Cowboy casual Capítulo 32 #3
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Capítulo 32 #3

Ella se quedó en silencio, pero no apartó la mirada de mi rostro. Por un momento me pareció que todo en el mundo pendía del hilo de su perdón, y no sabía hacia qué lado iba a inclinarse.

—No sé qué hacer con todo esto —dijo por fin, con voz temblorosa—. Es como si hubiera estado viviendo con un gran vacío dentro de mí y, por fin, supiera qué es lo que lo llena, pero eso no significa que me haga menos daño.

La tomé de la mano y, esa vez, ella no la retiró. Entrelazamos los dedos, aferrándonos con todas nuestras fuerzas el uno al otro.

—No puedo arreglar el pasado —reconocí—. Pero puedo empezar por decirte la verdad ahora. Siempre. Aunque me dé miedo.

Sus labios se crisparon y levantó una mano para acariciarme el bigote.

—El Colt que yo conozco nunca le ha tenido miedo a nada.

—Tú me das miedo. —Me dolía todo el cuerpo al admitirlo—. Tengo miedo de perderte.

Sentí que su mano temblaba contra la mía y la apreté con más fuerza, como si de alguna manera pudiera grabar el recuerdo en mi piel antes de que ella se apartara.

Nos quedamos así durante mucho tiempo, sin movernos, sin siquiera parpadear, mirándonos a través del abismo de todo lo que nunca nos habíamos dicho.

Quería acercarme a ella, pegarla a mí y prometerle el mundo, pero no me atreví.

Ella necesitaba tiempo para decidir qué quería, quién era.

Lo único que podía hacer era ser sincero, por primera vez en toda mi puñetera vida.

—Sé que tienes una vida y un futuro en los que probablemente no haya sitio para mí.

Pero necesitaba que lo supieras. Necesitaba que supieras que fue real, Blaire.

Que siempre fue real. Cuando regresaste, me daba mucho miedo que te acercaras a Ruby porque no sé si ella sobreviviría si tú te fueras.

Yo no sobreviviré. Sé que no lo haré. —Se le escapó un suave sollozo, y yo le acaricié el pómulo con el pulgar; por un instante, ella cerró los ojos.

Se dejó llevar por mi caricia como si estuviera hambrienta de ella, como si temiera que desapareciera si la miraba demasiado de cerca.

Podía sentir su pulso salvaje e inestable acelerándose bajo mi pulgar—.

Sé que no se me da bien esto —susurré—. Sé que he incumplido todas las promesas que nos hicimos, y si pudiera volver atrás y cambiarlo, lo haría.

Lo haría mil veces. Pero no puedo. Así que lo único que puedo hacer ahora es esforzarme al máximo por ser mejor.

—Me acerqué hasta quedar sobre ella, apoyándome en un codo mientras mis dedos rozaban suavemente la curva de su pómulo—.

Eres lo único que ha tenido sentido en mi vida, Blaire. Ruby y tú.

Me miró fijamente, con los ojos brillantes en la penumbra, y levantó las manos para agarrarme por los antebrazos.

—Quería odiarte —susurró—. Me había convencido a mí misma durante mucho tiempo de que lo hacía.

—Lo sé —dije—. Aún puedes odiarme si lo necesitas, pero no… —Me eché hacia ella hasta que mis labios rozaron los suyos—. Por favor, no te vayas otra vez.

—Colt… — Sacudió; yo no tenía ni idea de lo que iba a decir, pero no podía soportar la idea de que me dijera que se iba a marchar.

—Me mataría, Blaire. Mataría a Ruby. —Dejé que las palabras quedaran flotando en el aire, dejé que me mordieran y me quemaran.

Blaire se limitó a mirarme fijamente, y sus dedos se clavaron en mis brazos—.

Solía rezar para poder borrarlo todo, para poder volver atrás y cambiar lo que pasó aquel día.

Pero entonces no tendría a Ruby. —Deslicé la mano por su cuello, rozándole con el pulgar el hueco entre sus clavículas—.

Cuando nació Ruby, me la pusieron en brazos y, te lo juro por Dios, Blaire, el mundo dejó de girar.

No podía respirar. Era un ser diminuto y perfecto, con mis ojos y mi pelo oscuro, y yo no sabía que un hombre pudiera amar así.

Recuerdo pasar mi dedo por sus pequeños labios, y fue tu rostro el que se me vino a la mente.

Fue el mejor momento de mi vida, y supe que lo único que faltaba eras tú.

Siempre tú. —Se quedó sin aliento y las lágrimas brotaron por fin de sus ojos—.

Pensaba en ti y no dejaba de ver tu sonrisa en su rostro, aunque eso fuera imposible.

Era muy feliz, pero no dejaba de pensar en que deberías haber estado allí, a mi lado.

—Sentí una punzada en el pecho al admitirlo—.

Aquella noche, cuando el resto del mundo dormía y solo estábamos ella y yo, le hablé de la chica que lo era todo para mí antes que ella.

—Le sequé las lágrimas con los dedos—. Te busqué en internet esa noche.

Había una foto tuya, riendo, en una ciudad que nunca iba a ver, y eras todo lo que siempre había deseado y lo que nunca podría volver a tener.

Y, Dios, nunca me había sentido tan partido por la mitad.

La amaba con toda mi alma mientras seguía amando el fantasma de tu recuerdo.

—Negué con la cabeza y deslicé el pulgar hacia abajo, recorriendo las curvas y los surcos de su clavícula—.

Pero verte con Ruby y ver cómo se ilumina a tu lado…

Nunca había visto a mi chica tan feliz. —Se me quebró la voz y tuve que tragar saliva con dificultad para deshacer el nudo en la garganta—.

Me mata y me convierte en el cabrón más feliz del mundo.

Me hace sentir que quizá no le estoy fallando.

—No le estás fallando —susurró ella, y sus dedos temblaron al recorrer mi brazo—. Le has dado todo.

Me eché hacia ella, la besé y sentí el calor de sus labios contra los míos.

—Quiero entregarme —susurré—. Se acabaron las relaciones esporádicas, Blaire. Te quiero por completo.