Crimen en la pensión de las flores (Los secretos de Cinnamon Falls 2) Capítulo 23 Will #3
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Capítulo 23 Will #3

—Eso demuestra lo mucho que piensa en nosotros.

De todos modos, no puede tocar la pensión.

Es un terreno histórico. Igual que Barkwood Bridge o la granja Old Man Milton.

Hace años, durante el centenario del Fall Fest, Lyons firmó un decreto.

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Fue para proteger el pueblo y evitar que empresas avariciosas como Northbridge pudieran poner un casino en Main Street como ha ocurrido en Asheville.

—Decid lo que queráis sobre Lyons, pero apreciaba Cinnamon Falls. No puedo decir lo mismo del nuevo, ese tal Tate. No lo he visto desde que empezó su mandato —intervino Lorraine con un gruñido de desaprobación.

—Si eso es cierto, tal vez los documentos se perdieran convenientemente con todo el lío del alcalde del año pasado, porque Greaves quiere la pensión a toda costa —afirmó Will.

—De eso nada, señorito —respondió Bones—. Ronald Hartley y Eleanor Langford se aseguraron de que la Sociedad Histórica lo archivara todo en la biblioteca. Lo pagaron de su propio bolsillo. Copias impresas con registros detallados. No se puede cambiar la historia.

Will se frotó la nuca mientras le daba vueltas a la cabeza.

Aquel nombre… Lo había visto en la puerta de la biblioteca y Angel lo había mencionado en The Toasted Pecan.

Le había dicho que ella y Eleanor habían ido a «ese edifico grande y blanco».

Tan solo había un edificio grande y blanco en Cinnamon Falls: el ayuntamiento.

—Eso sería suficiente para pararle los pies a Max, ¿no? Si está protegido… —preguntó Will.

«Me dijo que siempre podría encontrarla donde se ocultan las cosas». Aquella frase de su hija acababa de adquirir un nuevo significado. ¿Qué mejor lugar para ocultar o preservar algo que una biblioteca? Tal vez el señor Hartley supiera dónde se encontraba exactamente aquel decreto histórico.

Hartley había sido una de las últimas personas en ver a Eleanor con vida. Si ella le había contado algo, cualquier cosa que pudiera ayudarlo a adivinar lo que le había ocurrido, tal vez estuviera un paso más cerca de volver a encarrilar su vida.

—Le pararía los pies a cualquiera —le aseguró Bones—. Nadie puede arrebatarles la propiedad a los Taylor a menos que ellos mismos decidan venderla o Sterling Tate haga una enmienda a ese decreto.

Will estaba sumido en un trance tan profundo, perdido en sus pensamientos, que se había olvidado de que se suponía que tenía que estar trabajando. Volvió a encender la maquinilla. Lorraine se giró hacia él y le lanzó una mirada severa.

—Antes de que salgas corriendo para solucionar este entuerto, asegúrate de terminar de cortarme el pelo.

Will hizo lo que le pedía, mirando el reloj y la maquinilla al mismo tiempo.

En cuanto la mujer quedó satisfecha con el delineado de la nuca, le puso un puñado de billetes en la mano y salió a toda prisa por la puerta, no sin antes intercambiar unas cuantas bromas más con Bones.

Will limpió la zona de trabajo con rapidez mientras volvía a mirar su teléfono móvil.

—¿Esperas que me crea que no sabías lo de Caleb? —le preguntó Bones mientras sacaba un refresco frío del frigorífico.

Él agachó la cabeza, avergonzado. Al viejo Bones no se le escapaba nada.

—Lo supe anoche. Caleb me llamó y lo dejé todo para ir a comisaría.

—¿Y qué ce dijo Jesse? ¿Por qué no te llamó a ti antes de nada?

Will se encogió de hombros.

—A saber. Todavía intento entenderlo.

Bones abrió el refresco con un chasquido y el siseo de la efervescencia atravesó el murmullo tranquilo del local. Dio un trago con lentitud mientras lo miraba como si estuviera intentando descifrar cada crispación de los músculos de su cara.

—Déjame adivinar —dijo el hombre mientras se arrellanaba aún más en el sillón—. Os dijisteis cuatro cosas.

Will soltó una carcajada de amargura.

—Es una forma de decirlo. Me dijo que dejara que la Policía hiciera su trabajo.

Creo que se está olvidando de quién lo apoyó cuando estaba intentando conseguir el puesto de detective.

Toda nuestra amistad se basa en la confianza y ahora ¿ni siquiera es capaz de tener la cortesía de avisarme? Sabe lo volcado que estoy con Caleb.

—Estás dolido —clarificó Bones como si fuera así de sencillo. Estaba algo más que dolido; estaba decepcionado—. Pero Jesse y tú sois como hermanos. Os peleáis y discutís, pero estáis ahí el uno para el otro.

—Dígaselo a él —contestó Will mientras arrojaba la toalla en el cubo de ropa sucia que tenía detrás de él—. Ahora mismo no me imagino perdonándolo.

—¿Quién ha dicho nada sobre perdonar? Pero tenéis que arreglar las cosas. A los dos os preocupa lo mismo: mantener este pueblo a salvo. Caleb va a necesitar toda la ayuda posible de ambos. No permitas que el orgullo te cueste una amistad, hijo.

Will agarró las llaves y el móvil y se dirigió hacia la puerta.

—Lo pensaré, Bones.

—Eso es lo único que te pido.

Salió y se adentró en el abrazo suave de una mañana de primavera.

Main Street vibraba con la ilusión de la normalidad: escaparates recién pintados en tonos pastel para reflejar la estación y cestas de petunias que se mecían con suavidad desde las farolas.

Sobre su cabeza, los pájaros saltaban de una estructura a otra sin dejar de piar.

Sin embargo, el peso que le presionaba el pecho no cedió.