Capítulo once #2
—¿Cómo que no estaban allí? —Brie levantó la vista del libro y valoré si podía arrebatárselo antes de que lo alejase de mí. No me arriesgué—. ¿No fue por eso por lo que Kalise te llamó? ¿Para que hablaras con la policía sobre el cadáver?
—Tristan me dijo que St. Claire tiene su propia seguridad porque es una isla privada. En San Juan están haciendo la autopsia, pero Gino Garmon está investigando aquí en la isla, en colaboración con la policía, supuestamente.
—¿En serio? —Brie resopló—. Venga, hombre, como si alguna vez hubiera investigado un crimen real.
—Tristan dijo que había sido policía.
No sabía dónde había trabajado Garmon antes de venir a St. Claire. Quizá en algún departamento pequeño en medio de la nada, o quizá le despidieron por ser un incompetente. O mintió en su currículum, o tal vez…
—¿Qué escribes? Qué raro. —Brie frunció el ceño mientras pasaba las páginas.
Recordé el comentario semicodificado que podría referirse a su padre. ¿Lo entendería Brie? Quizá.
Al final, le arrebaté el libro y lo sostuve en el regazo.
—Yo no —dije—. Creo que… —Vacilé un segundo.
¿Debería darle pistas? Brie era una niña; bueno, iba a empezar a estudiar en la universidad, pero seguía siendo una adolescente.
De todas formas, Brie estaba aquí cuando estuvo alojada Diana, y ya había demostrado ser observadora.
Tal vez podría ayudarme a resolver algunos misterios.
Me lanzó una mirada sospechosa, así que lo solté de golpe:
—Creo que el libro era de Diana Harden. La mujer que desapareció.
—La muerta —me corrigió Brie sin rodeos.
—Sí.
Brie asintió con la cabeza.
—La vi con un libro. Me pareció ver que escribía en él, y ahora tú dices que ella escribió en ese libro. —Volvió a intentar cogerlo, pero yo lo aparté. Se quejó—. La leche.
—Primero, déjame que te lo explique. —Quería a alguien en quien confiar, pero ¿cómo explicaba mi teoría?—. Diana escribía sobre personas que están aquí en el St. Claire, tanto gente del personal como huéspedes.
Se le abrieron los ojos de par en par:
—¿De verdad? Ahora sí que me lo tienes que enseñar.
—Escribía en una especie de código, y no creo que sea conveniente.
Brie me miró incrédula.
—Tengo dieciocho años —sentenció con tono firme.
Lo abrí por la mitad y leí uno de los comentarios.
—«A la vez con una mujer florero y una tonta sexualizada. ¿Mucho Viagra?». Luego escribió un año, «2012», y dibujó algo que parece una hilera de casas. —Al decir que «2012» era un año, me pregunté si me estaba equivocando. Quizá el número significaba otra cosa.
—Tal vez este tipo tiene dos mujeres en diferentes partes del país —añadió Brie resoplando.
—O varias amantes —dije yo. Pasé un par de páginas y leí—: «¿Cuánto me pagará para que le guarde su secreto?». —Miré a Brie y le comenté—: Ese comentario no tiene dibujo, pero tiene un número, «522». Pensé que sería un número de habitación, así que intenté llamar, y no es una habitación.
—Buena suposición —opinó Brie—. Estamos en una cabaña. No tenemos número, sino que se la llama «la suite Jasmine».
—Parece que escribe lo primero que le viene a la mente cuando conoce a una persona. Hay varias anotaciones que parecen registrar el patrimonio neto de ciertas personas. Son muy imprecisas, pero soy planificadora financiera. Reconozco la jerga.
—¿No hay nombres?
—No, solo estos números y algunos garabatos —contesté, y pasé al principio del libro para leer el comentario al que llevaba toda la noche dándole vueltas—. Rodeó un pasaje sobre la heroína del libro, y luego escribió: «Parece mi tipo. Espero que no esté demasiado enfadada conmigo…».
—Hostia —murmuró Brie—. Parece algo personal.
—Hay un corazón al lado, así que creo que se refiere a una novia, o quizá simplemente le gustan las pelirrojas. La heroína es pelirroja. —Me mordí el labio. Había estado pensando en una posibilidad toda la noche, y ahora parecía tan evidente que me preguntaba si no estaría exagerando.
—¿Qué? —preguntó Brie—. Se te ha ocurrido algo.
—Amber es pelirroja. En el libro, más adelante, Diana escribió que su número uno iba a llegar tarde, otra vez, con ese pequeño corazón al lado del comentario.
—¡Dios mío! ¿Crees que Diana y Amber eran pareja? —dijo Brie emocionada.
