Capítulo veintidós #2
Me miró extrañada, luego sacó el móvil, abrió una carpeta de imágenes y me lo pasó, acercándose para mirar mientras yo repasaba las páginas del libro fotografiadas.
Había cincuenta y siete fotos, lo que quería decir que Diana había escrito en cincuenta y siete páginas —en cincuenta y ocho, si contaba la hoja que arrancaron—.
Me detuve al llegar a una página que tenía una palabra subrayada.
«Luna». Recuerdo que cuando la vi me pareció raro que solo hubiera subrayado una palabra. Seguí pasando páginas y me detuve.
—¡Ahí!
También estaba subrayada la palabra «laguna».
—No lo pillo —dijo Brie.
—Diana subrayaba o rodeaba palabras al azar en el libro.
¿Y si no eran al azar? Sabemos que los números representaban a personas de la isla.
¿Y si las palabras que rodeaba también significan algo?
—Señalé hacia el lago y vi que el sol ya se estaba metiendo tras el horizonte y proyectaba sombras extrañas a nuestro alrededor—.
Hay otra laguna en la isla. He estado allí.
Está más cerca del resort. —Por otra parte, quizá Amber y Parker ya habían pasado por allí, o la palabra «laguna» tan solo formaba parte del código.
—Hay al menos una docena de palabras subrayadas —comentó Brie—. ¿Cómo vamos a saber lo que significan?
—Deberíamos volver —sentencié—. Apuntémoslas todas y quizá entonces veamos la solución de forma clara.
—Ellos ya lo han hecho —dijo Brie señalando al otro lado del lago, hacia la laguna, donde ya no se los veía—. Saben lo que están buscando.
—Diana estuvo aquí dos días. ¿Habría subido hasta aquí para esconder unos papeles? En algún momento tendría que recuperarlos, ¿no?
—Puede ser, pero Amber cree que están aquí arriba.
—O tal vez intenta convencer a Parker de eso. Ya no nos da tiempo a llegar allí y volver antes de que se haga de noche. Tengo claro que no quiero caerme al lago.
—Tienes razón —concedió Brie.
—El lugar más lógico para guardar cualquier documento sería entre sus pertenencias, las cuales recogió el personal de limpieza.
Ese sería el primer sitio en el que buscar.
Amber no encontró ni los papeles ni el libro, así que entró en la cabaña donde se había alojado Diana, esto es, mi habitación, porque pensaba que Diana había escondido algo allí.
—Pienso igual, ¿y?
—Si tienes que guardar algo importante o valioso, ¿no lo llevarías cerca de ti? Quizá la mataron por esos documentos, y el asesino los tiene.
—¿Y Amber y Parker están detrás de una pista falsa?
—Es posible. —Lo que significaba que nosotras también estábamos tras una pista falsa.
—O ella los escondió y le dijo a Amber dónde, y por eso Amber se está tomando tantas molestias por encontrarlos —añadió Brie.
—Eso también puede ser —convine—. Lógicamente, se trataría de un lugar que nadie descubriría por casualidad, pero de fácil acceso para un huésped. —Estiré el cuello, pero Amber y Parker ya no se veían—. ¿Crees que estarán bien?
—Claro —dijo Brie—. Hay otra forma de subir al Sky Bar desde West Beach, pero será una caminata infernal, sobre todo de noche.
No me caían bien, pero no quería que les pasara nada malo.
—Si cuando lleguemos al resort no han vuelto, deberíamos decirles a Tristan o a Kalise dónde los hemos visto.
—Pueden dormir en la playa —propuso Brie—. Se lo merecen por ser tan sibilinos.
—No tentemos a la suerte —contesté a la vez que señalaba todos los carteles que avisaban del peligro—. Tenemos que irnos.
—Vayamos por el camino del Sky Bar —dijo Brie—. Esta noche el bar está cerrado por el crucero, pero el camino es más fácil y está mejor iluminado.
—Estoy completamente de acuerdo —contesté.
Retrocedimos hasta llegar a la bifurcación de los tres caminos, y luego nos dirigimos hacia el norte, hacia el Sky Bar.
El camino era, en gran parte, recto y llano.
Las luces del suelo se encendían a medida que avanzábamos, y vi cosas que indicaban que había alguna obra: un claro a la izquierda, una caja de herramientas grande con un candado y una malla naranja que bloqueaba parte del terreno.
Había un montón de ramas y hojas enormes apilado a un lado y cubierto con lonas.
—¿Qué están haciendo aquí arriba? —pregunté.
Brie se encogió de hombros.
—Mi padre dijo algo de que están construyendo una torre de telefonía móvil.
Hay un par de islas privadas cerca y supongo que no tienen buena señal de internet.
St. Claire está en el centro y tiene el pico más alto, así que tendría sentido construir aquí una torre.
Y, de paso, St. Claire tendría mejor cobertura.
—Yo no he tenido problemas con la señal en el resort. —Pero recordé que no tenía señal cuando grabé el vídeo para la reseña en el Sky Bar la otra noche.
—Es un poco irregular: va y viene —dijo Brie—, pero en las habitaciones suele ir bien. En cualquier otro sitio, ya depende de la suerte que tengas. Vaya, mira el atardecer.
Gracias al claro, se podía ver el mar desde el sendero.
—Da pena que vayan a poner una torre de telefonía móvil aquí —comentó Brie—. Se cargará las vistas.
Observamos cómo el sol iluminaba el cielo por el oeste.
—Oye, ¿quieres que nos hagamos un selfi? —preguntó Brie. Sacó el móvil y me indicó que me diera la vuelta.
No se me daba muy bien hacer selfis, pero Brie sabía lo que se hacía, así que lo pasamos bien. Hizo varias fotos y sonrió.
—¿Ves? Sales bien.
—¿Me haces una a mí para que pueda mandársela a mis amigas y a mi abuela? Me ha llamado hoy y quiere que publique más fotos en las redes sociales.
Brie se rio.
—Mi abuela ni siquiera sabe usar su smartphone .
—Yo le enseñé a la mía —dije—, y a veces creo que ella sabe usar el suyo mejor que yo.
Brie me hizo unas cuantas fotos. Luego dijo:
—Vale, relájate, suéltate. No es una foto para la graduación.
Puse los ojos en blanco y Brie se rio.
—¡Oh, oh! Haz un círculo en el cielo con los brazos. ¡El sol está en el ángulo perfecto! Vale, vale, da un paso atrás. Uno más. ¡Listo! Lo estás clavando. Ahora agáchate y levanta la mano como si lanzaras un beso, pero mira hacia el sur. Sí, baja un poco la mano. ¡Perfecto!
—¿Vas a estudiar Fotografía en la universidad? —pregunté.
—No, Medicina. Lo de las fotos es una afición.
—¿Medicina? —contesté. No sé por qué aquello me sorprendió.
—Sí. Quiero curar el cáncer.
—Eso está genial.
Brie se encogió de hombros.
—Alguien tiene que hacerlo. ¿Por qué no yo?
Me puse de pie, pero se me resbaló un pie. Luego el resto del cuerpo siguió al pie, y grité.