Cowboy casual Capítulo 20
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Capítulo 20

Colt

Deseaba a Blaire Monroe de todas las formas posibles en que un hombre puede desear a una mujer. Y eso era peligroso de cojones.

Era preciosa, y les sonreía a mis amigos —a mi familia—, como si no hubiera estado poniendo a prueba mi autocontrol.

En ese momento tenía sus largas piernas desnudas estiradas en el muelle, mi muelle, mientras el sol del atardecer teñía su piel de color miel.

Debería haber estado pensando en la montaña de trabajo que nos esperaba en el rancho o en que tenía que terminar de lavar la ropa de Ruby e ir al supermercado, pero lo único en lo que podía concentrarme era en la boca de Blaire, en el ángulo de su mandíbula cuando se reía y en la forma en que había jadeado contra mí hacía un par de horas.

Era una tortura verla moverse por el mundo como si no supiera lo que me hacía sentir.

Y lo único que podía hacer era revivir ese estremecimiento cuando le había puesto el muslo entre las rodillas, su desesperada necesidad de alivio y cómo había jadeado cuando le había preguntado hasta qué punto se iba a mojar por mí.

Y Dios, sabía que se había mojado.

Su cuerpo la había traicionado con cada sutil estremecimiento, cada jadeo y cada parpadeo. Y, sin embargo, ahí estaba ella, actuando como si nada hubiera pasado, y quizá me lo habría creído si no hubiera saboreado cada una de las confesiones de su cuerpo.

Estaba hecho un puto desastre, pero sonreía por el bien de Ruby. Si ella no hubiera estado allí, si no hubiera tenido que mantener una apariencia de control por mi hija, no sé qué coño habría hecho.

La forma en que miraba a Ruby fue suficiente para conmoverme.

Mi hija tenía la cabeza apoyada en el regazo de Blaire, y unos dedos que se movían con ternura sobre su cuero cabelludo le trenzaban el pelo oscuro.

La risa de Ruby retumbaba en mis oídos mientras Blaire y Maggie la entretenían, y se me cortó la respiración al ver lo perfectamente que encajaba Blaire en ese momento, en nuestras vidas, como si siempre hubiera formado parte de ellas.

Cuando se dio cuenta de que la estaba mirando, esbozó una suave sonrisa antes de apartar la vista rápidamente.

Se agachó y le susurró algo a Ruby que la hizo estallar en carcajadas.

Me daba completamente igual qué secreto compartieran entre ellas, aunque fuera a mi costa, porque, mientras las observaba, todo me parecía dolorosamente vivo y lleno de posibilidades.

Y, durante un traicionero instante, casi me olvidé de lo mucho que me había esforzado para asegurarme de no volver a exponerme nunca más a esa clase de desengaño.

Casi.

—De verdad que tienes que controlarte —dijo Hunter desde donde estaba sentado, a mi lado, en la hierba.

—¿De qué demonios estás hablando? —Lo fulminé con la mirada.

—Ah, ¿así que vamos a fingir que no se lo estás gritando a todo el condado?

—Hunter señaló vagamente hacia el muelle—.

No creo que hayas dejado de mirarla ni un segundo desde que llegamos.

—Hizo una pausa y me miró fijamente, como solo alguien que se había pasado toda su infancia siguiéndome como una sombra podía hacerlo—.

Joder, Colt, ya ni siquiera intentas ocultarlo.

Yo apostaba a que aguantarías al menos tres semanas antes de rendirte.

—Que te jodan —murmuré, pero Hunter sonrió y me dio un codazo en el hombro.

—Oye, si quieres hacerte el cachorro enamorado, ni se me ocurriría interponerme en tu camino. —Se rascó la mano con la que sostenía la cerveza—. Pero deberías contenerte un poco antes de volver a asustarla. Otra vez.

Apreté la botella de cerveza con más fuerza, odiando que Hunter pudiera leerme tan fácilmente.

Lo peor era saber que tenía razón en todo.

No tenía fuerzas para soportar otro golpe como el de la última vez.

Cuando Blaire se marchó, se llevó consigo cada parte del chico que había sido, y no estaba seguro de que quedara suficiente hombre en mí para sobrevivir si ella se iba de nuevo.

A mi lado, McCoy resopló, sin prestarme mucha atención y se tumbó al sol con los ojos cerrados.

—Deberías haberlo visto antes de que llegaras. Pensé que iba a follar con ella en la caja de mi camioneta. —Abrió un ojo y me miró—. Por cierto, te habría obligado a limpiarla.

Gruñí, fijándome en el cuello de la botella que tenía en la mano en lugar de en sus caras. No se equivocaban. Lo notaba: sentía cómo se me escapaba el control.

Hunter se rio.

—Joder, me fastidia un montón haberme perdido eso. Blaire tiene unas piernas la hostia de bonitas.

Le di un golpe con el dorso de la mano en el pecho y él solo sonrió y se pasó la mano por el sitio donde le había acertado.

—Ay, gilipollas. Eso me ha hecho daño.

—No hables así de ella, joder —gruñí, llevándome la cerveza a los labios.

Como era de esperar, mis ojos se dirigieron directamente hacia las piernas en cuestión—.

Tampoco es como si tú pudieras hablar. Por cierto, ¿dónde está tu sombra?

—Miré a nuestro alrededor en busca de la chica que había llevado consigo—.

Oye, para ser alguien que ha venido acompañado, no le has hecho ni caso desde que has llegado.

