Capítulo veinticinco #2
—Puedo conseguir lo que quieras.
—No puedo acceder legalmente a sus cuentas sin su permiso, y no voy a perder mi licencia. Hay cosas que son de dominio público. Lo único es que no sé si podré encontrar algo que ayude a fortalecer tu caso.
—No quiero que mate a mi padre —contestó Brie—. Y de verdad creo que podría hacerlo si no consigue todo lo que quiere.
Parecía realmente asustada.
—Déjame ver qué puedo averiguar —aclaré—. Tenemos tiempo antes de la boda, ¿verdad?
—Hablan de casarse en agosto, justo antes de que me vaya a la universidad. Dentro de seis semanas.
—Qué pronto.
—Muy pronto. Por eso necesito que los separes.
—Brie…
—No te estoy diciendo que seduzcas a mi padre, ni nada por el estilo.
—Oh, vaya —dije de forma sarcástica poniendo los ojos en blanco.
—Pero lo cierto es que a ella no le caes nada bien. Tal vez encontremos la forma de hacerla explotar para que mi padre vea quién es en realidad. Lo pensaré.
Cambié de tema y pregunté:
—¿Cómo averiguamos si Ethan Valentine está en la isla? ¿Quizá podemos probar con su tío Luis?
Brie se encogió de hombros.
—Luis es genial, pero es un poco…, no sé…, un viejo raro. Habla usando acertijos casi todo el rato. Kalise cree que está senil. Está preocupada por él.
—No he visto síntomas de senilidad en él —contesté. Conozco lo suficiente a los amigos y vecinos de mi abuela de su urbanización de personas mayores para distinguir entre los que simplemente son despistados y los que muestran las primeras señales de alzhéimer—. ¿Tristan tendrá su agenda?
—Oh, seguro que sí.
—Quizá podamos consultarla.
—¿Para qué?
—Si Ethan Valentine estuvo aquí el domingo, Diana podría haber hablado con él, y, entonces, tal vez fue la última persona que la vio con vida.
—¿Crees que la mató él? —exclamó Brie.
—No. No lo sé. No lo conozco. Pero ella fue a su muelle privado y luego nunca más se la volvió a ver.
Quizá él estaba en casa y le dijo que se largara o que abandonara la isla porque había invadido su privacidad.
O quizá no estaba en casa. —Me quedé pensando un momento—.
¿Qué sabes sobre cómo funciona la oficina del resort?
—No tienen mucho personal. Están Tristan, Kalise y otros dos, creo, a tiempo completo en la oficina. Luego está la seguridad. Hay tres guardas de seguridad en servicio a la vez, pero están ubicados en otro edificio.
—Necesitamos información.
—Quieres colarte.
—Quizá. —No me podía creer que estuviera sugiriendo algo tan… furtivo.
—Buena idea. Me apunto.
—Podríamos meternos en un lío.
—Solo si nos pillan. —Brie se levantó de un salto—. Déjame averiguar quién está en la oficina y a qué hora se va, y te mando un mensaje.
—Solo quiero comprobar la agenda de Ethan Valentine —aclaré—.
Si él estaba allí cuando pasó lo de Diana, creo que tendríamos que contarles a las autoridades que un chico llevó a Diana de vuelta a la isla.
Y, si Valentine no estaba en la isla en ese momento, quiero conseguir sus datos de contacto.
Tal vez, con todos sus recursos, él pueda averiguar por qué fue Diana a su casa.
Cuando Brie se fue, me vestí y me dirigí al Blue Dahlia.
El puesto de crepes ya no estaba, pero cogí una magdalena y un café del bufé, luego me senté en un rincón y volví a leerme mis apuntes.
Decidí reunir toda la información que pudiera sobre Diana Harden y su libro, y después hablaría con Luis y Tristan para decidir si debíamos trasladarle esa información al reservado dueño del resort.
Revisé en mi móvil la cuenta de Instagram de Diana Harden. No había publicado mucho cuando estaba en la isla —solo cinco fotos en los dos días que estuvo aquí—. Aun así, dichas fotos contaban una historia. La cuestión era que no sabía exactamente qué historia era esa.
Una foto de sus pies con las uñas pintadas mientras descansaba en una tumbona en la playa con el mar brillante al fondo.
Una del resort, una foto bastante aburrida, en la que salía ella de frente y en la que el resort parecía una mansión rodeada de árboles.
Una dalia blanca en un jarrón, tomada sin duda en el bar, con una avispa en el centro como protagonista. Era la foto más artística.
Una mujer fumando sola detrás del resort. No se le veía la cara, y las sombras ocultaban detalles, pero era muy delgada, tenía el pelo corto y parecía llevar el uniforme del St. Claire.
