Creer tambiés es volar Capítulo 8
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Capítulo 8

Henar

T

odos los niños, salvo uno, crecen.

Henar se quedó con eso la primera vez que vio Peter Pan

y también las veces en que su madre se sentaba a leérselo. Eran pocas, y lo normal era que su hermano acabara los capítulos porque eran largos y su madre siempre tenía sueño, o prisa, o cosas de adultos que Henar no entendía.

Los niños crecen, pero Henar todavía era chica y no lo entendía. Cuando veía Hook

, con ese Peter Pan

grande y lleno de arrugas, se sentía como una niña muy pero que muy perdida y no le gustaba nada la sensación.

No le gustaba saber que aquel niño que estaba exento de crecer lo había hecho, que era padre y siempre estaba ocupado y no era cariñoso y parecía que no quería a sus hijos.

Henar era muy cariñosa, la hacía feliz que le dieran la mano y que la arrullaran y que la abrazaran.

Que le hablaran bajito y no a gritos como hacía su padre.

Que le quitaran el miedo cuando pensaba que la casa se llenaba de monstruos.

No quería que la gente se hiciera grande, porque la gente grande estaba muy arriba y ella tenía que subirse a una silla para saber lo que estaban mirando y no siempre le gustaba lo que veía.

Y luego estaba lo de volar. Los niños volaban alto, altísimo, y hacían cosas que los adultos no hacían, como ponerles voces a los muñecos o perder el tiempo. Los adultos nunca perdían el tiempo en nada, y tampoco soñaban.

Henar no quería crecer ni dejar de volar. Tampoco quería que su hermano lo hiciera nunca. Abián era un niño perdido, como ella, y mientras lo fuera, todo estaría bien.

Pero los niños crecen, y su hermano, que no había cumplido los trece, estaba perdiendo la capacidad de volar. Y Henar se sentía

tan enferma como un hada cuando un niño dejaba de creer en ella.