Crimen antes de Navidad Maggie
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Maggie

Maggie

Su intención era avivar el fuego (quizá acomodarse un poco el cabello), pero, en cuanto se vio a salvo en su habitación, se puso a caminar de un lado para otro.

Tenía que esconder el reloj en algún lugar oscuro y secreto.

Tenía que ponerlo en una de las estanterías, totalmente expuesto y escondido a simple vista.

Tenía que cepillarse los dientes, cambiarse la ropa interior por algo de lencería y también volver atrás en el tiempo y convertirse en el tipo de persona que se compraba lencería.

Había mil y una cosas que Maggie debería estar haciendo, pero, como no podía decidirse por ninguna, siguió caminando de aquí para allá.

Hasta que se detuvo.

Aunque ya se había guardado la linterna en el bolsillo, el fuego seguía ardiendo con fuerza y, gracias al brillo naranja de las llamas, distinguió su portátil y un montón de cables que sobresalían de su maleta. Y entonces lo recordó: los portátiles funcionaban con batería.

—Venga, venga, venga —se puso a canturrear dos minutos después, mientras esperaba que se encendiera el portátil.

Encontró el adaptador y el cable correcto para conectar la cámara de vigilancia y, de pronto, volvía a estar en el pasillo, contemplando la puerta del despacho de Eleanor en blanco y negro.

Tiró hacia atrás la grabación y vio al reloj retrocediendo en el tiempo.

De forma literal, pero también figurada.

Se vio a sí misma avanzando por el pasillo junto a Ethan, solo que al revés y demasiado rápido.

La noche se convirtió en día y luego en noche de nuevo.

Vio a sir Jasper entrando en el despacho, y una parte de ella quiso gritar, advertirle.

Pero era demasiado tarde, porque el pasado no se podía cambiar.

Tan perdida estaba en sus pensamientos que le llevó unos segundos darse cuenta de que se había pasado, por lo que le dio al play y se quedó viéndose a sí misma durante la primera noche, discutiendo con Ethan.

Casi podía sentir su aliento en la nuca y oír lo que le susurró.

«Nunca he tenido ningún problema para reconocerte».

Para cuando se vio alejándose, ya se le había erizado toda la piel de los brazos.

Durante un rato, el pasillo se quedó vacío y a oscuras. Distinguía la esquina de la bandeja en la pantalla. Estaba justo ahí. Abandonada hasta que...

Una sombra pasó frente a la cámara, demasiado cerca y deprisa para verla con claridad, y a Maggie le llegó el recuerdo de que nunca había sido muy fan de las películas de miedo.

Sabía que tendría que esperar a Ethan, pero la sombra en la pantalla le mostró que había alguien inclinándose sobre la bandeja.

Un poquito más y podría ver de quién se trataba.

Si tan solo se moviera un paso o dos. Si...

El pomo giró y la puerta se abrió. Y allí estaba Eleanor, enmarcada por la luz, como con un halo. Entre risas y sonrisas, muy contenta. Y... allí. Eleanor seguía allí, y Maggie le puso pausa. No porque quisiera congelar la imagen, no. Sino porque quería congelar el tiempo.

Nunca había conocido un mundo sin Eleanor, pero tras su desaparición... Eleanor había desaparecido y era posible que nunca más volviera y...

Los ojos le escocieron y se le llenaron de lágrimas que le resbalaron por las mejillas y que ni siquiera se molestó en secarse con la manga.

Estaba demasiado ocupada contemplando la última imagen de Eleanor Ashley, intentando grabársela a fuego en el cerebro.

Una imagen de ella riendo y sonriendo y...

Le dio al play .

Aceptando la bandeja de alguien que le daba la espalda a la cámara.

Hasta que ese alguien se movió. Giró. Y, en aquella ocasión, cuando Maggie puso pausa, la imagen se detuvo en el rostro sonriente de Ethan Wyatt.

Era todo muy absurdo. Tenía que ser un error. Estaba decidida a quedarse allí hasta encontrar alguna especie de explicación racional porque...

El suelo crujió. Un dolor lacerante le invadió la cabeza y, un segundo después, sintió que caía. Se estaba quedando dormida.

Y luego ya no estaba.