—Jason mencionó que Diana estaba enfadada porque su novia se estaba retrasando en llegar a sus vacaciones. Pero igual estoy leyendo demasiado entre líneas. —Me reí por mi juego de palabras sin querer.
—¿No ves las noticias o qué? —preguntó Brie—. A Amber Jones se la ha visto con los tíos y tías más guapos.
No estaba al día en lo que a la cultura popular se refiere, salvo con libros y autores populares. Además, no llamaría «noticias» a los cotilleos del entretenimiento.
—No sabía que era una actriz tan famosa.
Brie se rio.
—Es una extra. Sale diciendo un par de frases sueltas en películas, pero, sobre todo, hace de víctima en series de asesinatos, en las que lo único que tiene que hacer es tumbarse en una mesa y aparentar ser un cadáver.
Visualicé el cuerpo de Diana y me estremecí sin querer.
—Bueno. —No sabía qué decir—. Supongo que podríamos buscar sus cuentas en redes sociales y ver si Amber y Diana han estado juntas.
—Me acordé de la discusión que tuvo Amber con Parker—.
¿Sabes algo de un tío de unos treinta años que parece un niño rico mantenido?
Delgado, de pelo rubio oscuro. Me pareció un gilipollas.
Se llama Parker. Él y Amber discutieron ayer.
Después, le escuché a él hablar con su padre por teléfono.
—Parker Briggs. Un gilipollas de manual.
—Oí que le decía a su padre que Amber y él estaban intentando arreglar su relación.
—¿De verdad? Puede ser. —Arrugó la nariz—. No lo sé.
—¿Han estado aquí antes?
Brie se encogió de hombros.
—No los había visto nunca. Pero todos los años venimos las mismas dos semanas, justo después de que acaben las clases.
Cuando mi padre jugaba al béisbol, veníamos en diciembre, que es una época muy agradable.
Bueno, ahora también es agradable, pero en junio empieza la temporada de huracanes.
—Debí de poner cara de pánico, porque Brie se rio y añadió—: Esta semana no hay ninguna tormenta importante prevista.
Aquello me alivió. Había visto demasiadas fotos de huracanes y sus consecuencias. No quería experimentar uno.
Pasé las páginas del cuaderno y empecé a apuntar nombres y días.
—Diana desapareció el domingo. Amber llegó en el ferri conmigo el martes, pero Parker ya estaba aquí. ¿Sabes cuándo llegó él?
—El lunes —contestó Brie—. Dicen que hizo una reserva de última hora y le dijeron que no había nada disponible.
Montó un numerito, y Tristan dejó disponible una habitación.
Siempre tienen una o dos para gente como Briggs.
St. Claire prospera gracias a esos gilipollas elitistas, los que tiran el dinero y tienen poder para saltarse las normas.
—Conozco a esa clase de personas, pero aquí no todo el mundo es así.
Se encogió de hombros.
—Mitad y mitad.
—Hablé con Nelson y Anja Stockton. Parecen muy majos.
—Gilipollas que quieren parecer elitistas.
—Y David y Doug vinieron conmigo en el ferri. Fueron amables.
Ella se encogió de hombros:
—Claro, los conocí hace un par de años. Son majos, pero Doug es un pesado.
Se asegura de que todo el mundo sepa que su marido salvó la carrera de mi padre.
Va por ahí soltando el nombre de todos los jugadores de béisbol a los que David les hizo la cirugía de Tommy John para reconstruirles el ligamento del codo [6] .
Y habla de sus casas y vacaciones, y a mí me dan ganas de preguntarle: «Doug, ¿qué intentas compensar?».
Para ser adolescente, Brie no solo era observadora, sino también perspicaz.
Apunté algo sobre Briggs:
—Entonces, Parker llegó el lunes. Y vosotros ¿cuándo llegasteis?
—El viernes.
—Diana también llegó el viernes, ¿verdad?
—Sí. Vinimos en el mismo ferri.
Miró lo que estaba escribiendo.
—¿Qué haces?
¿Qué debería decir?
—Venga, cuéntamelo —insistió—. Parece una línea temporal.
—Diana estuvo aquí dos días antes de desaparecer. Si de verdad estaba chantajeando a alguien, ¿a quién? Y…
Brie se inclinó hacia delante.
—Y ¿crees que alguien de la isla la mató?
Quise moderar su entusiasmo, aunque yo estaba igual de emocionada.
—Quizá —contesté con cautela—, pero también pudo haber sido un accidente.
—¿De verdad crees eso?
Negué con la cabeza.
—Yo tampoco.