Capítulo 24 Morgan #3
—Entendido —contestó ella como si no estuviera hablándole en un idioma extranjero.
—Bueno, ¿y a qué esperas? Entra.
Benjamín la despachó y la envió en dirección a la oficina del alcalde Tate. Morgan dibujó una sonrisa forzada y atravesó las puertas dobles.
El despacho era más grande de lo que debería ser ningún despacho.
Los muebles de caoba estaban bañados por la luz matutina del sol que se colaba a través de la hilera de ventanas arqueadas que ocupaban las paredes del fondo.
El techo era altísimo y estaba atravesado por vigas de madera oscura que otorgaban a la estancia un encanto antiguo y sureño.
Las paredes estaban pintadas de un color marfil suave: la clase de tono neutral que parecía caro y relajante.
Unas molduras decorativas adornaban cada esquina, enmarcando la habitación, y del techo colgaba una lámpara de araña de bronce antigua.
Como un trono, el escritorio del alcalde se alzaba al final de una ancha alfombra tejida.
Sobre el escritorio, enorme y oscuro, había papeles apilados de forma ordenada en bandejas etiquetadas.
Morgan encontró la bandeja de salida azul justo donde Benjamín le había dicho que estaría.
Dentro, a la espera, había una carpeta de papel manila.
Junto a un portaplumas de cristal con forma de hoja había una taza de café de cerámica decorada con el escudo del pueblo.
Detrás del escritorio había una silla de cuero de respaldo alto que estaba un poco girada, como si el alcalde acabara de levantarse de ella.
Morgan escudriñó la sala con rapidez, consciente de que lo más probable era que, al otro lado de la puerta, Ben estuviera controlando el tiempo que tardaba.
A la derecha, una gran vitrina contenía placas, bandos y fotografías en blanco y negro enmarcadas de todos los alcaldes que había tenido el pueblo desde 1919.
Junto a ella, pegado a la pared, había un archivador alto cuyo cajón superior estaba un poco abierto. El corazón le palpitó con fuerza.
Se acercó y pasó la vista entre las carpetas pulcramente etiquetadas del interior. Tan solo había una que estuviera abierta: RECALIFICACIONES - PETICIONES ACTIVAS . Se inclinó un poco hacia delante para ver el interior. Estaba vacía.
Se giró hacia el escritorio y tomó la carpeta del contenedor azul para echar un vistazo a la primera página.
Solicitud de recalificación : Maximillian Greaves
Fecha : 1 de enero de 2024
Ubicación : Daffodil Inn. Parcela 4089
Petición : Recalificar los campos de flores como terreno protegido. Recalificar el resto de las estructuras para desarrollo comercial de lujo (Complejo Vacacional y Balneario Cinnamon Waters).
Acción anterior : Denegada por Ronald Hartley. Coordinador del Área de Urbanismo, citando el decreto histórico número 218. 28 de febrero de 2024.
Corrección : Aprobada por el alcalde Asad Lyons a través de la Enmienda de Recalificación 63-4A. 9 de agosto de 2024.
Corrección : Denegada por el alcalde Sterling Tate. Ver el testimonio comunitario en el Apéndice B. 3 de abril de 2025.
Recurso : Solicitud enviada por Maximillian Greaves. 6 de abril de 2025.
Estado : Pendiente. Ver archivos adjuntos.
A Morgan se le secó la boca. ¡Max llevaba dos años intentando hacerse con el Daffodil Inn! Su último intento había sido apenas dos días antes del festival de primavera…, justo antes de que Eleanor muriera.
¿Lo habrían sabido sus padres todo aquel tiempo? Hojeó las páginas adelante y atrás y sacó fotografías de todos los documentos mientras pasaba la vista por aquel galimatías sobre construcción que no lograba entender. Sin embargo, no había ningún decreto histórico.
Se quedó mirando fijamente la línea de puntos que figuraba en la primera página sobre el nombre del alcalde y que seguía sin firmar.
Todavía no lo había hecho oficial, lo que significaba que aún disponía de algo de tiempo.
Recogió todos los documentos del contenedor azul cuando oyó los pasos de Benjamin acercándose.
—¡Ya los he encontrado! —anunció con tono alegre justo cuando el joven abría las puertas de par en par, echando fuego con la mirada. Pasó a su lado a toda velocidad en dirección al vestíbulo.
—¿Cómo has dicho que te llamabas? —preguntó él mientras entrecerraba los ojos con suspicacia. Tenía el teléfono pegado a la oreja.
—¡Gracias de nuevo, Ben! —dijo una vez más mientras salía corriendo por el pasillo y pasaba junto al mostrador de Ruth.
—¡Oye, espera!
Oyó la voz de Benjamin detrás de ella, acercándose, pero no se detuvo. Ni siquiera cuando el ascensor se abrió, invitándola a entrar y ofreciéndole una salida limpia. En su lugar, optó por las escaleras.
Con los zapatos resonando sobre el cemento, bajó los escalones a toda velocidad hasta llegar a la planta baja.
Salió por la puerta lateral que comunicaba con una amplia explanada de césped.
No dejó de correr hasta que no recorrió buena parte de Main Street.
Entonces echó a la papelera la solicitud de recalificación de Max Greaves.