Crímenes y lecturas de verano Capítulo doce
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Capítulo doce

CAPÍTULO DOCE

«Las mujeres pueden ser tan peligrosas como los hombres».

HOLLY JACKSON , Asesinato para principiantes

Llegué un poco antes al Blue Dahlia, con la esperanza de que Jason estuviera en la barra. En su lugar, estaba trabajando la misma chica de esta mañana. Intenté no mostrar mi desilusión.

—¿Qué le apetece, señorita Crawford?

Todavía me desconcertaba que todo el personal se supiera mi nombre, aunque no los hubiera visto nunca.

—Voy a hacer una caminata. No tengo mucha hambre, pero tengo la sensación de que debería comer algo.

—Tengo justo lo que necesita. Nada de alcohol. Lo llamo «Explosión de Energía de Callie». Está delicioso, y también va bien para la resaca.

—No tengo resaca, pero me tomaré uno. —Intentando no parecer demasiado interesada, pregunté—: ¿Cuándo entra Jason?

—Se suponía que me iba a reemplazar a la una, pero tenía que hablar con seguridad, así que dijo que llegaría tarde. —Bajó la voz y me miró de reojo—. Se supone que no deberíamos hablar de lo que pasó anoche.

—Yo estuve allí —dije.

Callie asintió con la cabeza.

—Eso me han contado. Es horrible. —Echó un vistazo a su alrededor, se inclinó hacia mí y dijo en voz baja—: Escuché a la policía hablar en el muelle esta mañana a primera hora. Dijeron que la habían estrangulado.

Visualicé el pañuelo que tenía alrededor del cuello.

—O sea que no fue un accidente.

—Pudo tal vez caerse de un barco de alguna manera y enredarse con algo.

—Pero ¿no habría avisado entonces el capitán o algún pasajero a las autoridades?

—La policía está interrogando a todos los propietarios de barcos en San Juan. Es donde estaba cuando desapareció.

¿Es que todos se creían eso, menos yo? Puede que no fuera una experta en temas náuticos, pero no podía imaginarme un cuerpo flotando desde San Juan hasta aquí… de una isla pequeña a otra más pequeña a veinte millas de distancia, separadas por una gran extensión de agua.

—¿Tal vez alquiló un barco? —le pregunté a Callie—. Porque no creo que su cuerpo pudiera haber llegado flotando hasta aquí.

Callie abrió los ojos de par en par, y me di cuenta de cómo debió de sonar mi comentario. Antes de que pudiera rectificar, dijo:

—Ay, pues no lo había pensado. Sí, pudo haberlo hecho, pero, Dios, espero que no, porque, entonces, ¿cómo murió? ¿Sabes? Si la estrangularon aquí… —Se estremeció—. Estoy segura de que la policía lo averiguará.

—Sí, yo también —dije, aunque no lo creía.

Porque no era la policía la que estaba investigando aquí, en el St. Claire, sino Gino Garmon, el jefe de seguridad, una persona a la que habían visto discutiendo con la víctima la noche antes de que desapareciera.

Si Diana había alquilado un barco el domingo, ¿por qué no se había enterado la policía en los dos días que llevaba desaparecida?

Aun así, esto era el Caribe. Todo el mundo actuaba con una relajación y una tranquilidad más notables que en cualquier otro lugar que hubiera visitado.

Incluso mi abuela, que convertía la diversión en un arte, habría pensado que en esta isla todo era demasiado relajado.

Habría sido la temeraria que habría aceptado las clases de ala delta de Jason solo para experimentar el subidón de adrenalina.

Callie me entregó un batido energético para llevar justo cuando CeeCee entraba en el Blue Dahlia.

Iba vestida con unos pantalones cortos de senderismo de color caqui y una camiseta de tirantes ajustada bajo una camisa fina desabrochada.

Llevaba unos botines de senderismo monos, un sombrero grande, unas gafas de sol enormes y una mochila de diseño sobre los hombros.

Sentí que yo no encajaba, al llevar una camiseta, pantalones cortos y zapatillas de deporte desgastadas.

—¡Hola, Mia! —dijo ella con entusiasmo—. ¿Estás lista? ¡Qué emoción!

—Estoy lista, pero ¿te parece bien que Brie y Sherry vengan con nosotras? También querían hacer senderismo.

Vi a Sherry acercándose al bar penosamente. Sin duda, no estaba contenta. Brie iba un par de pasos por delante de ella, con una sonrisa picara.

—¡Por supuesto! —contestó CeeCee—. ¡Cuantas más, mejor!

Cada frase era una exclamación. Simplemente, resultaba agotador escuchar a CeeCee.

Brie se acercó y enseguida empezó a hablar:

—¿Vais a subir a la cima también? Genial. —Me guiñó un ojo—. Sherry, Mia y CeeCee vienen con nosotras. Esto va a ser divertido.

Sherry me miró a mí, luego a CeeCee y después a Brie. ¿Sospechaba que habíamos hecho este plan por ella?

—Sí —contestó al cabo de un momento—. Claro.

CeeCee aplaudió.

—¡Por aquí, chicas!

Nos guio a través del edificio principal y salimos por la parte trasera al inicio del sendero de la montaña.

—No es divertido hacer senderismo sola, ¡y ahora es una fiesta!

—¿A Trevor no le gusta hacer senderismo? —pregunté.

