Capítulo 76
Rayco
Nota de audio:
«¿Te has fijado en lo que pasa mientras no pasa nada?
Ya, sé que suena raro, y quizá ando un poco nostálgico; pero, no sé, antes, cuando estabas aquí, no necesitaba fijarme en esas cosas.
Tú lo ocupabas todo, y no lo digo en plan mal, ¿eh?
: todo lo contrario. No importaba si llovía o si tenía que barrer, o si el vecino tenía la música alta; no importaba nada más que los centímetros que me separaban de ti.
Era muy difícil mantener las distancias, sobre todo cuando empecé a darme cuenta de cómo me mirabas.
Y después estaba tu olor. Hueles a sueños, ¿sabes?
A ese momento en el que te metes en la cama, agotado y sin fuerzas, y respiras muy hondo y te empiezas a quedar dormido.
A eso hueles. Recuerdo cómo movías los pies hacia mí porque sabías que los míos estaban siempre fríos y querías que estuviéramos a la misma temperatura.
Y ahora… estoy mirando y solo veo la forma de tu cuerpo en el sofá, la camiseta de John Constantine que te dejaste, y tus cómics, y los libros subrayados que no dejo que mamá ni nadie coja, porque es como si te vieran desnudo y no creo estar preparado para que otros te vean como yo lo hago.
Y es una tontería, porque fijo que tienes a alguien que te ve más y mejor, pero, no sé, la esperanza está hecha de raíces que no dejan de crecerme en el pecho.
Y sé que la cagué mucho, pero estoy aquí, Abi, y ojalá vuelvas algún día.
Solo quiero que sepas que, sin ti, los relojes suenan más alto, y siento que el cocodrilo se acerca demasiado deprisa y que me alcanzará y que me comerá.
Te echo de menos, Abi. Cada. Puto. Segundo».
Nota de audio:
«Hola. Dirás que soy un pesao
, que no quieres escucharme ni
verme ni saber nada de mí. Me lo dejaste claro cuando te escribí nada más marcharme, y cuando te llamé, y cada vez que le pido a tu hermana que te diga que quiero que nos veamos.
Lo sé, Abi, pero necesito hablar con alguien.
Han pasado años y no consigo olvidarte. Te diría que lo intenté, pero te estaría mintiendo.
La verdad es que solo se me pasa por la cabeza cuando siento que el dolor es una mierda, pero enseguida me dejo de tonterías.
Nunca voy a olvidarme de ti porque no me sale de los huevos.
Hala. Ya lo he dicho. Te jodes. El caso es que hoy es peor.
Hoy menos que nunca puedo olvidarte, Abi, porque es tu cumple y siempre me acuerdo de ti.
Siempre. Y si no, pues tengo a mi madre que se encarga de hacerlo, o a tu hermana, o las escaleras que dan a tu casa.
Que sí, que sé que no es tu casa, que nunca lo fue, pero me llevaban a ti.
Estabas ahí y no sé en qué momento dejaste de estar.
Me duele pensar que nunca voy a volver a cruzarme contigo, que nunca volverás a estar ni ahí ni en nuestra casa ni en mi vida.
Perdón. Me cuesta hablar. Bebí un poquito.
Digamos que la botella de ron miel y yo fuimos muy felices durante…
hum, diez minutos. Imagínate lo que se puede beber en diez minutos.
Lo dejé con mi último novio, ¿sabes? Bueno, en realidad fue él quien me dejó.
Me dijo, y cito palabras textuales, que tengo “el corazón más seco que una mojama”.
La cosa es que no es la primera vez que me lo dicen.
Empieza a ser un disco rayado y estoy cansado.
Que solo tengo veinticuatro años, joder.
Qué difícil es retener el amor. Mamá dice que es una tontería mía, que el amor no se pesca y que, en todo caso, yo ni siquiera sé usar una caña.
Dice que paso de todo y que poco puede hacer el amor si no pongo de mi parte.
¿Te puedes creer? Madres para esto. Me costó creer que tenías novia, ¿sabes?
Y que vivías con ella. Cuando te vi…, no sé.
A ver, sé que te gustan las dos cosas, pero, no sé, después de todo me cuesta imaginarte con una chica.
Sé que hubo chicas en el insti, pero luego te enrollaste con aquel tío, Mati, que es guapísimo, aunque no tanto como tú (ni como
yo, claro, la verdad por delante). Y después pasó lo nuestro y…
Uf, Abi. Sé que la jodí al marcharme como lo hice.
Sé que no me merezco que me perdones ni me vuelvas a hablar en la vida.
Lo sé, ¿vale? Pero necesito que me hables.
Necesito que vuelvas. Mira. Creo que tú eres la razón por la que soy incapaz de pescar el amor.
No te echo la culpa ni mucho menos, pero no puedo pensar en nadie si tú no estás en mi vida.
Eres mi familia, Abi, y te echo fleje de menos.
Pienso en ti todos los días, más de una vez.
Imagínate cuánto es eso. A veces me pregunto si solo soy yo, si alguna vez piensas en nuestra infancia, en lo que rompimos, en lo bonitos que éramos juntos.
Te echo fleje de menos. Feliz cumpleaños».
Nota de audio:
«Hoy compré rosas rojas para llevarlas al cementerio. Eran las favoritas de mi madre, la otra, la que no conocimos ninguno de los dos. No sé si lo has visto, pero Néstor de la Torre tiene un cuadro llamado La hermana de las rosas
. Era su favorito porque decía que le recordaba a mamá, su feminidad, la pasión con la que vivía incluso cuando escondía quién era.
Cada vez que lo veo, me imagino a mamá entrando en ese bosque de flores rojas, buscándola a ella entre todas esas sombras que parecen vivas.
Y creo que eso es el amor, Abi: entrar en un bosque oscuro en el que quizá no encuentres nada y solo te pierdes.
No hay garantías, solo rosas y ese olor que se te mete dentro mientras buscas y buscas todo el tiempo.
Creo que el amor es buscar hasta que encuentras algo o hasta que no encuentras nada.
Cuando volví a casa, cogí el segundo ramo que compré y me metí en el armario de la habitación grande, donde tantas veces nos escondimos de chicos.
Cerré la puerta, me abracé a las flores y respiré fuerte su olor.
Y puede que nunca llegue a encontrar el amor, pero fue como entrar en el bosque de los recuerdos y encontrarte a ti».