Crímenes y lecturas de verano Capítulo cinco #3
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Capítulo cinco #3

Su tono me molestó. Tenía la típica voz quejumbrosa y arrogante de quien siempre espera salirse con la suya.

Si fuera el personaje de una novela romántica, sería el exmarido que maltrataba psicológicamente a la heroína.

El tipo de tío del que una chica se enamoraba por su físico (y tal vez por su habilidad en la cama), y que luego la hacía dudar de su buen juicio.

El imbécil manipulador que hacía que la heroína jurara no volver a confiar en los hombres, hasta que llegaba el indicado y la convencía de que no todos los hombres eran unos cretinos.

No podía llegar a mi cabaña sin pasar por su lado, a menos que quisiera atravesar el edificio principal entero, cosa esta que no quería hacer, porque lo cierto es que no deseaba volver a ver a los recién casados en toda mi vida, o, al menos, en lo que quedaba de día.

—¿No puedes inventarte algo? —decía el imbécil—. ¿Decirle que no puedes localizarme? ¡Perfecto! Pásamelo, pero, la próxima vez, más te vale poner una buena excusa, o te quedas sin trabajo.

Un segundo después, la voz le cambió por completo:

—¿Papá? ¡Hola! Sí, no hay mucha cobertura, pero quería hablar contigo… Espontáneo, lo sé, y siento no haberte dicho antes que venía a St. Claire, pero Amber y yo estamos intentando arreglarlo… Claro que estaré en la reunión del lunes… Por supuesto. Avísame si necesitas algo. Te quiero, papá.

Silencio. Miré a través de la celosía. Allí estaba él mirando al mar. No podía irme sin que me viera. Maldita sea. Tenía que lanzarme.

Puse una media sonrisa en la cara y caminé con paso rápido desde el borde del bar, por el sendero que llevaba a mi cabaña.

—Hola —dije alegremente al pasar a su lado.

Se dio la vuelta de golpe. Tenía el semblante rígido y enfadado.

—Hola. —Fue gruñón, pero se relajó un poco al verme.

—No te he visto en el ferri esta tarde —comenté—. ¿Llevas mucho tiempo aquí?

—Desde ayer —respondió con voz seca.

—Es tan bonito. —Moví la mano hacia el mar a un lado, y hacia la montaña frondosa al otro—. No creo que quiera irme nunca, aunque a mi jefe probablemente no le guste eso. —Me reí mientras me retorcía por dentro.

¿Por qué había dicho eso? Quería que alguien borrase lo que acababa de decir, pero ese es el problema de soltar lo primero que se te pasa por la cabeza. A veces es inteligente…, y otras, no tanto.

—Ah, sí. Bonito —dijo de forma vaga. Luego miró a su alrededor como si no hubiera visto gran cosa.

—Soy Mia Crawford. De Nueva Jersey. —Extendí la mano por costumbre y me arrepentí de inmediato.

Me dio un apretón de manos y me soltó.

—Parker Briggs.

—Encantada de conocerte, Parker. Nos vemos.

En cuanto me alejé, respiré aliviada. Bueno, al menos sabía quién era. No era solo el señor Imbécil. Era el señor Parker Briggs el Imbécil.

Pensé en la conversación de Parker con su padre.

Había estado hablando de Amber, de querer «arreglarlo».

¿Eso significaba que estaban juntos? En plan, ¿juntos juntos?

Si querían arreglar algo, ¿por qué le había estado gritando?

Yo no era conflictiva, claro, pero, si un hombre me gritara así, no querría volver con él.

Tuve un novio hace años que le gritaba a todo el mundo: a mí, a los camareros, a sus trabajadores…

Estaba tan tensa y estresada esperando a que me diera alguna orden para que trajera esto o aquello que lo dejé.

A algunas personas parece irles bien en ese tipo de relaciones: el broncón seguido de sexo increíble para reconciliarse. O eso he oído. Y leído. Pero no lo he vivido. Y, a decir verdad, parece agotador no saber en qué punto de la relación estás con alguien.

¿Qué había dicho Amber?

«¡He dicho que lo recuperaré todo!».

Eso no parecía propio de una relación, pero ¿qué sabía yo?

Ninguno de los hombres con los que había salido era «el elegido».

Tenía ganas de decirle a Amber que huyera muy lejos…

, pero no era asunto mío. Además, Amber había sido maleducada.

Lo cierto es que no era una florecilla delicada.

Si ella fuera un personaje de una novela romántica, sería la exnovia acosadora del héroe.

Quizá Amber y Parker Briggs estaban hechos el uno para el otro.

Aun así…, quería saber qué pasaba con Amber y Parker, y no solo porque sea curiosa por naturaleza.

Habían discutido sobre documentos, no sobre su vida amorosa.

¿Por qué? ¿Qué hacía que esas dos personas encajasen?

¿Qué les separaba? Puede que no me cayeran bien, pero quería entender cómo funcionaba, y no funcionaba, su relación.

Si pudiera diseccionar otras relaciones, tal vez podría ponerle remedio a mi propia vida amorosa.

Allá iba yo otra vez, cayendo en espiral preocupándome por la inminente condena de mi futuro como una adicta al trabajo solitaria, algo en lo que me había prometido no pensar esta semana.

Por ahora, debería centrarme en encontrar respuestas. No sobre mi vida amorosa a largo plazo ni sobre el trabajo que podría arruinarla, sino sobre qué le pasó a Diana Harden. ¿Por qué se fue? ¿A dónde fue? Y ¿qué le sucedió?

Y me daría igual enterarme de que Amber y el señor Imbécil habían vuelto a estar juntos. Eran tal para cual.