McCoy dejó escapar un silbido sordo y se incorporó, apoyándose en los codos para mirarnos a los dos.

—Joder, ¿ahora nos estamos poniendo íntimos?

Hunter entrecerró los ojos y un leve destello de actitud defensiva le tensó la mandíbula.

—Se ha ido a mi camioneta para coger algo de su bolso —dijo—. No tengo por qué hacer de niñera con ella. —Volvió la cabeza hacia el muelle—. Aunque tú no lo entenderías, ya que has dejado que tu ex se mude contigo y la vigilas como si fuera a desaparecer.

Esperé un instante, dejando que el silencio se prolongara antes de responder.

—Al menos estoy mirando a mi ex y no a su hermana pequeña.

—Ah, mierda —se rio McCoy, echándose hacia delante hasta quedar sentado a mi lado—. Vamos a ir por ahí, ¿eh?

—No sé de qué coño estás hablando —gruñó Hunter, pero estaba mintiendo descaradamente. Hunter y Ella, la hermana mayor de Maggie, habían roto hacía poco más de dos años, y él se había pasado todo ese tiempo embelesado por Maggie como si no fuera cinco años más joven que él ni pariente de su ex.

—Claro. —Asentí—. ¿Así que ves cómo miro a Blaire, pero estás ciego ante tus propias tonterías?

—No me interesa Maggie. Es la hermana de Ella, joder.

—Su hermana menor, que está buenísima y es muy descarada —intervino McCoy—. A la que ya habría tenido en mi cama si no fuera por la forma en que te mira.

—Vete a la mierda, McCoy —refunfuñó Hunter, pero seguía concentrado en Maggie.

McCoy, oliendo sangre en el agua, se echó a reír.

—Oye, Mags, ¿quieres venir aquí y zanjar una discusión?

Maggie miró en nuestra dirección, protegiéndose los ojos con la mano.

—¿Qué discusión?

—¿Me estás tomando el pelo? —dijo Hunter entre dientes, y la sonrisa de McCoy se amplió.

—Estamos intentando resolver algo. —La voz de McCoy llegó hasta el muelle, juguetona y un poco demasiado alta, y las tres se giraron para mirarnos.

Maggie se bajó las gafas de sol y le dirigió un parpadeo lento y aburrido que habría hecho temblar de miedo a cualquier vaquero que yo conociera.

—¿Algo como qué?

—Oye, si tuvieras que elegir entre Hunter y yo, ¿a quién elegirías? Soy mayor que Hunter, así que sin duda soy el más maduro, pero también estoy más cansado. —McCoy esbozó una sonrisa, y no pude evitar sonreír al ver cómo provocaba a mi hermano—. Hunter es tonto, pero aún tiene energía.

—Por Dios. —Hunter murmuró la palabrota, con los hombros tensos, pasándose una mano por el pelo. Mi hermano, que era capaz de salir airoso de cualquier situación con sus palabras, parecía querer desaparecer entre la hierba que teníamos debajo.

—Y, por supuesto, Hunter salió con tu hermana. —McCoy soltó eso de improviso, y Maggie se enderezó.

La mirada curiosa de Ruby paseaba entre los adultos, con su pequeña frente fruncida por la confusión.

—Eso lo descarta —dijo Maggie con aire despreocupado, aunque su expresión decía todo lo contrario—. Además, prefiero a los hombres mayores, pero si tu edad está afectando a tu resistencia, paso.

McCoy se humedeció los labios mientras miraba a Maggie de arriba abajo, y pensé que mi hermano iba a salirse de sus casillas.

—Cariño, no tienes que preocuparte por mi resistencia.

—¿Qué es la resistencia? —preguntó Ruby, echando la cabeza hacia atrás para mirar a Blaire.

Los dedos de Blaire se quedaron paralizados justo cuando estaba secando a Ruby con una toalla; abrió mucho los ojos y luego me miró, horrorizada.

—¿En serio, McCoy? —Le di un golpecito en el hombro, pero él solo se rio.

—Eeeh… —Blaire carraspeó, nerviosa, y la habría salvado si no hubiera sido tan gracioso verlo—. Significa que tu tío Coy no puede mantener una relación porque no sabe cómo hacer felices a sus novias.

Ruby asintió, pero Maggie soltó una carcajada tan fuerte que se atragantó con su bebida.

—¿En serio, Blaire? —dijo McCoy, agarrándose el pecho como si ella lo hubiera dejado sin palabras—.

Apuesto a que podría hacerte feliz. —Se quedó mirándola un segundo de más, como siempre, todo un artista del espectáculo, y luego levantó su cerveza en señal de saludo—.

Si tienes dudas, te lo puedo demostrar. Soy de lo más complaciente.

Intenté restarle importancia, pero la punzada de celos me alcanzó.

Lo cual era ridículo, porque ella no era mía.

Joder, apenas tenía derecho a desearla después de todo lo que había hecho, pero eso no impedía que se me acelerara el corazón ante la idea de que Blaire estuviera con otro.

No importaba que supiera que McCoy estaba bromeando y que nunca iba a llegar a nada con ella.

—Eres un crío, McCoy. —La risa de Blaire contagió a los demás, flotando en el aire veraniego, y sentí cómo se tensaban todos los músculos de mi cuerpo al oírla.

—Estoy totalmente de acuerdo —dijo Hunter; se terminó la cerveza, se limpió la boca con el dorso de la mano y se puso en pie.