Capítulo 14 #2
—¿Nos odiamos? —Su voz se redujo a un susurro ronco que me hizo vibrar.
Se me puso la carne de gallina y cambié el peso de un pie a otro, retorciendo las manos en el asa de la maleta hasta que temí romperla.
—Sí —susurré, pero incluso yo podía oír el deseo que se escondía tras mis palabras—. Por supuesto que sí.
—¿Estás segura de eso, fresita? —El apodo salió de sus labios como una caricia.
—Deja de llamarme así —espeté, pero sentí un cosquilleo en el estómago.
—No te odio, Blaire. —Sus ojos se oscurecieron, y odié cómo respondió mi cuerpo, cómo me eché hacia él sin concederme permiso—. Las cosas se complicaron, eso es todo.
—Claro —dije, con voz cortante—. Mi mundo se puso patas arriba porque las cosas se complicaron.
Las palabras me supieron a ácido, y vi cómo le afectaban. Colt apretó la mandíbula y un músculo se le tensó bajo la barba incipiente. Pero no era ira lo que había en sus ojos. Era algo peor: arrepentimiento.
—¿Crees que no lo sé? —Su voz bajó tanto de tono que me puso los pelos de punta—. ¿Que no vivo con eso cada maldito día? —Se pasó la mano por el pelo, mesándose las puntas—. Blaire, yo…
—No importa —lo interrumpí, levantando una mano entre nosotros—. Fue hace mucho tiempo, y no es… —Tragué saliva con dificultad, sintiendo de repente la garganta seca—. No es algo que quiera recordar ni de lo que quiera hablar.
Se apartó de la encimera y, con cada paso que daba hacia mí, me dejaba más y más sin aliento, hasta que el calor de su cuerpo se fundió con el mío. Tuve que echar la cabeza hacia atrás para poder mirarlo a los ojos.
—Por supuesto que importa —dijo, desviando la mirada hacia mi boca—.
Por supuesto que… —Se contuvo, y su pecho se hinchó al tomar una profunda inspiración.
Di un paso atrás, con el cuerpo temblando de excitación, con cada uno de mis nervios despierto y gritando su nombre—.
Somos dos adultos, Blaire —repitió las palabras que había dicho antes, como si necesitara volver a oírlas—.
Esto no es tan complicado. Necesitas un lugar donde quedarte y yo tengo una casa con una habitación libre.
Podemos ser cordiales. No tenemos por qué sacar las cosas de quicio.
—Se me aceleró el pulso cuando dio otro pequeño paso hacia mí y quedó lo bastante cerca como para sentir su aliento cálido contra mis labios cuando continuó hablando—.
Y cuando la casa de June esté arreglada, los dos podemos fingir que todo esto no ha pasado.
—Abrí los labios para protestar, pero lo único que salió fue un suspiro tembloroso que hizo que se le dilataran las pupilas—.
Deshaz la maleta. —Tragó saliva con dificultad y un escalofrío me recorrió la espalda—.
Tómate la maldita cena que te he preparado y, por el bien de los dos…
—su mirada volvió a posarse en mis labios— no hagamos todo esto más complicado de lo que ya es.
Abrí la boca para responder, pero unos pasos sonaron con fuerza en el pasillo a su espalda.
—¡Papá, ya está aquí! ¡Ya está aquí! —Ruby entró corriendo en la cocina y se dirigió hacia mí sin vacilar. Estaba a punto de chocar contra mí cuando Colt se agachó y la interceptó. La cogió en el aire con un solo brazo y la hizo girar mientras ella se reía.
Agradecí la distracción, pero no podía apartar la mirada de cómo sus brazos se tensaban alrededor del pequeño cuerpo de Ruby ni evitar quedarme sin aliento cuando él le hundió la cara en su cuello y le hizo cosquillas hasta que ella se puso a chillar.
Colt volvió a bajar a Ruby al suelo, y ella se abalanzó hacia mí, entrelazando sus deditos con los míos. Tenía los hombros húmedos por el pelo mojado, y su pijama estaba cubierto de diminutos unicornios rosas y morados.
—¡Ven a ver tu habitación! —Me llevó a rastras por el pasillo y tuve que apartar mi maleta para que no tropezara con ella.
Eché un vistazo por encima de mi hombro hacia Colt y lo sorprendí mirándonos con una expresión que me provocó un leve ardor en la piel; estaba concentrado en los pequeños dedos de Ruby, entrelazados con los míos, y luego levantó lentamente la cabeza para encontrarse con mis ojos, con un destello de deseo tan intenso que me hizo sentir un cosquilleo por toda la columna vertebral.
Ruby y yo avanzamos por el pasillo, y ella se detuvo ante la primera puerta y la abrió de par en par.
—¡Vaya! —exclamé, y Ruby sonrió, radiante.
—Esta es mi habitación. —Dio una vuelta sobre sí misma en el umbral antes de señalarme todos los detalles.
Su edredón estaba decorado con imágenes de todas las princesas de Disney que pudiera recordar y la cama en sí era una fortaleza de peluches.
Conejos, unicornios, gatos y osos se alineaban sobre sus almohadas, y me pregunté dónde dormía Ruby.
