Capítulo dieciocho
CAPÍTULO DIECIOCHO
«Todos los que guardan un secreto tienen ganas de contarlo».
GILLIAN FLYNN , Lugares oscuros
Me desperté demasiado temprano, teniendo en cuenta que tenía mucho sueño, pero aproveché para desayunar bien y beberme varias tazas de un café delicioso y fuerte.
Tenía un plan: averiguar qué sabía la policía sobre el viaje de Diana a San Juan. No confiaba en Gino, y la policía de San Juan podría tener información valiosa. Aquello, sumado a lo que había sacado del libro de Diana, me hacía confiar en que descubriría qué le había pasado.
Mientras iba de camino al ferri, me sonó el móvil. En la pantalla apareció el nombre del contacto. Era mi abuela.
Como me sobraba bastante tiempo, me senté en un banco con vistas al mar y contesté.
—Hola, abuela —dije.
—Mia, ¿eres tú?
—Sí. ¿Qué ha pasado?
—¿Que qué ha pasado? ¡Pues nada! ¡Feliz cumpleaños, cariño!
Sonreí. Nunca se olvidaba de los cumpleaños, ni de ninguna otra ocasión especial.
—Gracias.
—¿Qué haces? No estarás sentada en tu habitación del hotel leyendo, ¿verdad?
—No, abuela. Y no es una habitación de hotel. Es una cabaña preciosa a pie de playa, con una cama enorme, mi propia terraza y un jacuzzi .
—Cuando vivía en Nueva Zelanda (ay, madre mía, creo que eso era cuando tu padre tenía unos cuatro años), teníamos una casa a pie de playa.
La habitación era diminuta, apenas cabía la cama y una mesa, pero las vistas eran increíbles.
Me encantaría volver, aunque probablemente ya no siga allí —comentó—. ¿Qué estás haciendo ahora mismo?
—Estoy esperando el ferri que va a San Juan. Es una isla más grande que está a unos veinte minutos en barco.
Acababa de llegar el ferri de la mañana. Se bajaron varias personas. La mayoría eran trabajadores, y entonces vi a Anja Stockton. Debió de ir a primera hora de la mañana.
—¿Con alguien?
—Sola. Voy a hacer un poco de turismo e iré de compras.
—¿Sola? —repitió mi abuela—. Cariño, ¿no te lo estás pasando bien?
—Sí, me lo estoy pasando bien. Te lo prometo.
—Mia, ¿qué te dije…?
—Abuela, no tienes que preocuparte por mí. —Tenía claro que no iba a contarle lo del allanamiento, ni lo de la mujer estrangulada que apareció en la playa, pero sabía que no se rendiría hasta que le dijera algo—. Esta noche voy a ir a un crucero con cena al atardecer.
—¡Ohhh! Parece una forma maravillosa de celebrar tu cumpleaños. Me prometiste que te abrirías más.
Recordé cómo besaba Jason. Sí, estaba claro que me había abierto, pero, si le hablaba a mi abuela de Jason, la llamada se eternizaría.
—Y eso hago —repuse.
—¿Seguro? ¿No me mientes?
—Nunca te mentiría.
—Pero no estás publicando nada en Instagram. Vi ese reel en el que hablabas sobre un libro, y es lo único que has publicado. ¿Cómo sé yo que te lo estás pasando bien si no compartes nada? ¡Me meto a Instagram cinco veces al día, y nada!
Brie había encontrado las redes sociales de Diana. ¿Había publicado Diana algo cuando estuvo en la isla que me ayudara a entender sus notas crípticas?
—Vale, publicaré algo.
—Todos los días. Quiero ver la isla.
—Ahora subiré una foto del paisaje. Métete dentro de cinco minutos.
—Gracias, cariño.
Anja Stockton caminaba sola cerca del agua, a unos diez metros de mí.
Parecía alterada, como si hubiera estado llorando.
Esperaba que no le hubiera pasado nada malo, y pensé en las razones por las que podría haber ido a San Juan tan temprano.
¿Acaso Nelson estaba enfermo? ¿Le habría pasado algo a alguien de su familia?
—¿Estás bien? —le pregunté a mi abuela—. ¿Necesitas algo?
—Estoy bien. El cine París organiza un fin de semana dedicado a Cary Grant, y el viernes por la tarde ponen Atrapa a un ladrón , que es mi favorita, y luego Charada después de cenar, la favorita de Martha, así que Martha, su hermana y yo iremos a pasar el día allí.
—Parece divertido —dije, y lo decía en serio. Me encantaban las películas de cine clásico. A fin de cuentas, mis gatos se llamaban Nick y Nora—. A ver si puedes enterarte de cuándo harán un maratón de La cena de los acusados . Iré contigo.
—Dalo por hecho. Ahora ve a divertirte, ¿vale? Te quiero, corazón.
—Yo también te quiero, abuela.
Colgué y le hice una foto al mar y luego otra a la zona de la piscina. Publiqué las dos instantáneas con una frase sobre el sitio más bonito del mundo. Sabía que a mi abuela le encantarían esas imágenes.
Reanudé mi camino hacia el ferri. Entonces vi a Anja sentada en un banco a tan solo unos pasos de donde yo estaba, en el lado de la playa pegado al sendero. Mi reloj me decía que aún tenía tiempo, así que me acerqué y le dije:
—Hola, Anja, ¿estás bien?
Me miró. No pude verle los ojos, ya que llevaba unas grandes gafas oscuras, pero tenía la cara con rojeces y húmeda.
