Creer tambiés es volar Capítulo 78
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Capítulo 78

Abián

C

uando Abián descubrió a Lovecraft, sintió una conexión enorme, como si aquel ser humano le hablara a través del tiempo y la distancia y esos lugares recónditos donde creía perderse cuando sentía que no era capaz de volar.

Lovecraft era él cuando quería escapar de su realidad y los mundos que creaba eran el suelo que pisaba, el frío que le atenazaba los huesos, la soledad que no alimentaba nada, que era como comer aire en una isla que no se parecía a Nunca Jamás.

Se perdió en calles oscuras y hediondas, caminó entre criaturas que parecían humanas, pero que no lo eran.

Así descubrió a los Profundos, esos seres que eran anfibios que habitaban en el fondo del océano y adoraban a Cthulhu, el monstruo de los monstruos.

Eran como los humanos, pero con la piel húmeda y resbaladiza, de tono verdoso, con branquias en el cuello, ojos brillantes que no parpadeaban y ausencia de orejas.

Cuando Abián leyó sobre ellos por primera vez, dejó de ver a su madre como lo que era, incluso se olvidó de las posesiones y de Regan.

Su madre era un Profundo que adoraba a Cthulhu y esa imagen de ella nunca cambiaría, ni siquiera tras la muerte del monstruo.

La veía y solo podía apartar la mirada de esos ojos saltones, esa piel húmeda y fría que olía a casa abandonada, esas cavidades en oídos que nunca habían escuchado sus gritos ni los de su hermana y esa boca capaz de echar un humo negro y mortal.

Y luego esas manos afiladas, y esos pies, que estaban ahí pero no estaban.

No se movían, no los protegían, no hacían nada.

Nada.