Crimen en la pensión de las flores (Los secretos de Cinnamon Falls 2) Capítulo 8 Will #2
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Capítulo 8 Will #2

—¡Jamás! —contestó mientras tomaba a la pequeña en brazos y la levantaba por los aires—. Tu papá y yo estamos muy orgullosos de ti.

A modo de respuesta, ella soltó un gritito agudo y su risa hizo que el corazón de Will recuperara el ritmo de golpe. Las luces arcoíris incrustadas en los zapatos de Angel parpadearon alegremente mientras ella sacudía los pies con entusiasmo.

Una lección de paternidad que tenía que recordarse a sí mismo una y otra vez era que su hija escuchaba todo lo que decía incluso cuando él creía que no le estaba prestando atención.

El modo en el que ella se mostraba ante el mundo era un reflejo directo de cómo la trataba él.

Quiso golpearse a sí mismo por todas las veces que había jugado con ella al «juego del silencio» mientras iban de camino a casa.

—Gracias, tío Jesse.

Angel se sonrojó y Jesse la dejó de vuelta en el suelo.

Entonces, giró sobre sí misma para mostrarles su conjunto del día: un vestido largo y con volantes de color naranja.

Su hija había dicho que las mangas abullonadas le daban un toque elegante y…

bueno, eso había sido suficiente para que él lo añadiera al carrito de la compra.

Will le hizo un gesto para que se acercara y Angel lo hizo, arrastrando los pies.

Él la tomó en brazos y se la colocó sobre un lado de la cadera.

Estaba creciendo tan rápido que, con el tiempo, no sería capaz de cargar con ella de ese modo.

No quería pensar en el futuro. Por el momento, seguía siendo su niñita.

—Eres la mejor niña del mundo, ¿me oyes?

—La pequeña asintió y su labio inferior delató el hecho de que estaba conteniendo las lágrimas.

Will estaba perdiendo la determinación, así que cambió de tema enseguida—.

¿Has encontrado a Braxton? —preguntó mientras señalaba con la barbilla en dirección a Guy’s Grocery.

Ella se retorció para escabullirse de sus brazos al oír el nombre de su amigo.

—Sí. Y le he dejado los lápices de colorear buenos que me regaló la tía Renee. ¡Tengo que irme!

—¡Tienes treinta minutos, jovencita! —le dijo Will mientras ella salía corriendo hacia la puerta—. Pídele las cosas por favor a la señora Guy y dale las gracias. ¡No olvides los modales!

Su hija levantó los pulgares hacia arriba y él observó cómo sus rizos rebotaban mientras cruzaba la calle antes de desaparecer de nuevo en el interior de la tienda de comestibles.

Jesse se acercó a él y le dio un apretón de manos seguido de un abrazo antes de acomodarse en la silla de barbero. Con una floritura, Will lo envolvió con el peinador de plástico.

—Me ha acorralado en la puerta —bromeó su amigo mientras señalaba por encima del hombro—. He estado a punto de enseñarle la placa y el carnet.

—No se anda con tonterías —contestó Will, agradecido de que Jesse estuviera ahí para ayudar a su hija a salir adelante en un momento difícil.

Tener una comunidad de personas que se preocupaban por ellos era lo único que lo mantenía a flote en el océano que era la vida como padre soltero.

La mayoría de los días pendía de un hilo tan fino como la seda dental.

Sin embargo, otros días, como aquel, le resultaba un poco menos aterrador gracias a que otras personas le cubrían las espaldas.

—Está muy grande, colega —comentó su amigo mientras él le peinaba el pelo demasiado largo. Tal como había sospechado, necesitaba que se lo lavara.

Will soltó un bufido burlón. «Grande» no era la palabra adecuada para describir en quién se estaba convirtiendo Angel. Aquella pequeña era una fuerza de la naturaleza.

—A veces se me olvida que no es más que una niña —admitió Will—. Va tan adelantada para su edad que me cuesta no compartirlo todo con ella. Me siento como si fuera mi igual.

Jesse se giró hacia él con gesto serio.

—Colega, necesitas más conversaciones adultas en tu vida. Es una niña de siete años, no tu psicóloga.

—Es mi mejor amiga. Lo compartimos todo el uno con el otro. Por eso todo este asunto de Eleanor me está reconcomiendo vivo. Hoy no ha hablado demasiado de nada, y de normal habla por los codos y, al mismo tiempo, me deja la cartera temblando.

Ante la mención a Eleanor, la sonrisa se desvaneció de los labios de Jesse.

—Gracias por atenderme un domingo. Raines nos va a hacer trabajar horas extra. Tenía que sacar tiempo para un corte de pelo antes de que me doble las horas de esta semana.