Llevaba un sombrero de ala ancha y un pareo con estampado de cebra que abrazaba sus elegantes curvas.
Los enormes anillos de compromiso y de boda de diamantes brillaban cuando le daba el sol en las manos.
—Ay, Mia. Estoy hecha un desastre.
Me senté, aunque no me invitara a hacerlo.
—Se me da bien escuchar —contesté.
Tal vez fuera una falta de educación entrometerme, pero Anja estaba muy triste. Esperaba que no fuera por su marido; ya lo sé, sé que los matrimonios tienen problemas. Pero a mí me encantan los finales felices, y a ellos dos se los veía muy felices juntos.
Ella esbozó una sonrisa débil, se quitó las gafas, se pasó los dedos por debajo de los ojos rojos e hinchados, volvió a ponerse las gafas de sol y suspiró profundamente. Pasó un minuto entero, y, cuando ya pensaba que no debía insistir, dijo en voz baja:
—Han sido un par de semanas duras.
—Lo siento, no quería meterme donde no me llaman, pero no me gusta ver a la gente tan triste, sobre todo en un sitio como St. Claire.
—No te estás entrometiendo. Es muy amable por tu parte, y la verdad es que estoy muy cansada de guardar secretos.
—Hizo una pausa—. No encajo aquí. Nelson tampoco, pero a él no le importa.
Es una de las razones por las que lo quiero tanto.
A mí, por desgracia, me importa demasiado lo que piense la gente. Estoy intentando no darle importancia.
—¿Alguien te ha dicho algo? ¿Alguien ha sido desagradable contigo?
—¿Aquí? No, St. Claire es un lugar encantador, aunque no acabo de tener la sensación de encajar.
Metió la mano en su gran bolso y sacó una revista de entretenimiento muy conocida, abierta por la mitad en un artículo.
Una foto de Anja ocupaba una de las páginas.
Sin duda, era de una sesión profesional.
En una esquina había un recuadro con una Anja mucho más joven, con el pelo voluminoso y demasiado maquillaje, que sonreía de oreja a oreja, llevaba un vestido azul largo, y posaba junto a un chico joven muy alto y robusto con un esmoquin blanco que le quedaba demasiado ajustado.
El fondo de la foto gritaba «fiesta de graduación».
Me puso la revista en las manos.
—Si Nelson supiera que esta mañana he ido a San Juan solo para comprar esta basura, se enfadaría muchísimo.
El titular proclamaba:
LA HIJA SECRETA DE ANJA BENOIT STOCKTON
CON EL DEFENSA DE LA NFL JAMAL WALLACE
—No hace falta que lo lea. No sigo cotilleos sobre famosos.
Pero la vista se me fue a las palabras y frases clave y pude hacerme una idea de la historia. Anja y Jamal habían sido novios en el instituto, y ella se quedó embarazada y dio al bebé en adopción.
—Nelson y yo sabíamos que esta historia saldría a la luz. Él hizo todo lo posible por impedirlo, pero, cuando no pudo, me trajo a St. Claire para protegerme de la prensa rosa y los periodistas.
—No entiendo por qué la gente siente la necesidad de hurgar en el pasado de otras personas.
—Es culpa mía.
—Para tener un bebé hacen falta dos personas —dije.
—No lo digo por eso. —Pero sonrió—. Jamal era un chico encantador.
Crecimos con pocos recursos, pero yo tenía mi físico, y Jamal, el fútbol.
Quería casarse conmigo y cuidarnos, pero sabía que nuestras vidas se quedarían atrapadas para siempre en Zachary, Luisiana.
No era un mal sitio para tener una familia, pero teníamos sueños, y un bebé no encajaba en esos sueños.
Por eso le dije que había tenido un aborto espontáneo y, después, me fui a vivir con mi prima a Atlanta, tuve al bebé y lo di en adopción.
Terminé mis estudios allí e ignoré a Jamal.
Los jóvenes de ahora dirían que le hice ghosting .
Yo me sentí como un fantasma [7] durante esos dos años.
Se quedó mirando al mar. Quise decir algo, pero no sabía qué. Tener un hijo fuera del matrimonio ya no era un escándalo, y tampoco es que lo fuera hace veinticinco años. Aun así, era muy joven en aquel entonces.
—¿Sabes qué? —dije—. Todo esto no es asunto de nadie.
Ella se rio, y su respuesta me sorprendió:
—Todo es asunto de todos.
Volví a echarle un vistazo al artículo y vi que tenía un claro sesgo contra Anja.
La idea principal era que una joven de veinticinco años llamada Rosemary Jackson estaba buscando a sus padres biológicos y encontró a su padre, Jamal Wallace, a través de una base de datos de genealogía.
Se reunieron con el beneplácito de sus padres adoptivos, y Jamal se quedó destrozado porque la madre biológica le había dicho que había tenido un aborto espontáneo.
La investigación reveló que la madre biológica era Anja Benoit, ahora apellidada Stockton, una modelo exitosa.
—Jamal tiene motivos para estar molesto —dijo ella.
—No lo creo —respondí. Podía entender a las dos partes. Sentía empatía por el hombre al que le mintieron y también comprendía las razones de Anja para mentir.
—Tomé decisiones por él sin hablar nada de esto con él. Es un buen hombre que quería hacer lo correcto, y yo le mentí. Es algo que me ha pesado en la conciencia durante años. Hasta que no conocí a Nelson, no empecé a perdonarme.
—Por cierto…, escuché parte de la conversación que tuviste con Nelson el otro día. Él estaba molesto.