Capítulo 23 Will
Will
Jueves
Will condujo en dirección a casa de Elijah y Renee con ambas manos en el volante, enfurecido, hasta llegar a Astoria Glen, un pueblo refinado y prestigioso flanqueado por árboles que se encontraba enclavado entre las colinas ondulantes de las afueras de Asheville.
A pesar de que eran las tres de la madrugada, podía distinguir las mansiones cubiertas de hiedra mientras se abría paso por el vecindario a una velocidad moderada.
Las calles estaban despejadas, pues los coches permanecían recluidos tras altas verjas ornamentadas que se estiraban hacia el cielo.
Los habitantes dormían profundamente en sus camas con dosel, sin ninguna preocupación.
No podía mentir y decir que nunca había deseado poder llevar una vida así con Tanya en algún momento. Pero esos sueños habían muerto en el momento en el que ella había decidido que su propia comodidad era más valiosa que la vida de su hija.
Escaneó su tarjeta de visitante en la valla de Elijah.
La pantalla del escáner se puso en verde y la verja se abrió de golpe para darle la bienvenida.
El plan había sido ir a recoger a Angel a primera hora de la mañana, pero, con la noche que había pasado, necesitaba dormir en algún lugar que no fuese Cinnamon Falls.
Al regresar a casa de la comisaría, su chalet le había parecido demasiado vacío y tranquilo sin su hija, pues tan solo sus pensamientos acelerados habían llenado el silencio.
El hogar de Elijah era todo lo contrario: un torbellino de actividad programada. En el exterior, los aspersores fijos rociaban el césped de un verde brillante con agua filtrada. Las ranas croaban a viva voz su canción nocturna.
Al salir del coche, oyó el leve tintineo del agua cayendo en cascada.
Cuando echó un vistazo por encima de la valla que rodeaba el lateral del edificio, vio el resplandor de la piscina familiar, que bañaba la casa de tres plantas con una luz neón.
Un limpiafondos se deslizaba por toda la superficie de aquella belleza turquesa.
Frente a la piscina había un edificio de una sola planta, que sería su dominio para el resto de la noche.
Estiró una mano y abrió la verja, listo para dejar caer su cuerpo cansado sobre la cama con sobrecolchón.
Tras cerrar a sus espaldas, atravesó el patio en dirección a la casa de la piscina.
Las luces con sensor de movimiento le iluminaron el camino.
En cuanto giró el pomo de la puerta, supo que el poder dormir llegaría mucho más tarde.
Su hermano estaba sentado en el amplio sofá marrón canela con una mano en el mando a distancia y la otra sujetando un puro que había quedado reducido al tamaño de un pulgar.
Con gesto somnoliento, posó los ojos rojos en Will.
—Es tarde —masculló Elijah, arrastrando las palabras, mientras apagaba el puro en un cenicero—. No te esperaba hasta mañana —añadió mientras dispersaba el humo con una mano.
Junto a la puerta, Will se quitó los zapatos y la chaqueta, que había sido necesaria para aquella noche fresca de primavera.
—Ha sido una noche de mierda —contestó él con sueño mientras se acomodaba en el sillón reclinable más cercano a la puerta.
En la pantalla, su hermano estaba viendo momentos deportivos destacados, que incluían repeticiones de las mejores jugadas de la semana. Bajó el volumen.
—¿Tan mal ha ido? Durante la cena no hemos parado de oír hablar de la «señorita Morgan» —comentó Elijah con una carcajada, imitando la voz de Angel—. Cuéntame qué ha pasado.
Will se pasó una mano por la cara. Estaba más cansado en ese momento de lo que había estado antes. Lo último que quería era hablar sobre Morgan Taylor, especialmente con el mismísimo Don Esposa Perfecta.
—No hay nada que contar —contestó con los labios apretados.
Elijah puso los ojos en blanco y se inclinó hacia delante en el sofá, apoyando los codos sobre las rodillas.
—Soy tu hermano. Habla conmigo. Dime la verdad: ¿cómo ha ido?
—Eli, son casi las tres de la madrugada. Tan solo quiero irme a dormir.
De todos modos, él insistió.
—¿Qué pasa? ¿Te ha rechazado? —Soltó una risa condescendiente que hizo que a Will le subiera la tensión—.
El motivo no puede ser que seas feo. —Elijah fingió tener delante un espejo y se acarició tanto el peinado de líneas perfectas como la perilla—.
La guapura la has heredado de mí. —Cuando no se unió a sus risas, su hermano lo miró—.
¿Qué ocurre? Es imposible que estés así solo por una cita.
Por una vez, dame una respuesta auténtica.
—«Por una vez» —repitió Will mientras negaba con la cabeza. El hombre que llevaba una vida prefabricada le estaba pidiendo una respuesta «auténtica». Qué irónico.
—Sí, por una vez —replicó su hermano—. No has venido hasta aquí para recoger a Angel.
Es imposible que esperaras que la despertáramos a estas horas de la noche.
Así que tenías planeado dormir aquí, ¿no?
¿Qué? ¿Pretendías colarte en mi casa de la piscina y dormir la mona hasta que fuera por la mañana?
