Cowboy casual Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

—Claro que sí —dije, incapaz de ocultar el tono brusco de mi voz.

Le rodeé el rostro con las manos, le puse el pulgar bajo la mandíbula y la obligué a levantar la cabeza para que no tuviera más remedio que mirarme a los ojos—.

Tu madre estaría muy orgullosa de quién eres.

Nunca has sido insignificante, Blaire. Ni un solo maldito día de tu vida.

Ni cuando te fuiste, ni cuando volviste, ni ahora.

—Esas palabras brotaron de mis labios porque necesitaba que ella las sintiera.

Parpadeó y pude ver en ella su fuerza interior, esa obstinada negación, esa parte de ella que aún creía que era todo lo que los demás decían que era.

Entreabrió los labios y empezó a formarse una réplica, pero no la dejé hablar.

Le di un beso en la frente, luego otro en la punta de la nariz y en la comisura de los labios, demorándome allí—.

Debería habértelo dicho hace años. Debería haberte agarrado del brazo aquel día, haberme arrodillado y haberte suplicado que no te fueras.

—Se me quebró la voz y la besé de nuevo—.

Joder, Blaire. Ni una sola parte de mí quería que te fueras, y desde entonces me he estado ahogando cada puto día que ha pasado.

—Quería contarle cómo me había dejado la piel intentando averiguar cómo conservarla a ella y conservar el único hogar que había conocido, pero las palabras se me atascaron en la garganta.

Pero Blaire se merecía la verdad, aunque eso hiciera que me odiara—.

Aquel día en que te dije que te fueras con tu padre, cuando te dije que ya no podía seguir así.

—Las palabras me salieron a duras penas, con la voz ronca—.

Te mentí, Blaire. Cada puta palabra fue una mentira.

—Sus ojos se abrieron de par en par, los labios se le separaron con preguntas sin formular, pero seguí adelante antes de que el valor me abandonara—.

Tu padre apareció en el rancho. —Me temblaba la mano mientras me la pasaba por el pelo; el recuerdo volvió a mi mente con una claridad nauseabunda—.

Ya había llevado a June a los tribunales y ella apenas lograba mantenerse a flote.

Entonces sacó esos documentos del préstamo, del que yo no sabía nada hasta ese momento.

Esos papeles tenían las firmas de mis padres justo al lado de la de June, y él me dijo exactamente lo que iba a pasar si te quedabas.

—Tuve que apartar la vista porque la vergüenza ardía en mi pecho—.

Dijo que iba a pasear a June por todos los tribunales del estado, que June y mis padres iban a perder todo aquello por lo que habían trabajado.

Y juró que también iba a quedarse con todo lo relacionado con la herencia de tu madre.

Y yo… —Mi voz se quebró—. Tenía dieciocho años y estaba aterrorizado, Blaire.

Creía que te estaba protegiendo, que nos estaba protegiendo a todos.

Me había convencido a mí mismo de que ibas a estar mejor sin mí.

No podía darte la vida que él podía facilitarte.

—Por un momento, el único sonido fue el jadeo de Blaire y el estruendo de mi propio corazón.

—Las palabras flotaban en el espacio entre nosotros, rugiendo como el trueno de una tormenta de verano.

Sentí una necesidad enfermiza y vacía en las entrañas de que ella lo entendiera, y me di cuenta de que estaba agarrando la sábana con tanta fuerza que podía romperse.

Pero no podía soltarla, ni siquiera podía alargar la mano, porque me aterrorizaba que, si la tocaba, iba a escapárseme de las manos para siempre—.

Lo siento muchísimo, Blaire. Odio lo que nos hice.

Lo que te hice a ti. —Esa frase se me escapó de los labios con dificultad, y me quemó en el pecho mientras me obligaba a mantener su mirada.

Sus ojos marrones estaban húmedos por las lágrimas que se negaba a derramar, pero que era incapaz de ocultar—.

Cada mañana desde aquel día, me he despertado con el peso de mi arrepentimiento.

Tu padre no me dejó otra opción, pero aun así debería haberte elegido a ti.

—Pude percibir el impacto en el temblor de sus labios, en la forma en que apretaba la mandíbula, como si pudiera atrapar el dolor dentro de su boca antes de que se escapara.

Mi mano se quedó suspendida a unos centímetros de su mejilla, ansiosa por el contacto, pero no la toqué.

No tenía derecho después de todo lo que le había hecho—.

Te merecías la verdad entonces, y te la mereces ahora.

Cuando te fuiste, intenté volver a dejarlo todo como estaba.

Me dediqué en cuerpo y alma al rancho. Ayudé a June.

Intenté reconstruir mi alma a partir de los pedazos que dejaste atrás.

Pero hiciera lo que hiciera, por mucho que me repitiera que era lo mejor, amarte es lo único que nunca supe cómo dejar de hacer.

—Dije la última parte en voz tan baja que no estaba seguro de que ella la hubiera oído, pero sí lo hizo. Escuchó cada puñetera palabra.

