Crimen en la pensión de las flores (Los secretos de Cinnamon Falls 2) Capítulo 23 Will #2
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Capítulo 23 Will #2

Elijah soltó un silbido grave. Después hizo una pausa, pensativo.

—Conozco a un buen abogado que, de vez en cuando, hace trabajos pro bono . Le enviaré tus datos de contacto. No te prometo nada, pero ha conseguido sacar de algún apuro a auténticos criminales. Para él, un asesinato en un pueblecito debería ser pan comido.

Era una apuesta arriesgada, pero, en aquel momento, Will estaba dispuesto a aceptar toda la ayuda posible. Por primera vez en horas sonrió.

—Gracias, Eli. Es un buen chico. Sé que es imposible que lo hiciera él.

—Tendrías que haberme llamado antes de dejar tirada a esa mujer. Renee la ha buscado en Instagram y ¡he tenido que fingir que no estaba mirando! ¿Estás seguro de que le gustas?

Ojalá.

—Ya no.

—Duerme un poco, hermanito. Llama a tu chica por la mañana y a ver qué puedes hacer. —Elijah atravesó la habitación y le apoyó una mano en el hombro. En la puerta frenó en seco—. Si fuera tú, le suplicaría. Algo estilo R quería enterarse de lo que sabía antes de aportar su versión.

—¿Han arrestado a Caleb? —preguntó, fingiendo preocupación.

—Ajá —le confirmó su jefe mientras se frotaba una rodilla con lentitud, dibujando círculos—. A última hora de la noche, según me han dicho. Lo sacaron a rastras de su casa delante de su madre. Me sorprende que Jesse no te llamara para decirte que lo tenían en una celda.

Will se mordió la lengua con tanta fuerza que notó el sabor de la sangre en la boca. Bones no era al único al que le sorprendía lo que había hecho su supuesto amigo.

—No, es la primera vez que oigo algo al respecto —mintió.

Su jefe se quedó mirándolo fijamente, pero no dijo nada más.

—Hay algo que no cuadra —intervino Lorraine—. Aquella noche, después del festival, vi a alguien merodeando por detrás de mi casa. Caminaba rápido, como si no quisiera que lo vieran. No era Caleb; él sabe que no debe hacer esas cosas.

Will arqueó una ceja.

—¿Se lo ha contado a Jesse?

Ella soltó un bufido burlón.

—Se lo conté al otro, al que parece un monigote larguirucho. Ese chico no hace caso, se piensa que no soy más que una vieja entrometida.

—Es que eres una vieja entrometida —comentó Bones sin apartar la vista del periódico.

—¡Y a mucha honra! —replicó ella—. La gente entrometida es la que evita que los pueblos como este se desmoronen.

—No me gustan las cosas que están pasando últimamente. Wesley le dijo a mi padre que está pensando en venderle el Daffodil Inn a Max Greaves.

Ante eso, su jefe sí que alzó la vista, poniendo en él toda su atención.

—Después de que arrestaran al alcalde Lyons, Greaves intentó comprar la mitad del pueblo. He oído que ahora es dueño de prácticamente la mitad de Asheville y que se pasa todo el tiempo en el casino.

—Quiere convertirlo en una especie de complejo turístico y de bienestar de lujo —confirmó Will.

Lorraine sacudió la cabeza con disgusto.

—A mí también me llamó el año pasado y me ofreció calderilla por mi casa. Le dije que me besara el…

—¡Lorraine! —exclamó Bones con tono de advertencia—. Pensaba que tu propósito de año nuevo era dejar de decir tantas palabrotas. Es lo que dijiste delante de toda la congregación.

—¡Y cumplí en enero! Lo único que digo, Bones, es que nadie me va a sacar de mi propiedad para construir un balneario cualquiera para ricos. Cuando no volví a saber nada de él, pensé que el asunto estaba zanjado.

Su jefe negó con la cabeza.