Cowboy casual Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

La camiseta blanca se le ceñía a los hombros, que se habían ensanchado con los años de trabajo en el rancho, y llevaba unos vaqueros descoloridos.

Metió un pulgar en el bolsillo con aire despreocupado mientras se reía de lo que fuera que estuviera diciendo el señor Chambers, de la tienda de piensos.

Recorrió la sala con la mirada, sin detenerse mucho en nadie, hasta que se fijó en mí.

Su actitud cambió por completo. Su aire despreocupado se desvaneció y sus ojos bajaron de mi rostro hasta mis botas, deteniéndose en lugares que hicieron que el calor floreciera bajo mi piel.

Una esquina de su boca se levantó mientras murmuraba algo al señor Chambers, sin apartar la vista de mí.

Luego se quitó el sombrero y se pasó los dedos por el pelo antes de dirigirse hacia nosotras.

Se acercó directamente a la barra, sin siquiera mirar a Chelsey, y saludó con la cabeza a Maggie.

—Buenos días, Mags. —Su voz sonaba más suave de lo que esperaba, casi cálida, pero no la miraba a ella. Me miraba a mí como si fuera un problema que estuviera tratando de resolver.

—Buenos días, Colt. —Maggie abrió la caja registradora y la campana del cajón tintineó mientras movía los billetes de un lado a otro—. ¿Vienes otra vez a buscar algo para Ruby o es un recado de adultos?

—Venía por algo para mí, que ya soy mayor —dijo, sin apartar la mirada de mí—. Aunque supongo que también debería comprarle algo a ella. ¿Me pones uno de esos bocadillos de desayuno para mí y unas cuantas barritas de limón para Ruby?

—Por supuesto.

Colt apoyó las manos en el mostrador, con los dedos bien abiertos; estaba tan cerca que podía ver la sombra de la barba incipiente en su mandíbula.

—Blaire, no sabía que habías salido a hacer repartos esta mañana. —Su tono era informal, pero se percibía un matiz de desafío.

Me limité a encogerme de hombros; los sentía demasiado tensos y la cara, demasiado caliente.

—No me lo has preguntado.

Entonces sonrió antes de pasarse la lengua por el labio inferior.

—Eso es verdad —bromeó—. Supongo que podría habértelo preguntado esta mañana, pero… —Ladeó la cabeza, dejando que el silencio se prolongara un instante más—. Al parecer me estás evitando.

Chelsey carraspeó para llamar la atención de Colt, que enarcó un poco las cejas como si acabara de darse cuenta de que ella estaba allí.

—Qué gracioso —dijo ella, con una sonrisa forzada—. Blaire me acababa de contar que vosotros dos no estabais… —Dejó la frase en el aire, como pasando de Colt a mí.

—¿No estábamos qué? —La voz de Colt se endureció.

—Juntos. —La risa de Chelsey sonó forzada—.

Solo quería confirmarlo antes de nuestra cita del sábado.

—La palabra «cita» me hizo sentir un escalofrío que se extendió hasta los dedos, que se estaban entumeciendo dentro de mis puños.

Una parte de mí quería creer que Colt nunca habría salido con alguien como ella, pero había otra parte mayor de mí que ya casi no lo conocía.

Y esa parte estaba tan enfadada que quería darles un puñetazo a Chelsey y a él en plena cara—.

A ver, sería bastante escandaloso que estuviera pasando algo entre vosotros, teniendo en cuenta que hace unas semanas vi algo sobre sus planes de boda.

—Sus labios esbozaron una sonrisa de satisfacción al ver cómo Colt tensaba los hombros y apretaba la mandíbula—.

Pero ¿ella está…? —Me miró—. ¿Te estás quedando con él en su casa?

Estaba a punto de responder cuando Colt se movió a mi lado, tamborileando con los dedos sobre la encimera.

—No sabía que tuviéramos planes —afirmó, y había un filo cortante en su voz que hizo que la sonrisa de Chelsey se desvaneciera.

—Bueno, Mia y Ruby llevan tiempo pidiéndome que quedemos, y le prometí a Ruby que lo haríamos este fin de semana. —Le sonrió y le puso la mano en el pecho—. Ya lo hablamos la semana pasada, Colt.

