Capítulo 21 Morgan #3
¿Qué pasaría con Lionel y Tiana? ¿Adónde irían? ¿Qué harían sin la pensión? ¿Y Daphne? ¿Podría sobrevivir siquiera sin un amplio jardín en el que perseguir ardillas y conejos salvajes, rodar sobre la hierba y ser libre?
Su madre estaba en lo cierto: no solo estarían vendiendo el negocio. Estarían renunciando a su hogar; a su lugar seguro. En ese momento, Morgan comprendió a sus padres más que nunca.
Iba a salvar el negocio familiar y, para ello, tenía que comenzar por resolver el asesinato de Eleanor. No se había olvidado de la foto de Zara en la que Caleb Brewster aparecía de fondo. Por la mañana, se la entregaría a la Policía.
Su madre asintió con lentitud.
—Gracias —contestó. Entonces su mirada cargada de esperanza se encontró con la de Wesley.
Sin embargo, por el momento, necesitaba dormir, hacerse un ovillo en la seguridad de la cama de su infancia y fingir que los acontecimientos de la velada no habían ocurrido.
Mientras se dirigía hacia la habitación Flor Silvestre, el suelo de madera crujía bajo sus pies. Los tacones y el bolso le parecían bloques de hormigón colgados del hombro y tenía los pensamientos nublados a causa de los whisky sours o, tal vez, de lo decepcionante que había sido todo aquel asunto.
—Morgan —la llamó una voz grave desde el rellano.
Cuando entrecerró los ojos ante la luz del pasillo, se encontró con Cameron.
Llevaba la parte de arriba desabrochada, los pantalones del pijama le colgaban de las caderas, tenía el pecho definido y los brazos cruzados de forma despreocupada como si lo hubieran sacado de las páginas de una revista de deportes.
Llevaba el pelo pegado a la cabeza y las puntas mojadas.
—¿Qué haces despierto? —masculló ella, esforzándose por mantener la vista en sus ojos y no en el bulto que le gritaba que se metiera entre sus pantalones de pijama.
—He oído la puerta —contestó él—. Y la discusión posterior. —La miró de arriba abajo y la voz se le tiñó de una leve preocupación—. ¿Estás bien?
Morgan asintió débilmente y se giró hacia la puerta. Su cama estaba a apenas unos metros de distancia.
—Estoy bien. Tan solo cansada.
—No pareces estar bien. —Se cruzó de brazos y se apoyó contra el marco de la puerta—. ¿Ha ido mal la cita?
—Ha sido una noche muy larga…
Cameron dio un paso atrás y le abrió la puerta de su dormitorio.
—Ven a sentarte. No tienes que hablar si no quieres.
Morgan titubeó, pero la idea de no estar sola aunque solo fuera un momento fue suficiente para hacer que sus pies se movieran hacia delante.
Entró en silencio y se sentó en la cama mientras él cerraba la puerta a sus espaldas.
El dormitorio olía a su colonia: madera de cedro y algo cálido como la miel o el almizcle.
El hecho de que la luz suave de la lámpara resaltara cada una de las líneas tonificadas de su torso mojado no ayudaba. Morgan apretó las piernas.
Cameron se sentó a su lado. Cerca, pero no demasiado.
—Lo que quiera que sea que haya pasado esta noche, lo que quiera que sea que te haya hecho sentir ese tipo…
, no te lo mereces, ¿sabes? —Cameron la miró con ojos tiernos y habló en voz baja—.
Eres inteligente, considerada y altruista.
Cualquier hombre que llamara tu atención sería un afortunado.
No sé de qué va ese tipo, pero, si no es capaz de ver lo que tiene delante, el problema es suyo, no tuyo.
Nia le había dicho básicamente lo mismo, pero ¿por qué no podía creérselo? Si era tan especial, ¿por qué Will se había marchado? Morgan agachó la cabeza y se llevó las manos a las sienes.
—No creo que sea tan fácil.
—Debería serlo —dijo él con tono suave.
Ella exhaló y se echó un poco hacia atrás, apoyando todo el peso en las palmas de las manos. Cameron cambió de posición, imitándola, y sus brazos se rozaron.
—Intento no meterme donde no me llaman —dijo con una voz que era poco más que un susurro—, pero me doy cuenta de cómo te lo guardas todo, intentando ser fuerte por los demás. Conmigo no tienes que actuar de ese modo.
El peso de sus emociones, los cócteles, la discusión con sus padres, el dolor de lo que había ocurrido aquella noche… Todo se le vino encima en ese instante de silencio. Cameron estiró el brazo y le metió una trenza detrás de la oreja con un gesto casi reverente. Morgan no se lo impidió.
—Mereces algo más que dudas o disculpas a medias —murmuró él. Se le hizo un nudo en la garganta. Las lágrimas le ardían detrás de los párpados, pero pestañeó para contenerlas—. Ha sido una noche larga. Descansa.
Estaba demasiado cansada como para discutir.
Demasiado sensible como para moverse. Se acurrucó al borde del colchón, de cara a la ventana.
Cameron la cubrió con una manta de punto grueso.
Sintió su calidez cuando se metió en la cama detrás de ella.
Sin tocarla, tan solo… cerca. Él estiró el brazo y apagó la luz.
Lo último que recordaba era su susurro en medio de la oscuridad.
—Yo no me habría marchado, dejándote allí.
Morgan cerró los ojos. Poco después se quedó dormida. La pesadilla que tenía que soportar en la realidad no existía en sus sueños.