Cowboy casual Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

Se suponía que esa noche iba a ser fácil.

Solo yo, vendiendo fresas en un puesto de la feria, como ya había hecho docenas de veces antes.

Pero sentía un cosquilleo de emoción en la piel mientras mis ojos recorrían frenéticamente el recinto de la feria en busca de cualquier atisbo de él.

Me repetía a mí misma que estaba buscando a Ruby, que iba a llegar a nuestro puesto en cualquier momento, pero esa mentira tenía un sabor amargo en mi boca.

Cada sombrero de vaquero que veía a lo lejos me cortaba la respiración, y cada silueta con los hombros anchos me inundaba de calor.

Había un sinfín de vaqueros por todas partes, pero ninguno con ese aire tan inconfundible. Lo habría reconocido en cualquier parte, y ese era el problema. No podía dejar de mirarlo, no podía dejar de desearlo, no podía evitar ese cosquilleo en el estómago cada vez que creía haberlo visto.

—¿Blaire Monroe? Vaya, que me parta un rayo.

Me giré hacia el sonido, a punto de dejar caer una pinta de fresas mientras parpadeaba al mirar al hombre que tenía delante.

—¿Danny Watson?

En el instituto, iba un curso por delante de Colt, McCoy y de mí, y, por aquel entonces, era conocido por ser el mejor corredor de los tres condados.

En nuestra fiesta de graduación, había bailado sobre el maletero de Colt vestido solo con calzoncillos y botas de vaquero mientras cantaba una versión borracha de All My Ex’s Live in Texas, pero ya era todo un adulto.

Había cambiado su melena rubia y revuelta por el pelo corto y tenía una mandíbula muy marcada.

—Joder, de verdad que eres tú —sonrió—. Había oído que estabas en el pueblo, pero no me lo creía.

—Pues aquí estoy —dije, encogiéndome de hombros.

Se acercó más al puesto, echándose hacia mí con ese mismo encanto arrogante que recordaba.

—Estás estupenda —dijo, contemplándome de arriba abajo—. Creía que nunca ibas a volver. ¿Raleigh ha perdido su encanto?

Me reí y me limpié las manos en los pantalones cortos.

—Algo así.

Su mirada se posó en mi boca por un instante antes de volver a mis ojos.

—¿Te vas a quedar mucho tiempo?

Dudé un momento y luego me volví hacia June, que de repente se había puesto a contar el resto de nuestras existencias.

—Sí, me quedaré bastante. Estoy echando una mano en la granja.

Se acercó a mí y su colonia, un aroma algo amaderado y caro que no formaba parte de su arsenal de la secundaria, flotó entre nosotros cuando apoyó una mano en el borde de la mesa.

—Me encantaría invitarte a cenar algún día.

Un rubor me subió por el cuello cuando su sonrisa me cayó encima con toda la fuerza de aquel antiguo encanto de instituto. Siempre había sido muy coqueto.

Mi mente se apresuró a buscar una forma amable de rechazarlo, pero solo logré articular una sola palabra entrecortada.

—¿Cenar?

—Sí. —Su sonrisa se suavizó mientras asentía, sin apartar los ojos de los míos—. Hay un sitio nuevo en Belmont. O, bueno, podríamos tomar algo. —Se pasó la mano por el pelo, aunque ya lo llevaba perfectamente peinado—. Lo que te apetezca.

Estaba a punto de responderle, cuando un movimiento me llamó la atención y las palabras se me atragantaron en la garganta.

El corazón me dio un vuelco al ver a Colt abrirse paso entre la multitud con Ruby a hombros, que llevaba una corona de papel ladeada en equilibrio precario sobre su cabeza y una bolsa gigante de algodón de azúcar agarrada con su pequeña mano.

Lou iba a su lado, con la boca curvada en una mueca de exasperación por lo que fuera que su nieta le hubiera dicho.

Se me secó la boca cuando se acercaron. Colt llevaba una gorra de béisbol calada hasta los ojos y una camiseta sin mangas, con los laterales recortados, que dejaba al descubierto unos brazos esculpidos por años de trabajo en el rancho y permitía vislumbrar unos oblicuos que me hacían arder las yemas de los dedos al recordar cómo los acariciaba.

Sus muslos se tensaban contra el vaquero desgastado mientras se dirigía hacia mí, y había algo letal en su forma de moverse esa noche.

Tenía una desenvoltura depredadora que me llegó a lo más hondo de las entrañas y se extendió a lugares que no tenían por qué doler en público.

Sus ojos se encontraron con los míos, y algo en ellos cambió.

Apretó la mandíbula, con un músculo tenso bajo la piel cubierta de barba incipiente, mientras su mirada se desviaba hacia Danny y luego regresaba a mí.

