Capítulo 22
Abián
- ¿
P
or qué te gusta tanto Superman? —le pregunto una noche a Rayco.
Es muy tarde y su madre nos obliga a dejar de leer y apagar la luz, porque al día siguiente nos va a llevar a Galdar para ir al museo y parque arqueológico Cueva Pintada, y también al Faro de Sardina.
No sé cómo convenció a mamá cuando la ira del monstruo no ha hecho más que crecer y crecer durante todo el verano; tampoco quiero saber, solo ir, estar con los Arocha y con mi hermana y que el tiempo se estire hasta desaparecer—.
¿No te parece que está un poco aplatanao
***
La voz de Rayco suena estridente en la silenciosa habitación y nos reímos cuando Itahisa golpea la pared para que nos callemos. La nena duerme con ella y yo deseo que todos los días sean así, que mi familia sean ellos, que los monstruos solo existan en los tebeos.
— ¿Aplatanao
? —repite, y la voz le sale tan aguda que tengo que taparme la boca con la almohada para que mi risa no se oiga en todo el bloque.
—Es un soso, Ray. No me digas que no.
—¿El ser más fuerte de la Tierra te parece soso?
—No es de la Tierra.
—Es un extraterrestre, pero con residencia en la Tierra. —Empieza a recorrerme el contorno de la cara con las yemas de los dedos y yo cierro los ojos y muevo el cuello para que siga—. Dime qué es lo que no te gusta del pobre Superman.
—Es que lo tiene todo y no hace nada. Se esconde incluso cuando todos lo ven. No lo entiendo.
Rayco se ríe. Yo sigo con los ojos cerrados y siento esa cosa rara como de tener hormigas por la piel, que suben y bajan y van en todas direcciones. Rayco acerca los labios a mi frente y me besa como beso a mi hermana, pero no es igual porque no lo siento igual.
—Lo entenderás cuando seas más grande.
—No soy un niño chico —me quejo, y abro los párpados para ver el fuego llameando en sus pupilas.
—No, pero aún eres chico para entenderlo.
—¿Entender el qué?
—Lo valiente que es una persona cuando puede hacer daño y no lo hace.