Capítulo 11
Henar
A
Henar no le gustaba su padre porque daba miedo y olía mal y gritaba y siempre estaba enfadado, así que fingía no verlo.
Hacía como esas veces en las que aparecían monstruos en su cuarto que resultaban ser sombras que desaparecían al encender la luz, o cuando su hermano le daba la mano, o cuando su madre estaba bien y dormía con ella.
Todo lo que Henar conocía de su padre lo sabía porque escuchaba a su hermano.
Sabía que solo se dormía con la tele encendida, que le gustaba beber Tropical en lata, que fumaba mucho, que no trabajaba porque tenía el pie malo, que era fan del Madrid y que hablaba en el idioma de los gruñidos.
También sabía que no le tenía miedo a nada y que no le gustaban los niños.
Esa parte Henar no la entendía. En el cole, la tutora les hablaba de la familia y de lo importantes que eran los lazos, el respeto y el cariño, y ella se fijaba siempre en que los padres de sus amigos iban a buscarlos y les compraban cosas y jugaban con ellos y les leían cuentos por las noches. Pero su padre no era así.
Cuando se lo preguntaba a su hermano, a Abián se le ponía una mueca rara y la cara se le encendía.
Se parecía mucho a la de su padre cuando ella se vestía de Campanilla y hacía que volaba por el pasillo de la casa, y él le gritaba que parara y le lanzaba las playeras que olían mal cuando no le hacía caso.
Henar se preguntaba entonces si su hermano sería como él algún día, si también gruñiría y si no le gustarían los niños y si llegaría a tenerle miedo. Ojalá que no.