Un destello de algo peligroso y posesivo cruzó el rostro de Colt, convirtiendo esos ojos tan familiares en nubes de tormenta.

El vaquero estaba celoso.

—¿Blaire? —La voz de Danny me llamó la atención y me volví hacia él, parpadeando.

—¿Qué?

—¿Quieres salir o…? —Las palabras de Danny se apagaron cuando siguió la dirección de mi mirada.

El chillido de Ruby rasgó el aire cuando se bajó a toda prisa de los hombros de Colt, tan rápido que él tuvo que agarrarla por el tobillo para evitar que cayera de cabeza. En cuanto sus pies tocaron la hierba, corrió hacia mí.

—¡Blaire! —Se chocó contra mis piernas y me rodeó la cintura con los brazos. Di un paso atrás, riendo, justo cuando Colt se acercaba a la mesa.

—Watson —dijo Colt con tono seco, y saludó al hombre con la cabeza sin dedicarle ni una mirada. Danny se enderezó, de repente menos seguro de sí mismo.

—Colt, ¿cómo estás?

Colt se levantó la visera de la gorra con un dedo, echándola hacia atrás lo suficiente como para que pudiera sentir toda la intensidad de su mirada clavada en mí.

—Ahora mismo, mejor.

Ruby me tiró de la mano, ajena a la tensión, mientras Lou le lanzaba a Colt una expresión de advertencia.

Colt le dedicó una sonrisa burlona a su madre antes de volverse de nuevo hacia mí.

Sus ojos me recorrieron tan lentamente y con tal ansia descarnada que sentí un cosquilleo en la piel y la sangre me subió a cada lugar donde se detenía su mirada.

—Espera. ¿Estáis juntos otra vez? —preguntó Danny, y esas palabras me recorrieron la espalda como un escalofrío.

Noté que tanto June como Lou nos observaban mientras abría la boca para negarlo, pero Colt respondió antes de que pudiera hacerlo.

—Duerme en mi casa todas las noches, Watson. Dime tú qué significa eso.

Sentí cómo se me enrojecía la piel y el pulso me latía con tanta fuerza que podía sentirlo en las yemas de los dedos. Solté una risa que se me atragantó en la garganta.

—Se refiere a la habitación de invitados.

La boca de Colt esbozó una sonrisa lenta y peligrosa, ladeando la cabeza, y sus ojos se oscurecieron hasta alcanzar casi el azul medianoche.

—¿De verdad? —A mis espaldas, June soltó una risita ahogada, y, cuando miré a Lou, la vi examinando un tarro de mermelada con gran interés, con los labios apretados para ocultar su sonrisa.

Colt se acercó, invadiendo mi espacio hasta que el aroma de su colonia me envolvió—.

June, ¿te importa si nos llevamos a Blaire un rato?

Los ojos de June se movieron rápidamente entre nosotros, brillantes de diversión.

—Por supuesto. Lou y yo nos las arreglaremos aquí. —Miré con vacilación hacia la mesa, pero June puso los ojos en blanco—. Lou y yo no vamos a arruinar tu nuevo negocio en unas pocas horas. Ve a divertirte.

La mirada de Colt se volvió hacia Danny, sin rastro alguno de cortesía.

—No te importa, ¿verdad? Mis chicas y yo tenemos planes.

Mis chicas.

El corazón me dio un vuelco. Esas palabras eran sencillas y quise restarles importancia con una risa, pero no pude. Una parte de mí ansiaba acercarme a ellos, volver a ser su chica, mientras que otra parte me gritaba que huyera antes de que me hicieran daño.

Los dedos de Ruby se apretaron contra los míos y su pequeña mano tiró con insistencia para sacarme de la mesa. Trastabillé y recuperé el equilibrio junto a Colt.

La sonrisa de Danny no le llegaba a los ojos cuando dio un paso atrás.

—Mensaje recibido, alto y claro —dijo con una risita forzada—. Ya quedaremos, Blaire.

Le dediqué una sonrisa mientras Colt se apretaba contra mí, con el duro saliente de la hebilla de su cinturón marcando su territorio contra mi costado y el calor de su cuerpo calándome a través de la ropa.

Su mano se extendió por toda la parte baja de mi espalda, y su pulgar se clavó en mi columna con una presión posesiva mientras me empujaba hacia delante.

Me quedé sin aliento cuando se pegó a mí; su bigote me hizo cosquillas en la piel sensible mientras sus labios rozaban el lóbulo de mi oreja.

—Por encima de mi cadáver —gruñó, y la vibración de su voz me recorrió la espalda, lo bastante fuerte como para que Danny lo oyera. Sus ojos se encontraron con los de Danny y esbozó una sonrisa.

—Diviértete, Watson.