Capítulo 58
Itahisa
N
o llegó a haber denuncia después de aquello.
Resultó que la Policía cogió al monstruo y lo encerró en la cárcel, no por pegar a su hija, sino por otras cosas que decían que eran igual de malas, aunque Itahisa dudaba que hubiese algo peor que levantarle la mano a un hijo.
Y el alivio les llenó los corazones y la casa se quedó en silencio y todos pudieron limpiar, y respirar, y tener un poquito de paz.
Al año siguiente, Itahisa los llevó a la gala drag queen
del sur. No era la primera vez que iban, tanto a las del barrio como a la de los carnavales de Las Palmas, pero sí una de las pocas en las que se quedaba con ellos durante todo el espectáculo.
Casi siempre los dejaba un rato allí sentados con alguien de confianza que también tenía niños para estar con sus amigas al otro lado, o para ayudar, o para acompañar a Rayco, que cada vez estaba más dentro del mundillo.
Itahisa no quería perderse la cara de los niños, cada vez menos niños.
Quería verlo todo: cómo abrían bocas y ojos, cómo el brillo se reflejaba en sus miradas, cómo volaban.
Porque estar en un lugar así te hacía creer, aunque Abián se estuviera olvidando de hacerlo.
Los relojes se apagaban, el tiempo se detenía y tú te quedabas ahí, en ese mundo divino donde estaba prohibido crecer.
Rayco también se quedó con ellos ese día.
Los había maquillado a todos, poniendo especial cuidado en Henar, porque era la más ilusionada de los cuatro.
Y cuando el espectáculo terminó, Henar tenía los ojos muy brillantes y la magia le burbujeaba dentro.
Con una mano se agarraba bien fuerte a su hermano y con la otra, a Itahisa, y, por un momento, solo un instante fugaz, ella pensó que volaba.