La última foto la hizo de noche, y necesité un momento para darme cuenta de que estaba tomada desde el final del muelle, mirando hacia el resort, para intentar captar la isla entera sin centrarse en ningún detalle en concreto.
Lo curioso era que todas las fotos se publicaron el mismo día: el domingo.
Pero eso no significaba que las hubiera hecho el día en el que desapareció.
Ninguna de las publicaciones tenía pie de foto, así que no había pistas que sacar de ahí.
Supongo que se percibe como algo artístico publicar una foto sin descripción ni hashtags , pero era frustrante cuando necesitaba más pistas sobre a quién estaba chantajeando Diana, y sobre dónde habría escondido los documentos tras los que iban Amber y Parker.
Miré por el bar y tardé un poco, pero encontré el jarrón que salía en la foto de Diana.
Lo examiné. ¿Quizá había dejado pistas en estos sitios?
Cogí el jarrón; pesaba más de lo que parecía.
No había nada debajo, nada escrito, ni un papel, ni mensajes de ningún tipo.
Lo dejé donde estaba. O bien iba totalmente desencaminada, o Amber ya había encontrado cualquier mensaje que Diana hubiera dejado.
—¿Se te ha perdido algo?
Me sobresalté, me di la vuelta rápidamente y me puse la mano en el pecho.
—¡Luis! Qué susto.
Él sonrió.
—Lo siento. ¿Te vienes a tomar algo conmigo?
—Son las diez de la mañana.
—En la isla vamos con otro horario —contestó, y lo seguí hasta la barra.
Callie se acercó y dijo:
—¿Qué le pongo, Luis?
—Un café con un chorrito de Jack, por favor.
Callie puso una taza en la barra, la llenó con café de aroma intenso y vertió Jack Daniel’s en un vaso para chupito de gran tamaño. Me sonrió.
—¿Lo mismo para usted?
—Solo el café, con azúcar.
Callie me puso delante una taza humeante y disfruté del aroma antes de dar un sorbo.
El «chorrito» de Luis era el vaso de chupito entero.
Quizá no tendría que colarme furtivamente en la oficina si lograba que Luis hablara.
Bajé la voz y dije:
—Tengo un par de preguntas.
¿Por qué estaba tan nerviosa?
—Puede que tenga respuestas —dijo sonriendo.
—Pues yo, eh… —Me aclaré la garganta—. Siento curiosidad por saber si tuviste algún encontronazo con Diana Harden, la huésped a la que asesinaron.
Aquello sonó fatal.
—¿Un encontronazo? No sé a qué te refieres.
—Bueno… ayer, cuando fui a San Juan, descubrí información que creo que la policía no sabe.
—Ah, ¿sí?
No sabía si solo estaba siendo educado, o si le interesaba de verdad.
—Di con un chico que me dijo que llevó a Diana al muelle de Ethan Valentine el domingo por la tarde, a eso del atardecer.
—Ah, ya veo.
Pero no añadió más, así que continué.
—¿Ethan Valentine es tu sobrino nieto?
—Sí, lo es.
—El otro día estaba leyendo un libro, uno que alguien se llevó de mi habitación. Alguien, creo que fue Diana, había escrito en los márgenes, y comentaba que tú eras una persona cotilla. ¡Lo escribió ella, no yo! —Añadí rápidamente.
Él se rio y me alivió que no se lo tomara como un insulto.
—Sí, entiendo por qué podría pensar eso.
Sin embargo, al igual que antes, no dio detalles.
—Y, bueno, como Diana fue al muelle de Valentine, me preguntaba si tú la habrías visto. O si el señor Valentine estaba en la isla.
—El señor Valentine. —Luis rompió a reír. Le brillaban los ojos—. Ay, mi querido Ethan.
Qué comentario tan raro.
—¿Sabrías decirme si estuvo en su casa el domingo por la noche? A lo mejor…, bueno…, no estoy insinuando nada, pero tal vez él podría saber algo.
—No estaba en casa —contestó Luis—. Pero yo sí vi a la señorita Diana.
—¿En serio? —Eso no debería sorprenderme, ya que Brie dijo que Luis vivía en la casa de Ethan de los acantilados. Pero ¿cómo es que la policía no lo sabía?
—Sí. Subió las escaleras. La saludé. No fue muy amable. Tocó la puerta con fuerza, y yo le dije que no había nadie. No se lo tomó bien y se fue.
—Pero tú estabas ahí —dije, un poco confundida.
—Sí, estaba disfrutando de la puesta de sol desde la terraza. A lo mejor podrías acompañarme algún día antes de que te vayas. No hay mejores vistas en la isla, y eso que en esta isla hay muchos sitios con vistas maravillosas.