21 Diciembre #2
Josépha señala el Une , un periódico que hay sobre el edredón.
–Es demasiado pequeño para leer la fecha –protesto.
Escribe el nombre del periódico, añade «5 de diciembre»... ¡Bingo! Ha acertado.
Hay algo en su razonamiento que se me escapa.
–¿Cómo sabías que era de ese día?
Ella me sonríe avergonzada.
–Era mi cumpleaños. Ese día, siempre me compro el periódico Une .
Otra de las rarezas de Josépha. Pero para esta tiene explicación:
–Mi madre adoptiva tenía un quiosco. Siempre traía un ejemplar de los periódicos más importantes el día de mi cumpleaños. Y, bueno..., se me ha quedado la manía.
–¡Era tu cumpleaños! Pero ¿por qué no me lo dijiste?
–Es que tampoco nos conocíamos mucho... Además, la poli se pasó toda la noche sometiéndote al tercer grado.
La abrazo.
–¡Feliz cumpleaños con retraso!
Su pelo negro como ala de cuervo huele a fresa o a higo; algo muy dulce, en cualquier caso, un olor de champú infantil. Se suelta de mi abrazo.
–Bueno, tengo que volver. ¿Qué hacemos?
–¿Crees que debería hablar con la policía?
Josépha hace una mueca.
–¿Sinceramente? Es una mala idea.
–En las series, cuando la gente intenta hacer las cosas sin la policía, siempre acaba muerta.
Ella se queda pensando unos segundos y me suelta:
–En la vida real es al contrario.
Cuando regreso a la cocina, me topo con Soufian, que justo está en su descanso.
–¿Qué tal?
–Creo que el culpable es Sweet Dio –digo, y luego le cuento a toda velocidad mis últimos descubrimientos.
–Joder, Suzanne, ¡deja de jugar a Hércules Poirot!
–Más bien estoy en plan Miss Marple, pero tranquilo. Te prometo que voy a ir a hablar con la policía. Solo tengo que estar segura.
–¿De qué?
–Hay demasiadas preguntas sin respuesta...
–¿Como qué?
–Por qué la acuchillaron, por ejemplo. ¿La misma persona que la envenenó también la apuñaló? ¿Fue algo premeditado? ¿Y por qué Alex se calla, cuando sí que sabe algo?
Soufian me mira como si estuviera loca.
–En las series, la gente acaba muerta cuando intenta hacer de policía.
–En la vida real es al contrario.
Si Josépha me reclama derechos de autor, le pagaré con malvaviscos.
Desde la otra punta de la cocina, Soufian no hace más que mirarme.
Sé que está intranquilo. Quiere que vayamos a ver a la comandante right now , y lo entiendo.
Pero no puedo. Aún no. Hay demasiadas cosas en juego, empezando por mi puesto en el Rivoli.
Además, fui yo la que encontró a Amanda.
Si entrego el cuaderno, nunca creerán que lo he sacado de casa de Alex.
Y si me creyeran sería aún peor, porque detendrían a Alex...
¿Y si Alex es inocente y se tira quince años en la cárcel por mi culpa?
Me concentro en la crema para dejar de pensar.
Hacemos una prueba con la hierba búfalo, y ahora sí que estamos seguros de que es eso.
Solo nos falta encontrar las proporciones.
Sweet Dio ha modificado los grupos, y ahora estoy con Clara Li y Jane.
Al otro lado del banco de trabajo, Chavalote y Léo.
Lo hemos intentando con un tercio de vainilla, un tercio de agua de azahar y un tercio de extracto de hierba búfalo.
Luego probamos otras combinaciones: mitad de hierba búfalo, un cuarto de azahar y un cuarto de vainilla.
Más tarde, modificamos el orden de incorporación para conseguir la textura correcta...
Hemos terminado trabajando todos juntos en las proporciones. Al final, quitamos el azahar de la crema para mantenerlo solo en el bizcocho y nos quedamos con una mezcla del 82 % de hierba búfalo y el 18 % de vainilla.
–Creo que lo tenemos –anuncio.
Chavalote me contradice:
–No es la textura correcta.
–Me parece que tenemos que batir un poco más la crema, pero estamos a punto de conseguirlo.
–Pues yo creo que no tienes ni idea.
–Y yo creo que eres imbécil. Y sé que fuiste tú el que me envió ese mensaje de mierda para meterme miedo después de la muerte de Amanda.
Léo no dice nada. Ve que me las apaño bien.
Soufian ha levantado la vista de su hojaldre.
–Y yo creo que tienes el cuaderno desde el principio y que nos has hecho creer que eres un genio –me espeta Chavalote.
Soufian se limpia las manos en el delantal, listo para intervenir.
–¿Y tú qué miras, panadero? –pregunta Chavalote, agresivo–. ¿No te gusta? ¿Tu putita no puede sacarse las castañas del fuego solita? Necesita a su...
En la vida hay momentos en los que, como ahora, las líneas rectas que recorren el universo se unen, para bien o para mal. El momento en que Odette regresa triunfal al Rivoli y Sweet Dio entra en la cocina por la otra puerta, con un café frío y nata con pistacho.
Sin duda, pretende levantarnos los ánimos. Pero no hace falta que nadie nos los levante: estamos en pie de guerra.
Porque este es el momento en que mi cerebro decide que ya está bien de aguantar a este imbécil. Yo casi no he formado parte del proceso, la verdad. Todo sucede un poco a mi pesar, aunque suene a excusa. Al parecer, los ejercicios de respiración tienen sus límites.
Andr é / Chaval ote lleva el pelo recogido en una cola a la altura de la nuca , y es ahí adonde mi mano derecha se dirige para asegurar su presa.
Le tiro de la cabeza hacia atrás con un golpe seco , y veo cómo le sobresale la nuez.
Aprovechando la sorpresa, le doy un golpe en el vientre que lo hace doblarse por la cintura.
El toque final es meterle la cabeza en la harina –algo que, debo confesar , tengo ganas de hacer desde hace días.
Me limpio las manos en el delantal.
Chavalote lloriquea.
Normal. Le he roto la nariz.
La sangre tiñe la harina de color rojo.
Qué mierda, la verdad. Con lo buena que es esa harina...