Las paredes estaban cubiertas de arcoíris dibujados a mano y corazones de cartulina, y tenía una colección de piedras pintadas cuidadosamente alineadas en el alféizar de la ventana, decoradas con purpurina y ojos saltones.
Tenía vestidos de princesa desbordando de su armario y un pueblecito de hadas construido con palitos de helado en una de sus mesillas de noche.
Había juguetes por todas partes, ordenados según un sistema que parecía un poco caótico, pero ella iba pasando de un objeto a otro, hablándome de todas sus cosas favoritas y contándome los nombres de sus muñecas.
Era un caos de infancia feliz concentrada en una pequeña habitación, y no pude evitar quedarme mirando la foto que había sobre su cómoda, que destacaba entre las tiaras y los collares que había amontonado allí.
En el fondo había un muñeco de nieve gigante, y todos los Calloway —Hunter, McCoy, Lou, el señor Calloway y Colt— estaban apiñados delante de él, sonriendo.
Ruby estaba sentada sobre los hombros de Colt, con sus diminutas manos enguantadas levantadas en el aire.
Todos parecían tan felices que me dio un vuelco el estómago.
Ruby inspiró hondo y atravesó la habitación a toda prisa para abrir de un tirón las puertas de un dosel rosa que había en una esquina y enseñarme su «fortaleza secreta» del interior.
Se metió dentro antes que yo pudiera decir nada, se sentó con las piernas cruzadas sobre un montón de mantas y almohadas que había guardado en el fondo y me hizo un gesto para que me uniera a ella.
Me agaché torpemente en la entrada, me asomé al interior y vi mi sudadera de Duke, la que le había dejado prestada, arrugada en un rincón.
—Puedes usar mi fortaleza —dijo—. Papá dice que incluso los adultos pueden usarla si necesitan alejarse de todo.
Le dediqué una sonrisa temblorosa.
—Lo tendré en cuenta.
—¡Vamos a ver tu habitación! —Salió gateando de su fortaleza, pasó a mi lado y se puso de pie, y yo la seguí.
Ruby me adelantó por el pasillo y se detuvo ante una puerta que había un poco más adelante de la suya.
—Esta es tu habitación. —Se volvió y señaló la puerta que había justo al otro lado del estrecho pasillo—. Y esa es la de papá. Mi baño está ahí abajo. —Señaló la última puerta, al fondo—. Puedes compartirlo conmigo, así no tienes que entrar en la habitación de papá.
—Perfecto —dije, intentando ignorar el nudo que se me hacía en el estómago al pensarlo.
Abrió de par en par la puerta del dormitorio en el que me iba a quedar y, tal y como había prometido Colt, la cama estaba medio sepultada bajo peluches, igual que la de ella.
Había más dibujos pegados con cinta adhesiva de forma desordenada por las paredes, y me quedé mirando el que estaba justo encima de la cama, en el que había dos muñecos de palitos que parecían más bien círculos gigantes con brazos y piernas.
En la parte superior estaban escritos tanto mi nombre como el de Ruby.
—Ya no es aburrida. —Ruby se subió rápidamente a la cama y se dejó caer sobre el montón de peluches—. Puedes dormir con mis peluches, pero si tienes miedo, puedes venir a mi habitación.
Sonreí y moví mi maleta hasta el extremo de la cama.
—Gracias.
Se movió hasta quedar tumbada sobre el vientre y apoyada sobre los codos, y vio cómo echaba un vistazo a la habitación.
La cama era de matrimonio, con un grueso edredón blanco, y había una cómoda junto a una de las paredes.
Había una ventana cerca de la cama y, al asomarme, pude ver el lago brillando bajo los últimos rayos del sol del atardecer.
—¡La cena está lista! —La voz grave de Colt sonó por el pasillo. Di un respingo, pero Ruby ya se estaba bajando de la cama.
—¡Date prisa! Papá ha hecho espaguetis. Es mi comida favorita. —Salió disparada hacia la puerta, pero yo dudé—. ¡Vamos!
Ruby me hizo señas con las dos manos para que la siguiera, y yo tragué saliva antes de obedecer e ir hacia el olor a ajo y el suave tintineo de los platos mientras Colt se movía por la cocina. Me preparé para lo que fuera que llegara a continuación.
Cogí el móvil mientras seguía a Ruby y le envié rápidamente un mensaje a Maggie. Habíamos hablado de camino hacia aquí. Ella se había ofrecido a compartir su cama de matrimonio conmigo, pero aun así había ido a casa de Colt.
No iba a echarme atrás después de habérselo prometido a Ruby.
Maggie se había burlado de mí cuando se lo había explicado: «Ah, claro. Seguro que todo gira en torno a Ruby. Estoy convencida de que ver al vaquero medio desnudo en su propia casa no tiene ningún atractivo».
Abrí la aplicación de mensajes y había uno de ella esperándome.
Maggie: ¡¿Y bien?!
Negué con la cabeza, sonriendo, y escribí.
Yo: Ya estoy aquí. Me ha recibido vestido con unos pantalones de chándal.
Maggie: Rezaré por ti. Que Dios te bendiga, vaquera. Y asegúrate de mantenerte hidratada. Ese bigote es tan sexy…