Creer tambiés es volar Capítulo 62
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Capítulo 62

Abián

M

e habla de las grietas una noche cualquiera en la que baja a tirar la basura y me encuentra sentado en el parque, escuchando en bucle Black

, de Pearl Jam, que es como si alguien me dijera las verdades al oído a gritos. Me explica lo que vio cuando nos conocimos, lo que ve ahora, lo que cree que pasará.

—Así que crees que voy a romperme o algo así —digo con una sonrisa cansada.

Todo mi cuerpo está cansado. Apenas dormí tras llegar del trabajo y tuve que limpiar un poco la pocilga en la que vivimos y acompañar a mi hermana a la casa de una amiga donde va a pasar la noche.

Luego me volví al bloque y me senté en el parque a coger un poco de sol.

Y ahí me encontró Rayco de camino al coche.

—Creo que una ayuda no te vendría mal. Te empeñas en hacerlo todo tú y…

—¿Vas a ayudarme tú? Apenas paras en casa ya —le recuerdo—. Vas a trabajar, maquillas y sales. ¿Quieres hacer de niñera o es que quieres que lo haga tu madre? Tu vieja ya hace bastante, joder.

La mirada que me dedica me dolería si me quedara espacio para más dolor, pero es que, con este cansancio, no me cabe nada más. Necesito dormir y no despertar en…

—No hables así.

Me río. Elevo la vista. Qué alto parece ahí, de pie, delante de mí, y qué enfadado. Qué guapo.

—¿Te molesta el «joder»? Venga ya, Ray, pero si eras tú el de

las palabrotas.

—Me molesta el tono. Hablas como los del barrio.

Me encojo de hombros.

—Son mis colegas.

—No. Solo es gente con la que estás para no estar en tu casa. Y lo entiendo, pero…

Me levanto y él retrocede; me como su altura y parte de su determinación y me pregunto si piensa que le voy a hacer daño, si me cree capaz, si de verdad empiezo a parecerme a él. Y el cansancio se va como ha venido y llega el dolor, ese amigo que es como un parásito que me acompaña siempre.

—Deja de hacer eso. Deja de analizar todo lo que hago.

—Mírate, Abi. Tienes ojeras y los ojos rojos y estás en la calle cuando puedes, no sé… estar en mi casa.

—No soy tu responsabilidad, ¿sabes? Además…

—¿Qué?

—Tu novio está arriba.

—¿Y qué si está? Además, ya se fue.

No se fue, no. Su presencia sigue ahí, su olor sigue ahí, la verdad sigue ahí, pegada a las paredes de cada habitación, recordándome que no soy nada, que nunca seré nada para él, que jamás me mirará como lo hizo aquella noche por el alcohol o la confusión o a saber qué. Un error: eso fui, eso soy.

—Y tu madre está durmiendo.

Él salva los pocos centímetros que nos separan y me sujeta la cara con ambas manos.

Su contacto me sacude por dentro. ¿Cuándo fue la última vez que me tocó?

¿Cómo puedes echar de menos a alguien que está aquí, a tan poca distancia de ti?

Cómo. Tengo diecisiete años y él veinte. Sé que ni siquiera me ve, pero aun así…

—Ponme una excusa válida y a lo mejor te hago caso.

—Necesito poder cuidar de mi hermana y de mí mismo. —Lo sujeto de las muñecas para apartarlo—. Estás aprendiendo

muchas cosas, vas a llegar lejos en lo tuyo. Yo… solo quiero aprender a salir adelante solo. Quiero dejar de tener miedo de caerme todo el rato.

—Puedes caerte. Solo tienes diecisiete, Abi.

—Ni se te ocurra decir que soy un niño, porque no lo soy.

—Sé que no lo eres. Sé que hace tiempo que dejaste de serlo. Y sé que trabajas y ahorras y que lo haces todo por tu hermana. Eres la persona más valiente que conozco. Pero también sé que te han visto fumando, y bebiendo, y vete a saber qué más. Tú no eres así, Abi.

—¿Como mi padre, dices? —Lo suelto y ahora soy yo quien retrocede, asustado, no de él sino de lo que ve en mí—. Puedes decirlo. No es nada que no haya pensado antes.

—Ya sabes lo que opino sobre eso. Odias tanto la idea de parecerte a él que acabas imitándolo. Y mientras lo haces, las grietas siguen creciendo. ¿Es que no te das cuenta? ¿A dónde quieres llegar?

Lo miro. La rabia se me atora en la garganta, y el miedo, y el rencor.

—¿Qué más da? Algunos solo aspiramos a llegar. El sitio es lo de menos.

«El sitio es lo de menos».

Mis palabras me acompañan calle arriba y lo siguen haciendo cuando me meto en la casa de Mati, en la cama de Mati, en el cuerpo de Mati.