labio.
—¿Qué estás pensando? ¿Dijo algo? ¿Lance le hizo algo?
Negué otra vez.
—No lo sé. Pero… ayer estaba en un bicitaxi haciendo un, eh…, tour por la isla —mentí—, y la vi almorzando con una mujer que creo que es la exmujer de Trevor.
Jason frunció el ceño. Estaba confundido. Después, entrecerró los ojos.
—¿Cómo de segura estás de que era ella?
—Vi una foto antigua de la exmujer. Brie y yo estábamos cotilleando sobre Trevor y CeeCee y lo buscamos en internet. Estoy casi segura de que era ella.
—Se lo diré a Tristan. No tienes por qué involucrarte en esto. —Me acarició los brazos con las manos—. Estás temblando.
—Ha sido muy inesperado, pero ya estoy mejor.
—Ha estado totalmente fuera de lugar. No se le permitirá volver aquí.
—Debe de ser agradable que Tristan confíe en tu opinión.
Jason sonrió.
—Se me da bien ver a las personas por dentro. Pero la dirección escucha a los empleados. Es algo que valoro. De lo contrario, quizá no habría seguido tanto tiempo aquí. —Me besó—. ¿Seguro que estás bien?
Me acababa de besar en público. En el bar. Un sitio en el que todo el mundo podía vernos. ¿No le preocupaba meterse en líos con los jefes?
—Sí —dije sin saber muy bien qué pensar de todo esto—. Estoy deseando que llegue esta noche.
—Yo también. —Volvió a besarme—. Voy a ayudar a Tristan y a Gino a encontrar a CeeCee, y a decirle a Tristan con quién comió. No sé si será relevante, pero llegaremos al fondo del asunto. Nos vemos luego, a las seis. No llegues tarde.
—No llegaré tarde —contesté, y sonreí mientras él se alejaba.
Me di la vuelta con la esperanza de que Luis siguiera sentado en el taburete, pero se había marchado.
Le pregunté a Callie:
—¿Dónde ha ido Luis?
Ella se encogió de hombros.
—No me he dado cuenta. Es probable que se haya ido a echarse su siesta de media mañana. —Sonrió—. Él viene y va. A veces, paso días sin verle. Otras veces se pasa horas sentado debajo de un árbol. Es raro, pero le tengo mucho cariño. St. Claire no sería lo mismo sin Luis.