Creer tambiés es volar Capítulo 43
43%

Capítulo 43

Abián

- ¿

R

ay?

—¿Abi?

—¿Cómo se decide quién hace de chica?

Estamos viendo una peli de un aristócrata antipático, pero rubio y muy guapo, al que le gusta el hijo de una sirvienta que también es muy guapo y antipático, pero solo con el rubio, y yo no dejo de pensar en chicos que se besan y se quieren y se tocan y apenas me entero de nada más allá de las miradas que se echan y esa manera tan intensa en que viven su amor.

Rayco me mira como si me hubiese convertido en la cosa del Pantano y después se ríe.

—Hablas del sexo.

Me pongo colorado.

—Hablo de todo, de dos chicos siendo novios, ya sabes —digo y señalo la pantalla, donde el moreno estampa contra la pared al rubio borde y le come la boca.

Rayco se gira un poco; su rodilla me presiona el muslo cuando alarga el brazo y coge el mando para detener la película, que se queda congelada en un beso interminable.

—¿Por qué tiene que haber una chica? ¿Por qué no pueden ser solo dos chicos y ya está? ¿Crees que ser uno es mejor que otro o qué? Los roles entre mujeres y hombres existen de toda la vida, y entre las parejas gais es lo más común del mundo. ¿Activo o pasivo? Odio que me hagan esa jodía

pregunta, como si lo importante fuera quién le mete la polla a quién y lo demás diera lo mismo. —Resopla.

«Roles». «Parejas gais». Se me forma una bola de nervios en la

tripa.

—No he dicho que haya uno mejor que otro.

—Pero lo piensas.

—No lo pienso. Es que sé cómo es el sexo con chicas y entre chicas, por los vídeos que ponen los pibes del insti cuando vamos a casa de Mati y no hay nadie, y hace unos días nos puso uno de dos chicos y uno estaba encima del otro y le gritaba que era una zorra y cosas así. No sé, parecía una chica.

Ahora me arden las mejillas; la mirada de Rayco me arde y también el modo en que me clava los dedos en el muslo.

—Mati, ¿eh? —Resopla tan fuerte y está tan cerca que me hace cosquillas en el cuello—.

Y dime, ¿crees que yo soy una chica? ¿Crees que por maquillarme y por vestirme de reina y no esconderme soy menos hombre?

Dos chicos que se quieren son dos chicos, y lo siguen siendo después de follar.

Y da igual que le grites a tu novio que es una zorra cuando estás en el tema; hay gente a la que le gustan esas cosas.

Ya sabes. La humillación, los insultos y todo eso; y en el porno es lo normal.

Son solo palabras que se van cuando te corres.

—Suspira hondo y yo siento cómo la presión en mi muslo se suaviza—.

El caso es que puedes estar encima o debajo, y puedes no estar de ninguna forma, y seguirás siendo hombre si es lo que eres.

Me atrevo a mirarlo. Tiene el pelo anudado en un moño alto y los mechones le caen por el rostro, la nariz roja por esa gripe que lo ha acompañado durante toda la semana, la camiseta veinte tallas más grande manchada de pintura aquí y allá, los pantis de licra llenos de agujeros en los muslos y en las rodillas, y a mí me parece que nunca ha estado más guapo.

—No te enfades.

—No me enfado —dice, y vuelve a poner la película y el beso se acaba porque alguien entra y los interrumpe, y qué mierda todo—. Pero si algún día te gusta un chico, nunca lo veas como una chica a menos que te diga que lo es. Nunca, Abi, o le romperás el

corazón.

—Vale.

—¿Algo más que quieras saber?

—Muchas cosas.

—Pues otro día me preguntas. Ahora no tengo ganas.

—Te enfadaste.

—No, bobo, pero es absurdo preguntar algo así. Y sé que tú no tienes maldad dentro, pero imagínate esos pibes con los que te juntas… Dime, ¿qué dijeron cuando vieron a esos tíos follando?

No contesto.

—En fin, otro día me preguntas —repite Rayco.

—Vale.

No lo hice, y después lo acabé por descubrir y ya no necesité hacerlo.