Crímenes y lecturas de verano Capítulo doce #2
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Capítulo doce #2

Ni Brie ni yo soportábamos a Sherry, pero intenté ser objetiva.

Sherry Morrison era muy guapa, tenía la piel impecable y cremosa, unos ojos oscuros grandes y una estructura ósea perfecta.

Era más alta que yo y siempre iba vestida de manera impecable, incluso cuando llevaba ropa informal.

La vestimenta, las joyas y el maquillaje eran en todo momento los adecuados para la ocasión; nunca le sobraba ni le faltaba nada.

Dejamos el sendero al llegar a la cima del pico que estaba más al norte, una zona plana de aproximadamente el tamaño de un campo de fútbol.

Se veía todo.

Hacia el sur estaba la mayor parte de la isla: frondosa y verde, con destellos de color en los sitios en los que un árbol en flor había empezado a crecer.

Más abajo estaba el complejo turístico, dispuesto como un juguete infantil, con el edificio principal presidiendo la miríada de cabañas y bungalós, y el azul de la piscina brillando bajo el sol.

Al este se veía el mar, tranquilo y vibrante; tan claro y luminoso en algunos puntos que casi se alcanzaba a ver la arena del fondo.

La costa se extendía durante unos cuatrocientos metros, hasta que el azul claro daba paso al azul oscuro, allí donde la costa caía de forma abrupta hacia las profundidades.

El mar envolvía el extremo norte de la isla como si fuera un guante.

Había agua por todas partes, lo cual hacía que me sintiera aislada.

Una visión fugaz de mí misma, de pie aquí en esta isla en medio del océano, me provocó una sensación de vértigo y pequeñez: era una mota de polvo en el vasto universo.

El viento soplaba a nuestro alrededor; sin embargo, había una zona de pícnic con mesas de madera maciza.

Unos carteles nos advertían que no nos acercáramos al lado norte del claro, por el peligro de caídas empinadas y las rocas de abajo.

No tenía ninguna intención de acercarme a ningún borde del claro.

Me di cuenta de que este era el acantilado desde donde Jason había hecho ala delta. Desde allí se veía el muelle que daba al sur, donde desembarqué el día anterior.

—He traído snacks —comentó CeeCee mientras abría su gran mochila—. Me los prepararon en el restaurante. ¿A que es genial? —Sacó recipientes con fruta, sándwiches y ensalada de pasta y los colocó encima de una de las tres mesas—. ¡Y champán! Hay suficiente para todas.

Destapó la botella y soltó una risita cuando las burbujas se desbordaron.

—Perdón.

CeeCee parecía inofensiva, salvo por ese comentario tan fuera de lugar y su extraño conocimiento sobre finanzas.

—Ha sido un buen detalle —dije. La caminata me había abierto el apetito; las crepes ya eran un recuerdo lejano.

—Sabía que estaría muerta de hambre —dijo CeeCee mientras abría los recipientes—. Coged lo que queráis.

Brie se acercó al borde del acantilado. Me puso nerviosa.

Tenía el móvil en la mano y estaba haciendo fotos.

Sherry fue con ella, y, mientras CeeCee charlaba, observé cómo Sherry sacaba el móvil y se hacía un selfi con Brie.

Sherry se reía, parecía que se lo estaba pasando en grande, pero, en cuanto se apagó la cámara del móvil, volvió a tener un semblante serio.

Le dijo algo a Brie. Brie se encogió de hombros y se dio la vuelta.

Sherry se sentó en el banco que teníamos enfrente CeeCee y yo.

Cogí uno de los platos y me serví dos pequeños sándwiches triangulares, algo de fruta y una buena ración de ensalada de pasta, la cual tenía un aspecto delicioso.

—Sherry, deberíamos reunirnos todos antes de irnos —dijo CeeCee—. Trevor es muy fan del béisbol.

—Claro —respondió Sherry con una sonrisa a CeeCee—. Sería divertido.

Era mucho más amable con CeeCee que conmigo. ¿Porque yo estaba soltera y sin compromiso? ¿Me consideraba una rival?

Miré a mi alrededor y pensé que podría ser divertido ir allí con Jason.

No trabajaba por las mañanas, así que tal vez podríamos almorzar temprano.

En realidad, no lo conocía, y, aunque casi nos habíamos besado, sentía que necesitaba conocerlo un poco mejor antes de lanzarme a lo loco y acostarme con él.

Me puse colorada al pensarlo.

De repente, CeeCee dijo:

—¡Mia! No me dijiste que fuiste tú quien encontró el cadáver anoche.

Fue tan inesperado que tardé un segundo en procesar lo que había dicho.

—¿Yo? No. A ver, yo estaba allí, pero no fui yo quien la encontró.

—He oído que era Diana Harden —comentó—, la huésped que desapareció. Le dije a Trevor que algo le tuvo que pasar.

—Seguro que fue un accidente —dijo Sherry.

—¿Alguna de vosotras la conocía? —pregunté.

CeeCee asintió con la cabeza. Tenía los ojos abiertos de par en par mientras mordía un trozo de mango.

