Crimen en la pensión de las flores (Los secretos de Cinnamon Falls 2) Capítulo 6 Will #4
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Capítulo 6 Will #4

Si Will pasaba alguna vez por Main Street con Angel en el asiento del copiloto, la parada en The Cinnamon Scoop era obligatoria.

Tras la conversación que habían mantenido sobre Eleanor, su hija no tocó las tortitas que había rogado comer, pero siempre sabía cómo animarla: un Shirley Temple de vainilla.

Dos bolas del emblemático helado de vainilla de la tienda cubiertas por una generosa ración de sirope de cereza y coronadas por un refresco gaseoso que siempre hacía que su hija se tapara la nariz.

Necesitaba un momento de calma para hacer la llamada que llevaba temiendo hacer toda la mañana y Nia siempre sabía cómo animar a la pequeña.

La campanilla del techo tintineó cuando Angel entró en el fresca heladería. El local estaba vacío excepto por Nia, que se encontraba detrás del mostrador, tarareando para sí misma mientras ordenaba los diferentes acompañamientos del expositor de cristal.

—¿Es una broma? —exclamó la mujer—. ¿No es esa mi chica favorita del mundo mundial?

—¡Tía Nia! —dijo Angel con una sonrisa resplandeciente. Salió corriendo hacia la barra y se sentó en uno de los taburetes.

—¿Dónde habías estado, cielo? —preguntó ella con la mano sobre el sirope de cereza—. ¿Lo de siempre para la reina? —preguntó con voz pomposa.

El dedo índice de la niña volvió a hacer acto de presencia.

—Con extra de cerezas, por favor —le indicó.

Nia le guiñó un ojo a Will.

—Ahora mismo, majestad.

Mientras Angel y la mujer charlaban, Midnight, la gata Bombay de la familia Bennett, saltó al taburete que se encontraba junto a la niña.

—¡Midnight! —dijo la pequeña con un gritito—. ¡Hacía siglos que no te veía!

Mientras su hija molestaba al animal con preguntas sobre su paradero, Will se hizo a un lado para llamar a Tanya.

Tenía tres llamadas perdidas y dos mensajes esperándole en el buzón de voz.

No necesitaba ser adivino para saber que, al igual que todo el mundo, la madre de su hija habría visto las noticias de la mañana.

Contestó al primer tono.

—¿Te has vuelto loco, Will? ¿Dónde está mi niña? ¡Haz que se ponga! ¿Por qué no me contestaste anoche?

Will se pellizcó la nariz con los dedos para controlar el dolor de cabeza instantáneo.

—¿Quieres hablar con ella o quieres regañarme a mí?

—Voy a empezar contigo —contestó ella—. ¡Porque deberías saber que mi hija no tendría que estar en la escena de un crimen! ¿Por qué no me devolviste las llamadas? ¡Me he pasado toda la noche preocupada!

—Eran las dos de la madrugada…

—¿Pero tú te estás oyendo? ¡Dicen que hubo un asesinato! ¡Por lo que sabía, podrían haberte asesinado a ti! —Estaba seguro de que habría deseado justo eso más de una vez en su vida—. ¿Qué demonios estabas haciendo con Angel en la escena de un asesinato?

—No vio nada —mintió él—. La metí en la cama antes de que llegara la Policía y lo precintara todo.

—Tiene siete años. ¡Ni siquiera tendría que saber qué aspecto tiene la Policía! —gritó Tanya.

Will cerró los dedos con fuerza en torno el teléfono.

—¿De verdad quieres hablar conmigo sobre eso?

—Apretó los dientes y bajó el tono de voz para que Angel no pudiera oírlo.

Tanya no contestó, pero podía oír su respiración entrecortada al otro lado de la línea—.

¿Necesitas que te recuerde el día que me otorgaron la custodia individual cuando te quedaste dormida al volante mientras ella iba en el asiento trasero?

¿O es que esa ocasión se te ha olvidado?

—Eso no es justo, Will. Estoy…

—Lo que no es justo es que yo tenga que hacer todo esto solo.

Lo que no es justo es que sea yo el que tenga que explicarle a nuestra hija, la de ambos, que su persona favorita ya no está viva.

Hice lo que pensaba que era lo mejor, ¿de acuerdo?

Lo de anoche fue una locura y que cuestiones todos y cada uno de mis actos no hace que sea más fácil.

Mi trabajo es protegerla y eso significa que soy yo el que decide lo que hace y dónde va hasta que tú recuperes la estabilidad.

En aquel momento Tanya estaba llorando. Podía oír sus llantos y gimoteos a través del teléfono.

Nadie en todo el planeta podía lograr que reaccionara del mismo modo que ella.

Sabía que su ira era una emoción secundaria.

Bajo ella, estaba increíblemente decepcionado por la persona que Tanya Jackson había resultado ser.

Habían albergado muchos sueños y ella los había destruido todos en el momento en el que había puesto a Angel en peligro.

—Ya no soy la misma persona, Will —dijo ella con un sollozo ahogado.

—Espero que así sea —contestó él de forma seca. Ya había oído lo mismo en el pasado.

Se quedaron en silencio un instante y Will se preguntó si habría hablado demasiado.

Estaba enfadado, sí, pero nunca había pretendido hacerle daño a Tanya.

Era la madre de su hija y tan solo quería lo mejor para ella, de modo que pudiera estar presente para Angel.

Fueran cuales fuesen los sentimientos que hubiesen albergado el uno por el otro, se habían esfumado tiempo atrás, pero, en el fondo, todavía la quería. Era parte de la familia.

—Necesito verla —declaró la madre.

—Va a ser la primera semana de clases tras las vacaciones de primavera. No puedo sacarla de su rutina ahora mismo. La llevaré a Macon, a casa de tu madre, este fin de semana, ¿de acuerdo?

—Está bien —contestó Tanya—. ¿Puedo hablar con ella?

—¡Melocotoncito! —Will llamó a su hija por encima del hombro y le tendió el teléfono. Angel se bajó del taburete de un salto con Midnight apretada contra el pecho—. Ven a saludar a tu madre.