Se le movió el cuello al tragar saliva y, a continuación, lentamente, con esa vacilación que se sentía cuando uno estaba al borde de un precipicio, me tomó de la mano. Entrelazó sus dedos con los míos, al principio temblorosos pero luego con más seguridad, como si necesitara aferrarse a algo real.

—Pasé años odiándote —susurró, con la voz entrecortada. Sus dedos estrecharon los míos hasta que sentí cómo sus uñas se me clavaban en la piel—. Cada noche me quedaba despierta repasándolo todo, buscando el momento en el que me había convertido en alguien a quien ya no podías amar.

Sentí como si el pecho se me partiera en dos, y todas las cosas que nunca había dicho salieran a borbotones de golpe.

Apenas podía respirar por el nudo que tenía en la garganta, pero saqué las palabras a la fuerza de todos modos, porque si no se las decía en ese instante, no sabía si iba a volver a tener la oportunidad de hacerlo.

—Sé que la cagué —dije, con la voz temblorosa y demasiado alta en el silencio de su habitación—.

No hay un solo día en el que no desee poder volver atrás y hacerlo todo de nuevo.

Incluso cuando me odiaba a mí mismo por ello, incluso cuando intentaba convencerme de que había pasado página, o de que tú lo habías hecho.

Pero este lugar —dije, sin apenas atreverme a mirarla—.

Este rancho, este pueblo, todo esto, no significa nada si tú no estás aquí.

No me di cuenta de eso hasta que fue demasiado tarde.

Pero nunca hubo un solo momento en el que dejara de quererte.

Ni uno solo. Incluso cuando me esforzaba al máximo por odiarte, por borrarte, seguías ahí, metida bajo mi piel.

Parpadeó, y pude ver la fuerza que había en ella, las ganas que tenía de reprocharme el daño que le había hecho. Pero fue como si algo en su interior se hubiera roto.

—¿Quién más lo sabe? ¿Quién sabe lo que hizo mi padre aquel día?

—Nadie —dije, y era la verdad—. Nunca se lo conté a June ni a mis padres ni a nadie. Él acudió a mí y yo tomé la decisión. Esa decisión fue mía y tuve que vivir con ella.

Ella asintió, lentamente y a trompicones, como si aún estuviera tratando de asimilar el mundo tal y como había quedado tras mi confesión. Pude ver cómo se movían sus labios, como si contara los años, tratando de medir todo el tiempo que habíamos perdido por culpa del silencio y el orgullo.

—Diez años. —Seguía sin mirarme—. Diez años en los que cada paso que daba lo marcó él. —Se detuvo e inspiró hondo, de forma temblorosa—. Y durante todo ese tiempo, tú le habías ayudado.

—Blaire… —comencé a decir, pero ella levantó una mano, con la palma plana y rígida, y la fuerza de ese gesto me hizo morderme la lengua.

—Tengo que soltarlo —dijo ella, y sus palabras sonaron como el acero—.

Porque si no lo hago, seré yo quien se ahogue con ello para siempre.

Me robaste mi derecho a elegir, Colt, y ni siquiera me diste la oportunidad de luchar.

—Le temblaba la barbilla, pero el resto de su cuerpo era de piedra—.

Y ya estoy harta de dejar que los hombres decidan lo que puedo soportar.

Mi padre no va a sacar nada más de mí. Y tú…

—Tragó saliva—. Tú no vas a protegerme con mentiras, nunca más.

Asentí, con la garganta seca. El daño que me estaban haciendo esas palabras era justo lo que me merecía.

—Lo juro —logré decir—. Nunca más.

Levantó la vista, y la ira de sus ojos brillaba y ardía como el sol del mediodía.

—Lo odio por hacernos esto. Pero también estoy furiosa contigo.

Estoy muy enfadada contigo por haber creído que no podríamos haberlo afrontado juntos.

Y odio darme cuenta de que entiendo por qué lo hiciste.

—Se pasó la palma de la mano por los ojos, enfadada consigo misma—.

Debería estar más enfadada. Pero lo entiendo, Colt.

De verdad. He trabajado para mi padre desde el día en que me gradué en la universidad.

Sé de lo que es capaz. Joder, sé mejor que nadie las cosas terribles que ha hecho.

Abrió los ojos y, en ese momento, había en ella una vulnerabilidad que casi no pude soportar.

Porque sabía que había aguantado años de cariño condicionado por parte de su padre, siempre manipulada por hilos invisibles.

Él ya se lo había hecho antes de que ella se marchara, y no podía imaginar lo terrible que había sido mientras estuvo con él.

Había sido un cobarde y había cargado con la culpa durante mucho tiempo. Pero en ese momento era como si la herida fuera nueva y estuviera abierta y palpitante entre nosotros.

—Lo siento —lamenté—. Siento todo lo que hice y no haberte dicho la verdad cuando la necesitabas. Las palabras me parecieron insignificantes, pero eran lo único que me quedaba.