Capítulo 49
Henar
H
enar se empezó a hacer pis en cuanto se mudaron a Cruz de Piedra. La casa nueva le daba miedo, su padre le daba miedo, los amigos de su padre le daban miedo; que ni su madre ni su madrina durmieran con ella le daba miedo; la oscuridad le daba miedo; y los ruidos, eso le daba muuucho miedo.
Cada noche, Henar le pedía a su hermano que le diera la mano y le preguntaba que cuál era su pensamiento alegre y él siempre le decía que era ella y la agarraba bien fuerte para que el miedo se le fuera bien lejos.
Henar se dormía pensando en que esa noche no mojaría la cama, porque su hermano estaba con ella y nunca estaría sola, porque era una niña y los niños creían y ella creía mucho y muy fuerte.
Pero entonces se despertaba tiritando y se daba cuenta de que se había hecho pis y de que la cama estaba fría y no podía dormir.
Empezaba a llorar bajito, como hacía siempre que algo le dolía, y su hermano bajaba y le besaba la frente y no dejaba de repetir «no pasa nada, nenita, no pasa nada» mientras la ayudaba a cambiarse de ropa.
Abián limpiaba el colchón con lejía y jabón, le daba la vuelta, ponía sábanas limpias y se acostaban otra vez y ella no volvía a hacerse pis esa noche, pero sí la siguiente, y la siguiente, y la siguiente.
Cuando se lo contó a Itahisa, ella le compró un despertador y se lo puso al lado de la mesita de noche. Le dijo:
—¿Oyes el tictac? Es el cocodrilo, avisando de que viene. Cada vez que suene, vamos al baño y hacemos pis, ¿vale?
Henar sonrió y le dio un abrazo y le dijo «tequierotequierotequiero», porque de verdad que la quería, aunque no la conocía mucho todavía. Itahisa no puso el despertador aquella noche, el cocodrilo no vino a buscarla y
Henar no se hizo pis nunca en su cama.