Sé sincero conmigo: ¿has vuelto a beber?
—Que te jodan, Eli.
Will se sorprendió por la facilidad con la que la palabrota se le había escapado de los labios. A juzgar por el gesto de su hermano, él también estaba sorprendido.
—¿Qué me jodan? —bufó—. ¿Quién fue el que estuvo a tu lado cuando volviste a caer en la bebida después de lo de Tanya, eh?
Ella fue el chivo expiatorio fácil; la persona a la que toda la familia señaló con el dedo.
¿Pero quién cuidó de Angel? ¿Quién te ayudó a dejarlo, pidió algunos favores y te consiguió ese contrato de aprendiz para que pudieras cortar el pelo y pudieras… ?
—Gracias, todopoderoso. Nunca vas a dejar de recordármelo —dijo Will con un suspiro mientras hacía una reverencia burlona.
—No intento echártelo en cara. Intento mostrarte que estoy de tu parte, pero eres demasiado tozudo como para confiar en nadie.
—¿Para que puedas hablar mal de mí con tus coleguitas médicos y tu esposa perfecta? —preguntó Will, sintiendo que la ira le recorría el cuerpo poco a poco. Abrió los brazos de par en par— «Os presento a mi hermano, la puñetera oveja negra de la familia».
Elijah frunció el ceño, confundido.
—¿Crees que hablo de ti a tus espaldas? En todo caso, Renee no deja de regañarme por defenderte.
No dejo que nadie hable de mi familia. Ni siquiera mi «esposa perfecta».
En esa casa, ni una sola persona se atrevería a hablar mal de ti delante de mí.
Ya sabes lo importantes que papá y tú sois para mí.
No soy así, Will. —Hizo una pausa, dándole vueltas a su siguiente frase—.
La única persona que alguna vez podría faltarme al respeto sin sufrir graves consecuencias eres tú.
Will se sintió como si volviera a ser un niño de ocho años, avergonzado por tener que llamar a su hermano mayor para que lo defendiera frente a un grupo de chicos mayores que él.
Elijah tenía el cuerpo perfecto para jugar al fútbol americano y su simple constitución (pecho amplio y hombros fuertes) era lo bastante intimidante como para que no necesitara pelearse.
Él, por el contrario, siempre había sido el más delgado de los dos y estaba acostumbrado a resolver sus problemas con los puños.
Su ira lo había metido en problemas en más ocasiones de las que podía contar.
En ese momento, estaba ocurriendo lo mismo: estaba alejando de sí mismo a las personas que más le importaban.
—Lo siento —murmuró.
El silencio se posó entre ellos. Elijah encendió el mechero. La llama iluminó la estancia y, una vez apagada, sumió a los hermanos en la oscuridad. El extremo del cigarrillo resplandeció cuando dio otra calada.
—Yo también lo siento —dijo mientras soltaba una bocanada de humo—. Tengo unas dos horas antes de que Renee se levante y empecemos con el mismo ciclo repetitivo de siempre. Este es mi único alivio.
—¿No habías dejado de fumar? —preguntó Will.
—Así es —respondió su hermano mientras daba otra calada larga. Aquello le hizo comprender que era mejor no insistir.
—He tenido que marcharme en mitad de la cita —comenzó a decir—. He recibido una llamada desde comisaría. Han arrestado a Caleb, uno de los chicos del club de jardinería.
—¿La has abandonado en el restaurante?
—No estaba pensando con claridad —contestó Will, deseando poder rehacer aquel instante.
Lo que la gente decía sobre ver las cosas en retrospectiva era cierto.
Tendría que haberse llevado a Morgan con él o, como mínimo, haber ignorado la llamada.
No podría haber hecho nada por Caleb hasta por la mañana—.
Me ha enfadado que Jesse lo arrestara sin avisarme.
No quería que Morgan me viese así de enfadado.
—¿Y has pensado que era mejor dejarla tirada?
Will entrelazó las manos detrás de la cabeza.
—Es… más complicado que eso.
—Espero que sepas que te has cargado cualesquiera que fueran las posibilidades que tuvieras con la señorita Morgan. Si yo fuera ella, no volvería a hablarte jamás. De hecho, en cuanto te hubiera visto saliendo del restaurante, habría bloqueado tu número.
—Gracias por el voto de confianza —gruñó Will.
—¿Qué te ha dicho sobre Caleb tu amigo el policía? ¿Es culpable? —le preguntó su hermano.
—Me ha dicho que encontraron rastros de dedalera en su casa y pruebas que lo situaban en el laberinto en el momento del asesinato de Eleanor.
Elijah soltó una carcajada lenta y despreocupada.
—Venga ya. Consíguele un buen abogado y esos cargos se caen por su propio peso.
Está en el club de jardinería, así que es normal que encontraran rastros de dedalera.
Si no recuerdo mal, papá la cultiva para ayudar con la polinización.
E invitaste a los chicos al festival, ¿no es así?
¿Me estás diciendo que no es posible que un grupo de jóvenes se pasara todo el día entrando y saliendo del laberinto? No tienen nada —le aseguró su hermano.
Will esperó para revelar el golpe final.
—El cuchillo tiene sus huellas dactilares.