Cowboy casual Capítulo 30 #2
82%

Capítulo 30 #2

—Yo tampoco le desearía eso —murmuró, con voz baja y cautelosa, como si temiera asustarme—.

¿Pero sabes qué le deseo a Ruby, cada día?

—No esperó mi respuesta—. Que crezca sin miedo a desear cosas, sin miedo a arreglar las cosas cuando haya cometido el mayor error de su vida.

—Se me encogieron los pulmones. Podía sentir cómo el aire temblaba en mi pecho; cada inspiración atravesaba un embudo cada vez más estrecho en mi garganta, como si el mundo entero se estuviera reduciendo a la cabina de la noria y al hombre que estaba a mi lado.

El destello de las luces de feria que había debajo de nosotros hacía que todo pareciera irreal, bañado en azul, dorado y rojo.

Una pequeña y traicionera parte de mí quería dejarse llevar por sus palabras y creer en lo que decía, pero el resto se resistía a la idea de exponer ni un centímetro más de piel suave para que el mundo la magullara.

Se acercó un poco más a mí—. Blaire, cuando te fuiste…

—Por favor, no lo hagas. —El sonido de mi propia voz me sobresaltó por lo que tenía de súplica.

Aún podía saborear el recuerdo de aquel día.

Recordaba cómo se me pegaba el pelo a la cara mientras la lluvia caía a cántaros a nuestro alrededor.

Recordaba las palabras que me había dedicado, palabras que habían dejado huellas que nunca había podido borrar.

Recordaba el sonido de mi propia voz mientras le gritaba, mientras le suplicaba que parara—.

No puedo pasar por esto esta noche, Colt.

—¿Por qué no puedes pasar, Blaire? —Su voz me arañaba la piel en carne viva—. Podemos follar siempre que queramos, pero Dios no permita que hablemos del pasado o de cómo lo eché todo a perder.

Una oleada de furia me embistió, repentina y ardiente, y me giré para mirarlo.

La cabina de la noria crujió al cambiar el peso de mi cuerpo, y pude sentir la tensión en el aire entre nosotros, electrizante y peligrosa.

A nuestro alrededor, la feria se difuminaba en un resplandor de luces giratorias, voces y música, pero dentro de aquella pequeña jaula metálica solo estábamos nosotros dos y las mil cosas que nunca nos habíamos dicho.

—No debería haberme acostado contigo. —La risa me salió de golpe, ronca y desagradable—.

Aceptaste que fuera algo sin compromiso.

Aceptaste no hacer algo como esto. —Me parecía más seguro negar la verdad; señalé el espacio entre nosotros y la mano me temblaba tanto que tuve que cerrarla y apretar el puño.

Sus ojos se oscurecieron y tensó la mandíbula.

—¿Y qué? ¿Vas a seguir huyendo? ¿Esa es tu respuesta para todo?

—No lo hagas. —Levanté una mano, con la palma hacia fuera, odiando cómo me temblaba.

Quería abofetearlo. Quería besarlo. Quería olvidar que este momento hubiera existido y volver a la seguridad que habíamos fingido tener antes, esa en la que lo nuestro solo era sexo en lugar de los escombros de lo que habíamos sido—.

No actúes como si me conocieras; después de todo este tiempo no.

Entonces se acercó a mí y me rodeó el cuello con la mano. Su contacto me atravesó como un fuego, y me odié a mí misma por dejarme llevar, por desearlo.

—Blaire, nunca he dejado de saber quién eres. Nunca he dejado de pensar en ti, ni un solo día.

No había ni rastro de esa arrogante seguridad en sus ojos. Solo había anhelo, crudo y desprotegido, reflejo de la pena que había llevado dentro durante años.

Durante un instante, ninguno de los dos dijo nada. La noria alcanzó su punto más alto y la cabina se balanceó suavemente, suspendida en un silencio tan absoluto que parecía como si el mundo entero contuviera la respiración, esperando a que volviéramos a la tierra.

—No puedes hacer esto —repetí, con la voz quebrada—.

No puedes joderlo todo y luego decir mierdas como esa.

—Las palabras sabían a veneno—. Cuando me fui, juré que nunca volvería a enamorarme de nadie como me enamoré de ti.

Que nunca volvería a ser tan vulnerable.

