Crimen en la pensión de las flores (Los secretos de Cinnamon Falls 2) Capítulo 12 Morgan #4
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Capítulo 12 Morgan #4

—Ya no —la interrumpió Nia. Acercó su silla a la de su amiga y le enjugó la lágrima que le estaba corriendo por la mejilla—. Ahora la historia es tuya.

El timbre resonó por toda la casa, lo que las arrancó del debate que estaban manteniendo sobre escotes en forma de corazón.

Nia aseguraba que tenía los hombros anchos y que quería algo que le cubriera los brazos.

Morgan no comprendía por qué quería ponerse una camiseta de manga larga como vestido para el banquete en el que se suponía que iba a ser el mejor día de su vida.

Por suerte, con su beneplácito, su amiga había acabado escogiendo algunas opciones mejores y había pedido cita al día siguiente en The Velvet Fox para probarse algunos vestidos más adecuados.

—Ya voy yo —dijo Morgan mientras atravesaba el salón para abrir la puerta.

Allí se encontró con Will y Angel, que llevaba un cuaderno de dibujo en una mano y un Shirley Temple de vainilla en la otra.

—¡Nia! —Angel pasó corriendo junto a Morgan en dirección a la cocina—.

Tu hermano nunca me prepara la bebida como tú.

No le pone suficiente cereza —dijo con un puchero mientras le tendía el vaso de plástico para que lo inspeccionara.

La niña estaba en lo cierto. La bebida, que de normal adquiría un color rojo cereza oscuro, estaba de un mísero tono rosa.

Nia chasqueó la lengua.

—No es tan listo como nosotras. Veré qué tiene por aquí el tío Jesse.

—Solo he venido a dejarla —comentó Will mientras le tendía dos bolsas de papel grasientas—.

No sabía si habríais comido algo, así que, de camino, he pedido dos hamburguesas en The Golden Grille.

—Le tendió a Morgan ambos paquetes—. Esta noche Jesse va a arrastrarme a Redfern Tavern, así que reza por mí.

—La última vez que estuvimos allí, estuve a punto de agarrar una infección por estafilococos —dijo Nia mientras se acercaba para darle un abrazo—. Gracias por la cena. Tu amigo está en su cueva —añadió mientras señalaba la puerta lateral.

—Gracias —consiguió decir Morgan al fin. Le sudaban tanto las manos que daba gracias de que no se le cayeran las bolsas al suelo.

Jesse salió del garaje.

—Me ha parecido detectar un poco de testosterona por aquí —bromeó mientras saludaba a Will con un apretón de manos seguido de un abrazo amistoso—. ¿Estás listo?

El otro hombre asintió y se giró para marcharse.

—¡Adiós, melocotoncito! —dijo por encima del hombro.

Desde la cocina, Angel puso los ojos en blanco. Morgan fingió no ver el momento en el que Jesse sacaba algo de dinero de la cartera y se lo ponía a su prometida en la mano antes de marcharse. Después, le dio un beso en los labios y salió detrás de Will.

Morgan sacó los recipientes de la comida de las bolsas y los repartió entre todas.

Angel abrió el cuaderno de dibujo y le dio la vuelta para que ella pudiera verlo.

—Hoy he dibujado esto en el colegio.

—¿En clase o durante el recreo? —le preguntó Morgan, usando su voz de profesora.

La niña alzó el dedo índice en el aire.

—Me acojo a la quinta enmienda —respondió.

Morgan se giró un poco para poder ver mejor el dibujo y reconoció el lugar de inmediato.

Era una perspectiva aérea del patio trasero del Daffodil Inn: el laberinto de setos, los narcisos e incluso el río.

Dentro del laberinto había dos figuras: una mujer y una niña.

Una de ellas era inconfundible: Angel. En cuanto a la otra…

—¿Sois la señora Eleanor y tú?

Angel asintió con solemnidad.

—Me dijo que siempre podría encontrarla donde se ocultan las cosas.

Parecía como si hubieran extraído todo el oxígeno de la habitación. Nia y Morgan intercambiaron una mirada de inquietud y algo implícito quedó pendido del aire.

—¿Se trata de uno de esos juegos de encontrar un objeto escondido? —preguntó Nia mientras sostenía el cuaderno a contraluz y giraba la cabeza de un lado a otro, intentando aliviar la tensión del ambiente.

A Angel no le pareció gracioso.

—Da igual —dijo con tono taciturno. Tras bajarse de la silla de un salto, se dirigió hacia la salita de estar y encendió la televisión—. Tía Nia, ¿puedes buscarme la serie de detectives que ve el abuelo? —preguntó—. Andrew Guy, investigador privado .

—Claro, cielo —contestó ella.

Morgan sacó una foto del dibujo, cerró el cuaderno y se la envió a Will con un mensaje de texto.

M: La última obra de arte de Angel. Ha

mencionado encontrar a Eleanor donde se

ocultan las cosas. ¿Sabes a qué se refiere?

W: Ni idea. Veré si puedo sonsacárselo.

M: ¿Me contarás lo que descubras?

Suena un poco críptico….

W: ¿Deberíamos volver? ¿Se encuentra bien?

Morgan echó un vistazo a la pequeña, que le estaba ordenando a Nia que subiera el volumen de la televisión. En la pantalla, un hombre mayor con gabardina asomaba la cabeza por una esquina y se llevaba una lupa al ojo antes de que la pantalla se fundiera en negro.

Morgan respondió:

M: Parece estar bien. Está viendo Andrew Guy .

W: Bien. Se estará quieta el resto de la velada.

Gracias por cuidar de mi melocotoncito

esta noche. Volveremos pronto.

M: Nos vemos entonces.