Capítulo 20 Will #4
—Un momento. Entonces, ¿van a vender la pensión? No quería husmear, pero ¿a eso se refería cuando ha mencionado una fecha límite?
Ella asintió.
—Se lo están pensando. —Contestó mientras miraba la mesa—.
Les ha hecho una oferta para comprar la totalidad de la pensión y construir algo llamado «Cinnamon Waters», un complejo turístico de lujo que, al parecer, ya está en marcha.
Mi madre está furiosa conmigo porque quiero que se lo piense.
—Le estás pidiendo que venda el trabajo de toda una vida. Morgan soltó un bufido.
—¿Has entrado en las redes sociales? ¡Hay una petición para boicotear el Daffodil Jubilee del año que viene! Es el principal evento de la temporada. Sin él, están perdidos, Will. ¿No es mejor que minimicen las pérdidas?
Él se recostó en su asiento.
—¿Y rendirse?
Morgan negó con la cabeza.
—Cameron se ha ofrecido a ayudarlos con el proceso. Trabaja en el sector inmobiliario. Al menos, puede asegurarse de que no estén aceptando un trato injusto.
«Cameron». Will ya le había oído ese nombre a Jesse. Morgan prosiguió.
—Perdón. Me refiero al tipo que te ha abierto la puerta. Es el sobrino de Eleanor. Va a quedarse por aquí hasta que finalice la investigación.
—Ya veo —respondió Will, que contuvo la respiración ante la siguiente afirmación.
—Un tipo encantador —añadió ella.
«Así que encantador, ¿eh?», pensó. Se preguntó qué palabras utilizaría para describirlo a él cuando no estuviera presente. Con todo lo que había ocurrido, se había olvidado por completo de Don Desagradable. Estaba bien poder ponerle nombre a ese rostro.
—Muy bien, dejemos de hablar de cosas serias. Vamos a cambiar de tema.
A Will le gustó esa sugerencia.
—De acuerdo. Dime algo que no sepa sobre ti.
Morgan contestó casi de inmediato.
—Me expulsaron en secundaria por pelearme con alguien. Estuvo a punto de atragantarse con la bebida. ¿Morgan? ¿Peleando?
—No…
—Sí. Un día una chica llamada Ruth Evers le dijo a toda la clase que iba vestida como un dinosaurio morado. Yo le dije que olía a comida de perro húmeda. Las cosas se nos fueron de las manos rápidamente.
—Tal vez solo tuviera envidia de lo bien conjuntada que ibas —comentó él entre risas.
—Y estaba en todo su derecho, porque estaba guapísima. —Will seguía riéndose cuando ella añadió—: Te toca.
Él decidió tomar un camino diferente.
—Escribo poesía —espetó de golpe.
Lo cierto era que, desde el instituto, no había escrito nada en papel, pero era lo último que recordaba haber amado más allá de cortar el pelo o enterrar los dedos en la tierra.
Morgan apoyó los codos en la mesa.
—¿Tú? ¿Don Tipo Duro? —Estiró el brazo y le dio un apretón en el bíceps por encima de la camisa.
—Shakespeare habría llorado de emoción —bromeó él, deseando sentir de nuevo la calidez de sus dedos sobre el cuerpo—. Mi segundo nombre es Romeo.
Ella se recostó sobre la silla y pasó un brazo por detrás del respaldo. Con sus ojos seductores, lo miró de arriba abajo, hambrienta.
—Dispara, Romeo.
Will sonrió de oreja a oreja.
—Vas a tener que aguantarme el tiempo suficiente como para ver si sigo teniendo ese don.
Su móvil vibró sobre la mesa. Otro número desconocido. Aquella tarde había dejado a Angel en casa de Elijah y Renee. Si hubiese algún problema, no lo llamarían desde un número privado. Le dio vueltas a todas las posibilidades, pero volvió a presionar el botón de «Ignorar».
La camarera se acercó a ellos y les tendió la carta de los postres.
—¿Algo que les llame la atención? —le preguntó a Morgan con la tablet dispuesta para anotar la comanda.
—La tarta de queso, con un extra de fresas.
Miró a Will, pero su teléfono estaba vibrando por tercera vez, lo que lo sacó de la conversación.
«¿Qué estaba pasando?».
—Perdonad —murmuró antes de contestar la llamada—. ¿Dígame?
Se produjo un silencio y, entonces, oyó una voz temblorosa.
—¿Señor Reed? Soy Caleb. Estoy en la comisaría y me han… arrestado y no… sé qué hacer. —Al otro lado de la línea el chico sonaba asustado.
A Will se le cayó el corazón a los pies. Se levantó de forma abrupta y la silla chirrió contra el suelo. En el vientre le floreció una ira que no había vuelto a experimentar desde primaria.
—¿Qué ha ocurrido? —Rugió.
—Dicen que la maté yo, ¡pero juro que no lo hice! Por favor, señor Reed, ¿puede venir a buscarme? ¡No puedo pasar aquí toda la noche!
El corazón le palpitaba con fuerza y el cerebro se le llenó de ruido blanco. Sentía un cosquilleo eléctrico en los dedos.
—Voy para allá —contestó con los dientes apretados. Con la mirada preocupada, Morgan también se puso en pie—. Lo siento, tengo que marcharme. Uno de mis chicos se ha metido en problemas.
—Claro. Márchate.
Will rebuscó su cartera y dejó la tarjeta de crédito sobre la mesa.
—Pide lo que quieras, ¿de acuerdo? Llama a un taxi para que te lleve a casa. Te lo compensaré, te lo prometo.
Morgan sonrió, demasiado amable y comprensiva. Will quiso pegarse a sí mismo mientras salía de Prime Society a toda velocidad y se adentraba en la noche primaveral.
La siguiente persona a la que iba a darle un puñetazo por arruinar la velada de sus sueños era Jesse Shaw.