Capítulo veinticinco
CAPÍTULO VEINTICINCO
«La vida es infinitamente más extraña que cualquier cosa que la mente del hombre pueda inventar».
SIR ARTHUR CONAN DOYLE , Un caso de identidad
Volví a taparme la cabeza con la almohada, pero un golpeteo atravesó las capas de plumas y algodón.
Me incorporé, dejé caer la almohada y oí mi nombre al otro lado de las puertas de cristal. Había bajado las persianas con la esperanza de dormir. Me dolía todo el cuerpo mientras me arrastraba hasta el botón para subirlas.
Brie estaba allí y me hizo señas para que le abriera la puerta.
Me crujieron las rodillas al recorrer los tres metros de distancia. Abrí la puerta, me giré, volví tambaleándome hasta la cama y me desplomé sobre ella bocabajo.
—Voy a hacer café —dijo Brie mientras se dirigía a la pequeña cocina.
—No deberías estar aquí —repuse con voz ronca.
—Estoy muy enfadada con mi padre —comentó Brie—. No sabía que iba a hablar contigo hasta que Sherry me lo contó. Habría venido anoche, pero discutimos y…, bueno…, se van a casar.
Parpadeó para contener las lágrimas.
—Me lo contó —respondí.
—Le dije que no estaba bien comportarse como un neandertal y avergonzarte, y avergonzarme a mí, como lo hizo.
—Fue amable y se disculpó, pero estaba preocupado. Y tiene razón: si te hubieras caído y te hubieras hecho daño…
—No me caí, no me hice daño, tú no estabas allí, y te juro que Gino exageró muchísimo las cosas.
—Y ¿por qué Gino habló con tu padre?
—Porque es un imbécil.
Le conté lo que Gino me había dicho la noche anterior, cuando me traía de vuelta al resort, y su amenaza velada.
—Me parece increíblemente enfermizo —comentó Brie.
—Tu padre tiene razón. No puedes meterte en esto, y eso que ni siquiera sabe lo que estamos haciendo. ¿Se lo has contado? —Sentí alivio cuando Brie negó con la cabeza, aunque en parte deseaba una tercera opinión neutral sobre lo que sabíamos.
—No. Mi padre es un buen hombre, pero está muy comprometido con la ley y el orden. Me diría: «Deja que se encarguen las autoridades». Y luego se pondría completamente de parte de Gino por la sencilla razón de que es quien está al mando.
—¿Qué opinas sobre Tristan? —pregunté.
Brie se encogió de hombros.
—Es majo. En realidad, no lo conozco. Puedes pensar que es falso porque siempre está preguntando si todo está bien y si estás contenta, y siempre está pidiendo que, por favor, vuelvas y que si pueden hacer algo más para que tu visita sea perfecta.
Es un pelota de manual. Pero también es amable cuando no tendría por qué serlo.
Como anoche, que me condujo hasta el resort y parecía interesado de verdad por mí, pero no en plan raro.
—Se detuvo un momento—. Cuando Ethan Valentine compró la isla y lo reformó todo, y vinimos por primera vez después de la reforma, Kalise le contó a mi padre que tanto ella como Tristan tenían mucha autonomía para tomar decisiones para que el resort funcionara, pero que, si fracasaban, no iba a haber una segunda oportunidad.
Creo que lo de tu caída en el agujero le afectó de verdad.
Entendía el razonamiento de Valentine. Era un emprendedor y esperaba resultados.
No trabajaba en el sector hotelero, así que mantendría o contrataría a los mejores para dirigir el negocio.
Si este fracasaba, se asumían las pérdidas.
No te gastas tanto dinero después de que algo salga mal.
No se tienen en cuenta los costes no recuperables a la hora de tomar decisiones empresariales.
Era una regla básica que yo también seguía cuando aconsejaba a mis clientes.
—Es mucha presión —continuó—, pero este año Kalise parece más tranquila, así que creo que las cosas van bien. Y el resort ya lo tiene todo reservado para el año que viene.
—¿Cómo lo sabes?
Brie sonrió con picardía.
—La gente dice muchas cosas cuando no sabe que estoy escuchando.
—¿El resort funcionaba bien antes de que Valentine lo comprara?
Se encogió de hombros.
—Estaba viejo. Había un montón de habitaciones que no se podían alquilar por problemas de fontanería, y las cabañas eran cutres.
Pero la playa es preciosa, la piscina siempre ha estado bien, y es un lugar privado.
Veníamos porque mi padre y yo tenemos muchos recuerdos aquí.
Ahora, además de haber reformado el resort entero, hay muchas más actividades que se pueden hacer aquí, el Sky Bar es nuevo, han añadido más senderos, han reformado todas las cabañas, tienen los cruceros al atardecer, el luau , excursiones de pesca, la comida es mejor, han ampliado el spa .
Mañana nos vamos a una isla deshabitada a hacer esnórquel .
Lo hice el año pasado y fue increíble. Deberías venirte.
Dudé al pensar que era probable que su padre no lo aprobase. Brie pareció adivinar lo que pensaba y dijo:
—Mi padre y Sherry también vienen. Y… —Se mordió el labio y miró su taza.
—¿Y? —le insistí al ver que no terminaba la frase.
—Necesito averiguar qué está tramando Sherry. Tristan parece falso, pero no lo es. Ella parece sincera, pero es falsa. No quiere a mi padre, pero él no se da cuenta. Mi padre se siente solo porque yo me voy a ir de casa, y por eso le ha propuesto matrimonio. Ella le dice lo que él quiere oír.