—Claro que le gusta, pero siempre está muy ocupado con el trabajo. No tiene mucho tiempo libre.

Ojalá hubiera tenido tiempo para investigar un poco sobre Trevor. Ni siquiera sabía cómo se apellidaba. CeeCee no parecía encajar con él, así que suponía que o bien era un divorciado ligando con una mujer más joven, o estaba casado y le era infiel a su mujer.

Ella tenía que saber si él estaba casado, ¿no?

No llevaba anillo, pero ¿viajaría una mujer tan lejos con un hombre sin saber su estado civil?

Tal vez. No todas las mujeres carecían del gen de la espontaneidad como yo, ni se pasaban el día viendo documentales de crímenes reales e imaginándose cómo una aventura podría acabar increíblemente mal.

A veces pensaba que debería ser obligatorio ver Atracción fatal para todas las personas mayores de dieciocho años.

Eché un vistazo hacia atrás. Brie y Sherry estaban solo un par de pasos por detrás de nosotras. No hablaban. Crucé la mirada con Brie. Ella sabía cuál era el objetivo: averiguar todo lo posible sobre Trevor para saber si Diana lo estaba chantajeando. Asintió con la cabeza y nos alcanzó.

—CeeCee, me encantan tus botines. ¿Dónde te los has comprado?

Ella miró hacia abajo y se rio.

—¡Los tengo desde hace años! ¿A que son monos? Me los compré en una tiendecita de Charleston cuando estuve allí por trabajo.

—¿Qué tipo de trabajo? —pregunté.

Vaciló, como si no se esperara la pregunta.

—¿En aquel entonces? Mmm, trabajaba para una decoradora.

Brie empezó a charlar con CeeCee, así que me quedé atrás, con Sherry.

—Esto es precioso —dije señalando los árboles en flor que bordeaban el sendero.

—Sí —concordó Sherry.

—Es la primera vez que me voy de vacaciones en años —añadí.

Sherry me lanzó una mirada de reojo.

—Y has venido aquí sola.

—Mi novio y yo lo dejamos hace unos meses.

—St. Claire no es lugar para solteros —contestó—. Aquí no creo que encuentres un nuevo novio.

El comentario fue cortante y maleducado, y lo cierto es que no sabía cómo responder.

—No estoy buscando una relación —contesté, y sonó más a la defensiva de lo que quería. Forcé un poco la voz para parecer alegre—. Solo he venido a relajarme.

Ella resopló y se detuvo para hacer una foto. Yo seguí caminando, sin importarme dejarla atrás. Sherry gritó:

—¡Brie, mira estas flores! ¡Vamos a hacer una foto para tu padre!

Brie le hizo un gesto con la mano.

—¡Quizá más tarde! —Y continuó su conversación con CeeCee.

Yo iba justo detrás de ellas cuando Brie preguntó:

—¿Cómo os conocisteis tú y Trevor? Él es muy serio, y tú eres muy divertida.

CeeCee sonrió.

—Trevor no siempre es tan serio. Es que está cerrando un acuerdo importante por unos terrenos y tiene que conectarse a un montón de reuniones. Nunca debió cambiarse a la contabilidad de caja. Le toca pasar por un montón de trámites para demostrarle su patrimonio al banco.

Su comentario me sorprendió. CeeCee no parecía una persona que entendiera las ventajas y desventajas de la contabilidad de caja frente a la contabilidad de devengo, pero tenía razón en que determinar el patrimonio neto era mucho más difícil con la contabilidad de caja.

Quizá era algo que había aprendido al trabajar con la decoradora.

—¿Fue ahí donde os conocisteis? —preguntó Brie—. ¿En el trabajo?

—Supongo que sí, ¡más o menos! Trabajo para un servicio de catering , y servimos en una de sus reuniones corporativas. —Se llevó las manos al pecho—. ¡Fue amor a primera vista!

De la decoración al catering Brie y CeeCee se pusieron a hablar sobre el clima de la isla, y Sherry seguía estando diez pasos por detrás, así que intenté limitarme a disfrutar de la caminata.

Pensé en lo que había dicho CeeCee y me pregunté qué quería decir con ello.

Puede que entendiera mucho más de lo que aparentaba.

Tal vez no era tan…, bueno… «Tonta» era una palabra cruel.

Pero, ¿por qué querría una persona inteligente comportarse como si no lo fuera?

Quizá estaba dándole demasiadas vueltas a la conversación.

Oí a CeeCee hablar del crucero al atardecer del día siguiente y de que esperaba que Trevor terminase de trabajar para que pudieran ir juntos.

—No quiero ir sola —comentó—. Se supone que es muy romántico. Si cierra ese gran acuerdo, estará contento, ¡y nos divertiremos!

Había leído sobre ese crucero al atardecer y, al igual que CeeCee, pensé que parecía demasiado romántico como para ir sola.

Sherry dijo:

—Qué pena que sea solo para parejas, Mia. El crucero es uno de los puntos fuertes de St. Claire.

No me había dado cuenta de que me había alcanzado.

Se aseguró de mirarse la mano izquierda y de inclinar los dedos desnudos de una manera llamativa y artificial.

De pronto, me di cuenta de que esperaba que Andrew le propusiera matrimonio.

¿Sería esa la razón por la que él la había traído a la isla?

Miré a Brie. ¿Acaso ella también lo sospechaba?