Crímenes y lecturas de verano Capítulo once #3
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Capítulo once #3

—¿Qué hizo Diana el viernes y el sábado? —pregunté—. Quiero decir, el domingo por la mañana se fue a San Juan. Eso, según el periódico, lo confirmó la policía de San Juan. Dijiste que fue al spa el viernes, ¿verdad?

Brie asintió con la cabeza.

—Y pasó mucho tiempo tumbada en la playa. Allí es donde más la veía, leyendo ese libro. —Se quedó callada. Sin duda, estaba pensando en algo concreto.

—¿Qué has recordado? —pregunté.

—Nada —respondió rápido.

Algo era, desde luego.

—Brie, no te cortes. Te he contado mi teoría.

—¿Y si te dijera que vi a Gino Garmon manteniendo una conversación acalorada con Diana el sábado por la noche?

—¿La noche antes de que desapareciera?

—Sí.

—¿Escuchaste sobre qué discutían?

—No. Era tarde y yo estaba en el muelle.

Es un sitio tranquilo. No hay nadie allí, pero está prohibido que los huéspedes vayan allí después del anochecer.

Estaba sentada en la parte trasera del ferri mirando las estrellas, y ellos estaban en la playa, junto al muelle.

Oí un grito. Pensé que me habían visto, pero, cuando miré, eran Gino y Diana.

Él estaba enfadado. Ella se reía. Luego ella se enfadó y le empujó.

Primero se fue él. Pero no pude oír de qué hablaban.

Y ahora Gino investigaba la muerte de Diana. Aquello parecía un gran conflicto de intereses.

—¿Qué sabes de CeeCee y Trevor? —pregunté.

Ella se encogió de hombros.

—No creo que ninguno de los dos haya estado aquí antes. Llegaron tarde el viernes por la noche.

—¿Puedes averiguar si Trevor está casado?

Brie sonrió.

—Eso es pan comido. —Sacó el móvil y luego suspiró.

—¿Qué pasa?

—Sherry. Mierda. —Brie puso los ojos en blanco—. Mi padre piensa que tenemos que pasar tiempo juntas haciendo cosas de chicas. Me acaba de mandar un mensaje recordándome que tengo que volver dentro de quince minutos para «hacer algo». ¿Como qué? ¿Hablar? No la soporto.

Recordé mi breve encuentro con ella hacía un rato.

—Es un poco posesiva con tu padre.

—¿Verdad? —dijo Brie—. Tú también te has dado cuenta. Es que ha tenido dos maridos, ¿sabes? No me fío de ella.

Se me ocurrió una idea.

—Esta tarde voy a ir de excursión con CeeCee. Hemos quedado en el bar. No sé por qué acepté, salvo porque me dio un poco de pena porque es muy simpática y su novio se pasa el día trabajando. ¿Por qué no te vienes con Sherry? —¿No te importaría?

—Me harías un favor.

Brie sonrió.

—¡Lo va a detestar! Perfecto. —Tecleó rápido con los pulgares. Yo era rápida, pero Brie me ganaba—. Ahora no puede echarse atrás, porque no le va a decir que no a mi padre. —Giró el móvil para que pudiera leer los mensajes.

PAPÁ : Recuerda que tú y Sherry tenéis una tarde de chicas. No llegues tarde.

brIE :

PAPÁ : Dale una oportunidad a Sherry. Es importante para mí.

brIE : Lo sé.

brIE : Oye, hay una ruta de senderismo que quiero hacer. Es superfácil, así que dile que se ponga calzado cómodo, ¿vale?

PAPÁ : ¡Buena idea! Se lo diré. Quedaré con David y Doug. Os veré cuando volváis.

Me reí y le devolví el móvil.

—A tu padre le gustan los emojis .

Brie suspiró de forma dramática.

—Me arrepiento de haberle enseñado a usarlos. Le he dicho que menos es más, pero, bueno, él pertenece a esa generación rara que hay entre la generación X y los millennials .

—Tenemos que investigar un poco —comenté—. Si sabemos más cosas sobre la gente de la isla, igual podemos descifrar lo que significa la escritura abreviada de Diana.

—¿Como qué?

—El pasado de Trevor y quizá el de Gino Garmon. ¿Dónde fue policía? Y si Amber y Diana estaban juntas.

—¿Sabes de alguien más sobre el cual escribiera? —Brie le echó un vistazo al libro.

—Quizá, pero todavía estoy uniendo las piezas. —Si Diana había escrito sobre Andrew y Sherry, no quería que Brie leyera nada sin que yo supiera exactamente a qué se refería.

—No soy tu chica para todo —dijo Brie—. Piensa en mí como la doctora Watson. Si voy a ayudarte, y ten en cuenta que te doy mil vueltas usando internet, quiero saber lo que tú sabes.

Volvió a girar el móvil y apareció una publicación de Instagram de Amber Jones y Diana Harden cogidas del brazo en un evento benéfico.

Me quedé atónita y le quité el móvil.

—¿Cómo lo has encontrado tan rápido?

—¿Qué puedo decir? Lo de investigar en internet lo llevo en la sangre.

La foto era de un evento benéfico para niños que se había celebrado en Nueva Orleans seis meses antes. Estaba publicada en la página de la ONG , y solo mencionaban el nombre de Amber.

Brie recuperó el móvil.

—Voy a ver qué encuentro sobre Parker Briggs.

—Ten cuidado con él —contesté.

De repente me pregunté si deberíamos estar haciendo esto. Estaba arrastrando a una chica de dieciocho años a algo que podría volverse peligroso.

Porque alguien había matado a Diana Harden.

—Por supuesto —respondió ella.

—Hablo en serio. Si tengo razón y Diana estaba chantajeando a alguien en St. Claire, esa persona sigue aquí, ya que todos los que estaban en la isla el domingo siguen estando registrados como huéspedes.

Mis palabras calaron hondo.

—Vale, lo pillo —dijo Brie mientras se ponía de pie—. Me pondré en modo sigilosa total. —Ya estaba a mitad del patio cuando se giró y me lanzó una sonrisa—. ¿Sabes una cosa sobre los adolescentes? Aquí nadie nos presta atención.