Capítulo dieciocho #2
—Sí. Como te decía, hizo todo lo posible para que no saliera el artículo, amenazó con demandar a la revista y se ofreció a pagarles.
Pensó que me haría daño que esto saliese a la luz.
Incluso hubo una mujer que dijo que podía enterrar la historia por un precio.
Nelson iba a pagarle, pero yo me opuse. Todo esto me ha hecho daño, pero no por la razón que él piensa.
Durante años pensé en contactar con la agencia de adopción para decirles que, si mi hija quería conocerme, yo estaría dispuesta a ello.
Pero no lo hice. No me arrepiento de haberla dado en adopción.
No podía darle la vida que merecía cuando tenía diecisiete años y sus padres son buenas personas.
En cambio, sí me arrepiento de haberle mentido a Jamal.
El miedo es una emoción muy poderosa. Por eso lo postergué todo durante años, y luego va y pasa esto.
Me quitó la revista de las manos y miró la foto de ella con Jamal.
—¿Has pensado en buscarla ahora?
Anja no dijo nada y pensé que quizá mi pregunta había sido muy directa. Después de un momento, dijo en voz baja:
—¿Y si me odia por lo que hice?
—¿Y si no? —contesté.
Anja se recostó y cerró los ojos.
Recordé el libro de Diana y la gran suma de dinero con el número «1419» subrayado.
Nelson Stockton. ¿Sería Diana la mujer que dijo que podía enterrar la historia por un precio?
Esta historia llevaba semanas en marcha.
Nelson y Anja no se encontraban en la isla cuando Diana desapareció, y no tendría sentido que esta última chantajeara a Nelson por el asunto de Anja, cuando aquello ya era un secreto a voces.
Pero ¿y si Diana tenía contactos en la editorial?
¿O si iba a entregar información a la prensa en caso de que él no le pagara?
Tal vez Diana Harden llevaba tiempo chantajeando a gente, mucho antes de que la asesinaran en St. Claire.
—Gracias por escucharme —dijo Anja.
—No hay de qué —contesté—. Ha sido horrible que hayan sacado esta noticia así, pero al menos ya está afuera. Ahora puedes valorar tus opciones y decidir cuál será tu siguiente paso. Y, por si sirve de algo, Nelson te quiere y te apoya.
Ella sonrió.
—Es un buen hombre. Conoce a Jamal, que era un novato cuando Nelson estaba en su último año de jugador profesional. Dijo que organizaría una reunión entre nosotros. Pero Nelson sufre porque estoy triste.
—¿Cómo supiste que Nelson era el indicado? —pregunté rápido, antes de poder arrepentirme.
—Por muchos pequeños detalles —dijo ella—.
Estuvo casado quince años y tiene hijos, gemelos, ya adultos.
Nos conocimos en un evento benéfico, muchos años después de que su mujer falleciera en un accidente.
Yo estaba dando un discurso para recaudar fondos destinados a deportes juveniles en barrios desfavorecidos.
Él también estaba sentado a la mesa principal y convenció al organizador para que le cambiaran de sitio, con el fin de sentarse a mi lado.
Cuando me miró, sentí un cosquilleo. —Se rio, tímida—.
Para entonces, yo ya llevaba años siendo una modelo exitosa y portavoz de causas benéficas.
En mis planes siempre había estado casarme y tener hijos, pero sentía que era algo que no me pasaba por lo que le hice a Jamal.
La mujer de Nelson había fallecido hacía ya una década, y él me contó que esa noche ella le habló.
Él había pensado en limitarse a mandar un cheque y quedarse en casa.
Pero ella le dijo que fuera al evento porque conocería a alguien que le cambiaría la vida.
—Sonrió, y no pude evitar sonreír también—.
Lo amo. Así de simple. No es sofisticado, tiene sus defectos, claro, y le importa demasiado el deporte, pero, cuando me mira, sé que me quiere. Me siento en paz cuando estoy con él.
—Es perfecto para ti. —Pensé en cómo trataba de explicarles a mi abuela y a mis amigas lo que quería en un hombre. No quería que fuera perfecto, sino perfecto para mí.
—Lo es —coincidió ella—. Hablando de perfección, siento mucho que anoche interrumpiéramos tu momento romántico con Jason.
Casi me ahogué en un suspiro.
Ella se rio y me cogió de la mano.
—Cariño, eres adorable. Y él no es capaz de quitarte los ojos de encima.
Aquello me sorprendió y contesté:
—¿Qué?
—Cada vez que entras en su campo visual, te sigue con la mirada. Está enamorado.
No supe qué decir.
—Creo que solo es deseo —dije, pero luego me corregí—. Quiero decir, tanto él como yo disfrutamos de la compañía del otro, pero él vive aquí, yo tengo una carrera en Nueva York, y solo estamos divirtiéndonos.
—Cielo, diviértete todo lo que quieras. El trabajo es importante, pero no podemos olvidarnos de que también somos mujeres que anhelan el amor.
¿Amor? ¿Amor? Yo no estaba pensando en amor. Pensaba en un lío de una noche, en sacar esa lujuria por Jason y desahogarme, y luego volver a Nueva York, aceptar mi ascenso y seguir con mi vida.
—Te he asustado —dijo Anja mientras me apretaba la mano y sonreía cálidamente—. Nunca sabes cuándo Cupido dará en el blanco.