—Llegamos el viernes, pero más tarde que los demás. Trevor tenía una reunión, así que el resort tuvo la amabilidad de enviarnos un helicóptero el viernes por la noche. Hay un helipuerto en la cima de la montaña.

Miré a mi alrededor y no vi nada.

—Allí —añadió CeeCee, señalando hacia el sur.

Yo seguía sin ver nada entre los árboles—.

Nos dijeron que lo usa, sobre todo, Ethan Valentine, pero a veces deja que los vips lo usen.

Estaba muerta de miedo. No me gusta volar, y un helicóptero es mil veces más peligroso que un avión.

Pero diez minutos después ¡ya estábamos aquí!

—¿Ella venía también en el helicóptero? —pregunté, y luego recordé que Brie había dicho que Diana llegó en el ferri con ella.

—No. Solo Trev y yo. Pero era muy tarde y tenía hambre, así que fuimos al restaurante, y Diana estaba allí sola. Leyendo, pero también…, bueno…, no fue muy amable.

—¿A qué te refieres? —pregunté intrigada.

—Acabábamos de pedir y estábamos bebiendo vino, un prosecco delicioso, riquísimo, y ella se acercó a hablar con Trevor.

Me ignoró por completo, salvo…, bueno…, me lanzó una mirada muy fea.

Lo sé, lo sé, parece totalmente infantil, pero fue muy desagradable, y casi me pongo a llorar. —Parpadeó y nos miró a Sherry y a mí.

—¿Trevor y Diana se conocían? —pregunté.

—Sssíííí. —Alargó la palabra como si dudara en decir algo.

Insistí:

—¿De qué?

CeeCee se mordió el labio.

—Bueno, Trevor dijo que se habían visto una vez porque tenían amigos en común, pero que en realidad no la conocía.

Comentó que ella quería hacer negocios con él, pero que el proyecto era demasiado pequeño para su empresa.

Ellos solo trabajan con proyectos grandes.

No recuerdo los detalles. No me contó mucho más, pero, cuando le dijo que no, ella se enfadó mucho.

—Frunció el ceño—. No entiendo por qué la gente es tan mala siempre.

Mi madre siempre decía que, si no vas a decir nada agradable, lo mejor es que cierres el pico.

Intenté no parecer demasiado interesada, pero no pude evitarlo.

—¿Qué dijo Diana?

La miré con atención, deseando que me lo contara, pero sin insistir, para no parecer más entrometida de lo que ya estaba siendo.

—Bueno, en realidad no dijo nada. Fue como si simplemente me excluyera por completo de la conversación. Me dio la espalda.

—Qué maleducada —comentó Sherry.

«Mira quién fue a hablar», pensé.

—Era como si yo no existiera —añadió CeeCee—, y sé que no debería haberme afectado, pero estaba cansada, y ella fue muy desagradable, y se lo comenté a Trevor. Me prometió que no volvería a molestarnos.

¿«Prometió»? Me pregunté qué sería lo que dijo —o lo que hizo— para mantener a Diana alejada de CeeCee.

—Y —continuó— no nos molestó más. —Asintió con la cabeza con fuerza y vació la copa de champán.

Llegué a la conclusión de que Diana y Trevor se conocían de antes de que coincidieran en la isla.

Sabía algo sobre él… y sobre sus negocios.

¿Lo chantajeó? Quise volver a revisar sus anotaciones.

Quizá había alguna pista que se me había escapado.

Si escribió sobre él y daba algún detalle, tal vez podría descifrar su código.

Sherry se levantó y caminó hacia Brie, y entonces Brie vino directamente hacia nosotras y se dejó caer a mi lado.

—Mira —dijo, y me enseñó las fotos que había hecho con el móvil.

—Qué bonitas —contesté—. Me gusta cómo has encuadrado el resort aquí. Tu cámara es mejor que la mía.

—Igual es que soy mejor fotógrafa —dijo entre risas.

—Lo eres —concedí—. Yo apunto y disparo, y a veces tengo suerte.

Brie me enseñó una aplicación que tenía en el móvil y me explicó cómo la usaba para editar las fotos. CeeCee le pidió a Brie que le enseñara a hacerse selfis mejores, y Brie estuvo encantada de hacerlo. Inclinó la cabeza hacia mí, sostuvo el móvil en alto y dijo:

—¡Sonríe!

Clic, clic.

—El truco está en hacerlo desde arriba, no desde abajo. Pero tienes que poner el brazo así —hizo ese gesto—, para que no se forme un ángulo raro y la cámara no se desenfoque.

CeeCee practicó poniendo labios de pato y posturas sexis y coquetas.

—¡A Trevor le van a encantar! —exclamó.

Brie dijo:

—Nada de poner morritos. Eso es muy de 2010.

—¿Qué? —Titubeó CeeCee.

—Sonríe bien. Así. —Brie hizo una demostración.

—¿En serio? —CeeCee la imitó y luego miró la foto—. ¡Tienes razón! ¡Mucho mejor! —Se inclinó y abrazó a Brie—. ¡Gracias!

—A veces, ser la más joven del grupo tiene sus ventajas.