Capítulo 16 Will
Will
The Pit palpitaba gracias a las luces estroboscópicas y el ritmo pesado del bajo de una canción de rap que a Will le parecía en un idioma extranjero.
El salón de juegos recreativos que se encontraba en el sótano bullía de ruido: el estrépito de las máquinas de Skee-Ball, los bolos al caer y ser recogidos y los chicos que se perseguían los unos a los otros con voces que competían con la música que le vibraba en el pecho.
El sudor, la grasa de la freidora y la bravuconería juvenil se adherían a las paredes como si fueran papel pintado.
Will recorrió aquel escondite adolescente que se encontraba junto a Redfern Tavern en busca de una persona concreta.
Bajó los escalones con paso fuerte y pasó bajo un cartel de SALIDA rojo y resplandeciente que arrojaba sombras en tonos neón sobre el grupo de jóvenes que se reunían en torno a una serie de máquinas de pinball antiguas, otras de ganchos, y reservados pobremente iluminados.
Se abrió paso entre una multitud de chicos rociados con demasiado desodorante y una actitud desafiante.
Lucían zapatillas deportivas de diseñador, vaqueros dos tallas más pequeñas y cadenas falsas tan gruesas como el collar de un perro.
Vio a Caleb casi de inmediato. Estaba encorvado en el rincón del fondo, medio oculto, con una chica a la que Will no reconoció y que estaba sentada en su regazo con una camiseta que, para su gusto, dejaba su abdomen demasiado a la vista.
Desde el Baile de los Pétalos y las Promesas, Will le había escrito mensajes en dos ocasiones. No había obtenido respuesta. Pero ahí estaba, en medio de una jornada lectiva, sentado en un reservado de cuero agrietado y comiendo patatas fritas muy finas como si nada en el mundo le preocupase.
—¿Me estás ignorando a propósito o estás demasiado ocupado como para responderme? —le preguntó él.
Caleb alzó la vista y un leve destello de culpa le atravesó los ojos antes de transformarse en un gesto desafiante.
—No sabía que me estuvieras controlando.
Los adolescentes eran agotadores: por un lado, no querían que los trataran como niños, pero, por otro, su pose de adultos no era más que un disfraz. Caleb no tenía ni idea de cómo funcionaba la vida real y Will estaba más que dispuesto a darle un golpe de realidad.
La chica que estaba sobre el regazo del joven lo miró con la actitud desafiante en todo su esplendor y se apartó unas trenzas largas y rubias de la cara. Ya la había visto anteriormente, de eso estaba seguro.
—¿Eres su agente de la condicional o algo así?
A Will se le endureció la mirada al reconocer a la bija de Amanda Jenkins.
Caleb se inclinó y le susurró algo al oído a la chica.
Después, le dio una palmadita en el muslo y ella interpretó aquel gesto como su señal para marcharse.
Will dio un paso atrás cuando pasó a su lado mientras ella le transmitía con los ojos un mensaje: no le gustaba que hubiese interrumpido su tiempo a solas.
Soltando aire por la nariz, intentó mantener la voz calmada.
—Tengo que hablar contigo.
El chico se recostó en el reservado y cruzó los brazos sobre el pecho.
—No vi nada.
—Ni siquiera te he hecho una pregunta todavía —dijo mientras se sentaba frente a él—. Además, no es eso lo que he oído.
En realidad, Will no había oído nada. Lo único que sabía era que Morgan le había dicho a la Policía que la persona que le había indicado que entrara en el laberinto antes de encontrar a Eleanor había sido Caleb. Tenía que haber visto algo y, a juzgar por su reacción, estaba escondiendo algo.
El adolescente tensó la mandíbula.
—Tienes suerte de que te haya encontrado antes que Jesse —comenzó a decir—, porque, si estás involucrado de algún modo en esto…
—La Policía ya habló conmigo esa noche. Le digo lo mismo que les dije a ellos: no vi nada. ¿Por qué aparece por aquí como si fuera mi padre?
—No intento actuar como tu padre. —Will se esforzó por suavizar el tono, pero no dio marcha atrás—. Escucha, le prometí a tu madre que te cuidaría. Si viste algo aquella noche, necesito saberlo.
Caleb se pasó las manos por el rostro mientras miraba a la chica que había estado sentada en su regazo.
Estaba sumida en una conversación con uno de los chicos junto a los que Will había pasado antes.
Estaba siendo un poco sobona y mostraba una sonrisa llena de dientes.
Caleb tenía fuego en la mirada. Se revolvió en su asiento y se giró hacia él.
—Yo no le pedí que hiciera eso —gruñó—. Se lo pidió ella.
Dio un largo trago del refresco que tenía enfrente antes de volver a dejarlo en la mesa con tanta fuerza que el líquido oscuro se derramó por el borde.
—No era necesario que me lo pidiera. Estoy verdaderamente preocupado por ti. Mira, no eres el único que perdió algo cuando tu tío cayó en desgracia. Pero no tienes por qué tirar a la basura el resto de tu vida.
