Creer tambiés es volar Capítulo 37
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Capítulo 37

Abián

D

escubro la tienda de cómics un día de excursión.

Nos llevan a Vegueta, al casco antiguo; pisamos pasado mientras nos hablan de él.

Entramos en la iglesia de Santa Ana, recorremos las calles antiguas, miramos balcones, soñamos.

Nos llevan a la biblioteca de Las Ranas y, al atravesar la calle Peregrina de camino a San Telmo para coger la guagua, oigo gritos.

Los demás se paran, los profes nos dan permiso para entrar si queremos.

No todos lo hacen. Cuando me doy cuenta de lo que es, ya estoy dentro con los ojos y la boca bien abiertos.

La librería es estrecha y alargada y parece un búnker y el mostrador está tan lleno de cosas que no parece un mostrador, y los cómics están en todas partes y no sé a dónde mirar, porque quiero verlo todo y el cocodrilo con su tictac me echa el aliento en la nuca y no quiero irme.

El suelo es mitad laminado y mitad de parqué y hace crac, crac, crac cuando pisas y también hay muñecos, y figuras, y llaveros, y más cómics en cajas por el suelo, y discos viejos en el fondo, y juegos de mesa que llegan al techo y todo huele como huelen los sueños, a historias que no conoces pero en las que quieres perderte. Estoy en un sueño.

Tantas vidas encerradas, tantos mundos, tantos héroes… El librero me pregunta que si me puede ayudar y le digo que sí, que quiero la grapa nueva de Superman. Le doy el dinero que tengo para comer y me la llevo para regalársela a Rayco.

A partir de entonces, ese lugar pequeño y destartalado se convierte en un refugio, en mi Nunca Jamás particular; un lugar donde la vida no me pesa, donde no hay una hermana a la que tengo que proteger, donde no importa que tus padres

no te quieran, ni esa hambre de cariño que te va mordiendo por dentro hasta crear un agujero en la barriga que te sube hasta el pecho, donde no hay un Rayco que no me quiere, ni preocupaciones ni futuro ni nada.

Aunque ahorro cuanto puedo, no siempre me da para comprar, pero me paso a ver y a saludar y los libreros son simpáticos y uno me habla de Superman, porque es su favorito, y de otros cómics que no son de superhéroes y que yo no conozco.

Hay tanto arte... Tanto… Y rezo porque ojalá en otra vida pueda hacer algo así: dibujar la libertad en las páginas de un tebeo como hace Rayco en la piel de los demás.