Capítulo 44
Itahisa
I
tahisa no les dio la charla sobre sexo, al menos no al principio. En su lugar, los sentó en el salón de casa uno de esos días en los que Henar estaba con la madre. Encendió la tele y puso Pose
, una de sus nuevas series favoritas, con sus luces y sombras, con sus reinas y sus bailes y todo ese amor. Encadenaron capítulos mientras ella se levantaba para hacer más roscas, o llenar los vasos, o coger aire. Porque la serie siempre la hacía quedarse con los pulmones secos.
Sus niños la vieron con las mejillas llenas de sueños, los hombros tensos y los ojos llorosos. Era dura, bastante, justo para que captaran el mensaje, pero también hermosa como lo son las mejores cosas en esta vida. Porque siempre hay belleza incluso en lo cruel.
La vieron en un fin de semana y, cuando terminaron, Itahisa sacó un par de cajas de condones de la mesa de centro y los dejó delante de ellos.
Y les habló a su manera sobre la importancia de cuidarse y lo arriesgada que puede ser la confianza, y que no siempre conoces a una persona, aunque creas que sí, y que el amor es muchas cosas, pero también traicionero. Y que se cuidaran, eso lo dijo mucho.
—Ustedes cuídense siempre, mis niños, sobre todo ahora que son tan jóvenes. Ya serán adultos y vendrán las parejas estables, pero, mientras tanto… El calentón no dura mucho, es un visto y no visto, pero las consecuencias se quedan.
Luego se llevó los cuencos a la cocina y ellos se quedaron ahí, aún con la tristeza en la tripa y la vergüenza en las caras.