Observé cómo sus dedos se aferraban a la tela de su camisa, y algo posesivo se retorció con fuerza en mi estómago. Mis propias manos se crisparon mientras luchaba contra el impulso de separarle los dedos de él uno por uno.

Quizá no fuera una cita, o quizá sí. Quería creer que Colt no lo haría, pero, pensándolo bien, ¿por qué no? Había estado fuera mucho tiempo y él no me debía nada. Entonces, ¿por qué sentía que no podía respirar?

Me sentía vulnerable y expuesta, y de repente deseé tanto a Colt que me sentí vacía.

Sabía que no tenía derecho a sentir esos celos, pero había una parte de mí que seguía arraigada en ese terreno, en los recuerdos de nuestra amistad antes de que se convirtiera en algo más, y que quería gritarle que él había sido mío primero.

Pero la verdad era que él no era mío en absoluto.

Su sitio estaba en ese pueblo, junto a Ruby, pero cada fibra de mi ser gritaba que no era de la maldita Chelsey Leland. Me obligué a apartar la mirada del abrazo posesivo de Chelsey y me volví hacia Maggie.

—Me pasaré más tarde con las mermeladas, ¿vale? —Las palabras se me atascaron en la garganta y salieron débiles y temblorosas—. No puedo creer que se me hayan olvidado.

Maggie arqueó las cejas y apretó los labios.

—Por supuesto —dijo, pasándole una bolsa de papel a Colt; le cobró, pero seguía mirándome—. Deberíamos cenar juntas esta noche.

—Te llamo —respondí, poniendo tanto énfasis en esas palabras insignificantes y temerarias que los labios de Maggie se crisparon en una risa contenida.

Colt se giró hacia mí y extendió la mano como si fuera a agarrarme del codo.

Lo vi, vi cómo abría la boca para decir mi nombre, pero no creí poder soportarlo, así que di media vuelta, a punto de chocar con la persona que esperaba en la cola detrás de nosotros, y seguí andando, obligándome a no mirar atrás.

La campanilla de la puerta tintineó al pasar por ella y oí a Colt llamarme, pero no me detuve. Seguí adelante, pasando por delante del banco y de la ferretería, desesperada por llegar a mi coche.

Casi tropecé dos veces de camino al aparcamiento.

Las llaves se me resbalaron de los dedos temblorosos antes de abrir el coche.

La mujer que veía por el retrovisor parecía una desconocida, con las pupilas dilatadas y las mejillas sonrojadas.

Apreté con fuerza el botón de arranque y me aferré al volante en un intento de serenar mi corazón.

Me había prometido a mí misma que Colt nunca iba a volver a provocarme ese efecto, pero ahí estaba yo, enfadada con él por hablar con la mujer que antes me hacía la vida imposible. Ella había sido cruel conmigo, y, en ese momento, quedaba con Ruby para que jugaran juntas.

Mi Ruby.

Lógicamente, sabía que ya debería haber superado no solo la forma en que me había tratado en el instituto, sino también a Colt, todo lo relacionado con él, su ausencia, su hija, las decisiones que había tomado cuando yo no estaba allí.

Pero la lógica no podía domar los celos que me arañaban las costillas.

Su mano se había quedado posada sobre su pecho, extendida como si ya hubiera estado allí mil veces, como si tuviera todo el derecho a tocarlo a plena luz del día.

¿Se había acostado con ella?

Cerré los ojos con fuerza, intentando alejar esa imagen.

Acababa de salir a la carretera cuando el teléfono vibró contra mi muslo.

Lo busqué a tientas, con el corazón latiéndome con la ridícula esperanza de que fuera Colt, pero fue el rostro de Grant el que iluminó la pantalla.

Estaba a punto de rechazar la llamada cuando un movimiento me llamó la atención.

Colt estaba en la puerta de la panadería, con la mandíbula tensa mientras Chelsey le señalaba con el dedo.

Él apartó la vista de ella y, a través del parabrisas, a pesar de la distancia que nos separaba, habría jurado que nuestras miradas se cruzaban.

Mi teléfono volvió a vibrar, insistente, y esa vez contesté.

—Hola.

—Blaire. —Grant pronunció mi nombre con tanto alivio que sentí un nudo de culpa en el estómago y aparté la mirada de Colt.