Caleb puso los ojos en blanco.
—¡Suena como mi madre! ¡Siempre con estas mierdas sentimentales! Esto no tiene nada que ver con mi tío. Ojalá todo el mundo dejara de decir eso.
Will cerró la boca con fuerza. La tensión entre ambos se suavizó por un instante, demasiado abrumadora.
Tenía que ver la situación desde la perspectiva de Caleb.
En el pasado, él también había sido aquel chico: enfadado e incomprendido; una persona dura en el exterior que, sin embargo, noche tras noche, cuando estaba solo, lloraba hasta quedarse dormido, deseando tener a alguien con quien poder hablar y que lo escuchara de verdad sin juzgarlo.
—Mira, Caleb, mi hija no me dice más de tres palabras seguidas a causa de lo que pasó aquella noche.
El dolor con el que carga me está devorando por dentro.
Estoy aquí para obtener respuestas por ella, no para contemplarte y mimarte o lo que quiera que sea que esté pasando aquí.
¿Quieres salir con esta gente? Estupendo.
No voy a impedírtelo. —Con un gesto, señaló a los amigos del joven—.
Pero el sábado mataron a una mujer, ¿entiendes?
Y puede que fueras la última persona que la vio con vida. Dime lo que viste y puedes volver con…
—Se llama Kelsey —le informó.
—Con Kelsey —repitió Will mientras intentaba hacer contacto visual con el adolescente, que había comenzado a estudiar la mesa que tenía enfrente.
Caleb suspiró y se ajustó la capucha en torno a la cabeza.
—Vi a esa mujer, ¿de acuerdo? Me refiero a dentro del laberinto.
A Will se le aceleró el pulso.
—¿A qué hora?
El chico se encogió de hombros.
—No estaba mirando el teléfono. Estaba… ocupado.
—¿Ocupado? —repitió Will, arqueando una ceja con curiosidad.
—Absorto —le corrigió Caleb mientras le lanzaba una mirada cómplice—.
No quería que me descubrieran enrollándome con mi chica, ¿de acuerdo?
Ella estaba en su horario laboral. Mis padres estaban allí y a mi madre no le gusta que nos veamos, así que era el único momento que teníamos para…
, ya sabe. Por eso no le dije nada a la Policía. No pensé que fuera para tanto.
—¿Pensaste que una mujer muerta no era para tanto? —preguntó Will, incrédulo.
—¡No estaba muerta cuando la vi! Tan solo parecía perdida, como aturdida. ¿Me entiende? Iba dando tumbos como si estuviera confundida. Pero, bueno, era un laberinto, así que no le di importancia. Tan solo esperamos a que pasara como el resto de la gente.
—¿Había alguien con ella? ¿Oíste algo?
—Tan solo vi algunas sombras. Personas que intentaban encontrar el centro antes de darse por vencidas a medio camino.
No es que lo pusieran demasiado fácil con el diseño.
Kels y yo nos perdimos bastantes veces antes de encontrarlo y, cuando lo hicimos, estaba ahí…
tumbada. Kelsey gritó y fue entonces cuando apareció la señorita Morgan.
—Will exhaló con lentitud, soltando el aire entre dientes—.
Mire —dijo el chico con los ojos cubiertos de pánico—, le juro que yo no la maté.
Will le respondió, alzando las manos frente a él.
—Te creo, Caleb, pero no puedes esconderte cuando las cosas se ponen difíciles. Así es como se acaba en el mismo camino que…
«Que yo», pensó.
Una nube se posó a toda velocidad sobre el rostro de Caleb, que frunció los labios con fuerza.
—Que mi tío. Adelante, puede decirlo.
—No era eso lo que iba a decir. Además, no eres tu tío.
—El chico lo miró y después pasó la vista hacia sus amigos—.
Puedes decidir la clase de hombre que quieres ser.
Toma las decisiones adecuadas para ti y para tu futuro —le recomendó—.
Una última cosa… del jardín de mi padre desapareció algo de dedalera. ¿Sabes algo al respecto?
—No —contestó Caleb de inmediato mientras negaba con la cabeza.
—Está bien —respondió Will, que decidió no presionarlo más.
Hizo una pausa y miró en torno a la sala bulliciosa.
Ya había abusado demasiado del tiempo del chico.
Se estiró hacia él para darle un apretón de manos seguido de un abrazo en señal de solidaridad y paz y salió del reservado.
Antes de alejarse demasiado de él, añadió—: Y la próxima vez que te mande un mensaje, contéstame.
Kelsey lo miró cuando pasó entre el grupo de chicos.
—¿Sigue en pie lo del sábado en el invernadero? —le preguntó Caleb.
Will asintió, sintiendo el corazón más ligero.
—A la misma hora y en el mismo sitio.
Mientras abandonaba el frescor del salón recreativo y se adentraba en el pegajoso calor primaveral, una sensación enfermiza se le retorció en las entrañas. A cada minuto que pasaba resultaba más evidente que alguien había ido a por Eleanor Langford, y ese alguien seguía ahí fuera.