Capítulo 34
Rayco
D
ecepcionante, así fue la primera vez de Rayco. Y dolorosa. Y un poco vergonzosa. Y todo a la vez.
Fue con su segundo novio y, aunque se habían preparado, en la práctica estaban bastante verdes.
Rayco estaba nervioso y el chico tenía demasiadas ganas.
Se lo hizo de espaldas, siguiendo los pasos de los vídeos que habían visto.
Se suponía que todo estaba bien, pero no lo estaba.
Lo intentó muchas veces sin conseguirlo.
El novio sudaba y las gotitas se le caían a Rayco en la espalda y él las sentía bajar y bajar hasta colarse entre sus nalgas, y pensó que acabarían dentro de él mientras su novio empujaba y no entraba.
Cuando por fin se abrió paso en su interior, Rayco sintió frío, aunque por dentro estuviera ardiendo; un frío que se extendió por todo su cuerpo y lo dejó entumecido.
Gritó por dentro, pero por fuera se quedó bien callado.
Inmóvil. No podía hacer nada más que respirar y esperar.
A que dejara de doler, a que terminara. El dolor siguió y se convirtió en otra cosa.
Y cuando algo brillante le llenó los párpados, todo acabó.
Su novio salió de él y quiso ayudarlo a terminar, pero Rayco no tuvo ganas.
El frío seguía pegado a su piel y se levantó con las piernas temblorosas para limpiarse el lubricante y la sangre.
Su novio lo besó y él le respondió por pura inercia.
Luego se marchó a su casa. Se dio un baño y se metió en la habitación donde Abián dormía junto a su hermana. Lo abrazó por detrás y se apretó contra él. Abián suspiró y le clavó los dedos en el antebrazo, y Rayco sintió que todo estaba bien.
Fuera, el cielo comenzó a llorar con pereza, las persianas temblaron por el viento y un gato maulló. La vida seguía, el mundo giraba, el tictac no se oía, pero estaba ahí. A Rayco no
le importaba. No le importaba nada mientras pudiera quedarse ahí, apretujado contra Abián Machado, su mejor amigo.