—Lo ha seducido.
—¡Exacto! Él no es tan mayor; solo tiene cuarenta y dos años. No estoy en contra de que vuelva a casarse, pero no quiero que sea con ella.
Me pregunté si de verdad me creía lo que ella decía. Tal vez a Brie le pareciera que ninguna mujer era lo bastante buena para su padre. Habían estado los dos solos desde que ella tenía cinco años. Aun así, los antecedentes y el comportamiento de Sherry eran sospechosos.
—Quizá deberías contarle a tu padre lo que sientes —le sugerí.
Brie resopló.
—Pues sí, pero no. Qué incómodo.
—No tiene por qué ser así. Podrías decir algo como «Papá, quiero que seas feliz, pero no creo que Sherry sea la mujer que pueda darte lo que quieres».
Se puso blanca.
—Oh, Dios, no —dijo temblando, como si estuviera imaginándose esa conversación—. Bueno, quizá tú puedas ayudarnos.
—¿Yo? ¿Cómo?
—Haz que rompan.
No pude evitar reírme.
—Eso no va conmigo.
—No digo que te lances sobre él —añadió Brie poniendo los ojos en blanco—, sino que encuentres algo sobre ella.
—Ya lo encontramos.
—Pero él ya sabe todo eso. Quiero decir, ella pintó como algo totalmente normal que esté divorciada de un tipo rico y que su segundo marido rico muriera por «causas naturales» —aclaró haciendo comillas con los dedos—.
Pero eso no es normal. Creo que se gastó todo su dinero y anda buscando al siguiente tipo rico que la mantenga. No puedo permitir que ese sea mi padre.
—¿Crees que Diana sabía algo de Sherry que esta no quería que tu padre supiera? —pregunté.
Brie asintió con la cabeza y sacó el móvil. Leyó:
—«¿Dinero o amor? Dinero, por supuesto. Él posee una pequeña fortuna. ¿Conoce él todos los trapos sucios de la nueva novia que se acaba de echar?».
Era uno de los primeros comentarios que Diana había escrito y le seguían detalles financieros.
—Habla de mi padre —continuó Brie—. Está hablando de mi padre y de Sherry. Si usamos tu código, Sherry sería el «1913», número que escribió dos veces. ¿Lo has visto? —Brie me mostró la pantalla del móvil.
Diana había escrito: Pequeña fortuna de 1913 con paciencia .
—¿Y si —dijo Brie— Diana se acercó a Sherry y la chantajeó? ¿Recuerdas que te dije que Sherry y yo fuimos al spa el sábado y vimos a Diana allí?
—Sí —contesté rememorando vagamente la conversación.
—Bueno, Sherry estaba tensa y le dijo a Diana que se pondrían al día más adelante.
—Y tú le preguntaste a Sherry si la conocía. —Me estaba acordando de la conversación—. Y te dijo algo sobre unos negocios de hacía años y te cambió de tema.
—Exacto. Pero ¿qué tipo de negocio? Sherry tiene una empresa de decoración de interiores en Arizona y casi no trabaja en eso, y Diana vendía antigüedades en Nueva Orleans o algo así. Pero tienen la misma edad. Fíjate en esto.
Brie repasó las capturas de pantalla y encontró una que había subrayado. Entonces, giró el móvil para que yo pudiera leer.
Había un símbolo que me resultaba vagamente familiar. Parecían letras griegas. Luego Diana había escrito: «Campanas de boda en un futuro cercano. Por los viejos tiempos, esperaré para cobrar. Estoy deseando contárselo a mi #1».
—Creo que el «#1» es Amber —dijo Brie.
—Creo que tienes razón —contesté—. Mencionó que su «#1» llegaba tarde.
—Estos son símbolos griegos: «delta» y «gamma». Hay una hermandad universitaria que se llama así, «Delta Gamma». He investigado un poco.
—¿Fueron a la misma universidad?
—No, pero las dos tienen treinta y dos años y son miembros de la misma hermandad, aunque de universidades diferentes. Podrían haberse conocido, o al menos saber la una de la otra, ¿no? Y Diana debía de saber algo grave sobre Sherry. —Brie hizo una pausa y añadió—: ¿Crees que Sherry la mató?
Yo ya había sospechado de Sherry por su comportamiento. Pero ahora que Brie lo decía en voz alta… quizá.
—No lo sé —respondí por fin—. ¿Si el secreto era lo bastante grave…? —Me froté los ojos y serví más café—. Ayer, en San Juan, la seguí.
—Sí, me lo contaste. Le dio dinero a un tipo sospechoso.
—Eso, y, en el ferri de vuelta, en el que solo estábamos ella y yo, me dijo que dejara a su familia en paz.
—¡Qué mujer! —exclamó Brie—. Yo no soy familia suya. No puedo dejar que se case con mi padre. Tengo que contarle a él lo del tipo raro.
—No tenemos pruebas. Apenas tenemos indicios circunstanciales. Quizá si encontramos pruebas de que conocía a Diana y no dijo nada, podrías decir algo, pero no tenemos nada sólido que lo demuestre.
—¿Y lo de ir a San Juan ayer? Totalmente improvisado. Y no volvió con nada, es decir, no se fue de compras. A mi padre le dijo que había ido a hacer turismo, pero ¿fue a pagarle a un tipo? ¿Por qué?
—No lo sé. No digas nada porque no tenemos suficiente información. —Yo empezaba a parecer un disco rayado, repitiendo lo mismo todo el rato—. Quizá pueda investigar su situación económica, pero tengo que pensar cómo hacerlo.