—Colt se quedó quieto, pero algo dentro de mí se había roto y no podía contener el torrente de lágrimas—.

Mi padre se aseguró de que fuera a Duke y luego me incorporó a su equipo, justo donde él quería que estuviera.

—Me estaba desmoronando por dentro—. —Mira en lo que me he convertido con Grant.

—Él no se movió, pero sus ojos no se apartaron de los míos, contemplándome con una intensidad que me daba ganas de gritar—.

Creía que Grant me quería, pero lo que quería era la imagen que tenía de mí.

Me vestía con ropa que costaba más dinero del que yo había visto en mi vida, me exhibía en fiestas y cenas ante sus amigos adinerados, y yo…

—Se me hizo un nudo en la garganta—. Yo se lo permitía.

Sonreía y asentía, y me quede vacía porque pensaba que, si me convertía en lo que él quería, en lo que mi padre quería, por una vez sería suficiente.

—Colt apretó tanto el puño de la mano que tenía libre que pude ver cómo se tensaban los tendones bajo su piel.

Algo brilló en sus ojos, rabia o dolor, no habría sabido decir cuál de las dos cosas, pero no podía detenerme—.

Cuando descubrí que se había estado acostando con su asistente durante el último año de nuestra relación, me sentí aliviada.

—La confesión me caló hondo—. De todos modos, irrumpí en su oficina para pillarlos.

Pero no se trataba de él, sino de mí. Estaba la hostia de enfadada conmigo misma.

—La respiración de Colt se había vuelto entrecortada, su rostro parecía esculpido en piedra—.

Volví a nuestro piso y mi llave no funcionaba.

—Mi risa sonó triste—. Viví allí dos años, y él cambió las cerraduras en cuestión de minutos.

Pasé tres días en casa de mi padre antes de que Grant me dejara entrar por fin a recoger mis cosas, y se quedó allí, mirándome mientras hacía las maletas, con esa sonrisa burlona que nunca olvidaré, como si estuviera esperando a que me derrumbara y le suplicara.

—Por fin crucé la mirada con Colt, y deseé no haberlo hecho.

La ira se reflejaba en su rostro, y su intensidad me hizo sentir un nudo en el estómago, como si la noria se hubiera desplomado de repente desde seis metros de altura.

Me sentí desnuda y expuesta ante él, como si cada defecto y cada debilidad que hubiera intentado ocultar se hubieran puesto de repente al descubierto para que él los viera—.

No tenía adónde ir ni a nadie a quien recurrir, salvo a mi padre, que quería que pasara por alto el pequeño error de Grant, y yo lo odiaba más de lo que jamás podría odiar a Grant.

Y cuando llamé a June y oí su voz, me moría de vergüenza.

Colt negó con la cabeza, con un músculo de la mandíbula temblando.

—No tienes nada de qué avergonzarte.

Las palabras se entremezclaron entre nosotros en la traqueteante cabina de la noria, y abrí la boca para decirle lo equivocado que estaba, pero el suave fuego de sus ojos me detuvo.

Apreté los labios y miré por encima del borde del asiento metálico desconchado, viendo cómo el mundo se deslizaba ante mis ojos en círculos lentos y vertiginosos.

—Sí —susurré—. Creía que lo tenía todo planeado.

Creía que era… alguien. Pero aquí estoy, una mujer de veintiocho años que no tiene nada y vive con su abuela…

—Me interrumpí, y se me escapó una risa amarga—.

¿O debería decir que vivo con mi novio del instituto porque le di pena?

Y ahora estoy… —Se me revolvió el estómago—.

Ahora estoy abriéndome de piernas para él como si no me hubiera roto el corazón una vez ya.

Sentía que estaba saboteando lo nuestro, intentando romperlo antes de que él pudiera romperme a mí, y no sabía cómo detenerlo.

La mano de Colt se apretó contra mi cuello y tiró de mí.

—Blaire…

—Lo siento. No debería haber dicho eso. —Miré a cualquier parte menos a sus ojos, y todo mi cuerpo temblaba mientras la noria reducía la velocidad hasta detenerse.

—Mírame. —Su pulgar se deslizó bajo mi mandíbula y me obligó a alzar la vista hasta sus ojos.

—No tienes derecho a hacer eso —gruñó, y sus dedos se clavaron en mi piel—. No tienes derecho a hablar así de ti misma, y menos conmigo.