—Necesito saberlo, colega —dijo él, prácticamente suplicando—. ¿Qué nueva información hay?

Sabía que Jesse respetaba el código implícito de la barbería.

Dado que estaban solos en el local, podían hablar con libertad a sabiendas de que nada de lo que dijeran saldría de entre aquellas cuatro paredes.

En aquel momento, más que nunca, estaba apelando al vínculo que habían establecido entre ellos.

No podría soportar otro día teniendo que ver a Angel acribillando a todo el mundo, incluida ella misma, a preguntas que no podían contestar.

Jesse sacó el brazo de debajo del peinador para mirar el reloj de pulsera.

—De hecho, Chambers y Wade deberían estar en la pensión ahora mismo.

—Will le colocó la cabeza sobre el lavabo.

Se puso una cantidad considerable de champú en las manos y comenzó a esparcirle el producto—.

Raines me está presionando para que informe a la familia y ponga en marcha la investigación. Necesita resolverlo rápido.

—¿Hablaste sobre ella con alguien de la pensión?

Le enjuagó el champú y repitió los mismos pasos con el acondicionador. Entonces, hizo que Jesse se incorporara y comenzó a secarle el pelo para cortárselo.

—Eso fue lo primero que hizo Raines anoche. También hablamos con ese chico… El tal Caleb Brewster. No sabía que habías empezado un club de jardinería en el Instituto de Cinnamon Falls.

—Sí, hace un tiempo. Al principio tan solo estaba Caleb, pero entonces reclutó a un puñado de sus amigos. Son buenos chicos, me recuerdan a mí mismo cuando tenía su edad.

Jesse soltó un gruñido.

—Me sorprende que un adolescente como Caleb aceptase unirse nada más y nada menos que a un club de jardinería.

Will soltó un suspiro.

—Yo también era un chico inquieto, ¿sabes?

Lo único que me calmaba de verdad era tener las manos enterradas en la tierra.

Aprendí mucho sobre cómo controlar mis emociones al trabajar con mi padre.

Estamos en un pueblo pequeño, pero sabía que habría bastantes chicos que, como yo a esa edad, estarían perdidos.

Tan solo necesitan que alguien los empuje en la dirección correcta.

Parece una locura, pero quería ofrecerles algo que pudieran sostener entre las manos, algo a lo que, para poder cultivarlo, tuvieran que dedicarle tiempo.

El simple hecho de que no te muestren mucho amor no significa que tú no puedas mostrarlo.

—Jesse asintió con un gruñido antes de que él prosiguiera—.

Plantamos esos narcisos justo después del Fall Fest, cuando la tierra estaba fría.

Así, los bulbos tuvieron tiempo de echar raíces antes de que el suelo se congelara en invierno.

Florecieron justo a tiempo para el festival.

Nunca había visto a un puñado de chicos tan felices por unas flores, así que tuve que hacer algo bonito por ellos.

Les dije que se arreglaran y vinieran a la fiesta para ver su trabajo en directo.

Mi padre incluso les imprimió un certificado.

—Espera un momento. ¿Me estás diciendo que un puñado de adolescentes problemáticos conocía bien la pensión?

Will dio un paso atrás conforme las piezas del puzle encajaban.

—No le harían daño a nadie.

Jesse se abrió de brazos.

—Escucha, colega: como amigo, he de decir que hiciste algo increíble.

Lo más probable es que hayas evitado que tomen un camino peligroso.

Pero, como detective, voy a necesitar los nombres de todos y cada uno de los integrantes, pasados y presentes.

No es nada personal, pero tengo que seguir todas las pistas.

Will se quedó mirándolo fijamente mientras un conflicto se desataba en su interior. Por un lado, quería proteger a sus chicos a toda costa. Quería creer que eran inocentes, pero… ¿y si no lo eran?

Entonces pensó en Angel, que estaba al borde de no volver a hablar nunca jamás si Jesse no descubría qué era lo que le había ocurrido a la señora Eleanor.

Y rápido. Si su amigo necesitaba descartar a la brigada, entonces cooperaría.

Sabía que era una pérdida de tiempo, pero eso era lo que mejor se le daba a la Policía: perder el tiempo.

Le mandó un mensaje de texto a Caleb para que lo llamara lo antes posible.

Iba a encontrar las respuestas a su manera.

Will pasó junto a la furgoneta roja de Wesley Taylor mientras se dirigía hacia el invernadero de Reed & Roots. Se saludaron de un modo amistoso con la mano, pero, a juzgar por el gesto tenso del hombre, supo que fuera lo que fuese que acabase de ocurrir con su padre no había sido nada bueno.