Cowboy casual Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—Estoy bien. Estoy en casa de June. —Recoloqué a Ruby, abrazándola tan fuerte que podía sentir su suave respiración contra mi pecho.

El silencio que se hizo a continuación fue quirúrgico, preciso, de esos que se acumulaban y se acumulaban hasta que estaba dispuesta a hacer lo que fuera por romperlo. Conocía ese silencio. Mi padre lo esgrimía a menudo como un arma, y en ese momento podía sentir su desaprobación a través de él.

Que yo estuviera en casa de June era como echar sal en una vieja herida.

Ya habían dejado muy claro el odio que se tenían el uno al otro cuando mi padre se había presentado en la puerta de June tras años de ausencia.

Me había exigido que hiciera las maletas y me fuera con él, y aún podía oír la voz quebrada de June mientras se quedaba en el umbral, con los brazos extendidos como si pudiera impedir físicamente que él se me llevara.

Pero por aquel entonces no comprendía el alcance de la influencia de mi padre: que sus donaciones abrían puertas, que los jueces jugaban al golf con él en su club de campo, con qué facilidad hacía desaparecer y aparecer los problemas.

Solo aprendí esa lección después de haber aceptado ya ir con él, después de haberle hecho jurar que iba a retirar las amenazas de solicitar la custodia legal que tenía June, después de que Colt me hubiera mirado y me hubiera dicho que me marchara.

Lo comprendí mucho mejor una vez que me convertí en su empleada.

Mi padre espiró una vez, con un suspiro que parecía un veneno lento, y pude imaginarlo perfectamente, sentado ante su gran escritorio, con los dedos tamborileando sobre el borde de su vaso de whisky, preparando sus palabras como si fueran munición.

—Tu prometido ha llamado hoy a mi oficina tres veces. Dice que a él tampoco le contestas. Le he explicado que necesitabas un poco de tiempo, pero, Blaire, así no es como los adultos hacen frente a las situaciones.

Sentí cómo me encogía, dejando espacio para su voz, aunque algo dentro de mí se rebelaba.

—Papá, Grant me ha engañado. No hay nada de qué hablar. Tú has visto las fotos.

La infidelidad solo había sido la gota que colmaba el vaso. Había aguantado cosas peores de Grant, cosas que me avergonzaba haber permitido, pero ver esas fotos finalmente me había despertado de golpe, como un chorro de agua fría en la cara tras años de andar sonámbula.

—No seas tan dramática —espetó—. Todas las relaciones tienen sus problemas, sobre todo en momentos de tensión. No puedes dejar a un buen hombre por un simple error.

Un buen hombre.

Las palabras sonaban huecas viniendo de mi padre, que no reconocía la bondad genuina ni aunque se le presentara con una tarjeta de visita.

Grant no era bueno: era refinado. Recordaba lo que solía pedir para beber, pero se olvidaba de mi cumpleaños.

Pero también tenía una cuenta bancaria que hacía que los hombres poderosos le hicieran reverencias cuando hablaba.

Grant era guapo y encantador, y durante un tiempo me permití creer que podía seguir adelante con él sin pensar en Colt.

Pero al cabo de seis meses, ese encanto se había transformado en una mano presionando con firmeza la parte baja de mi espalda cuando se acercaban hombres importantes.

Me interrumpía a mitad de una frase para «aclarar» lo que estaba diciendo y me pedía que me cambiara si no le gustaba mi vestido.

En otro tiempo me había mirado con admiración, pero, a medida que pasaban los meses, había reconocido en su mirada esa misma evaluación fría y objetiva que había visto en mi padre y sus amigos cuando estudiaban a los purasangres en las carreras. Estaba calculando mi valor y buscando mis defectos.

Le gustaba que encajara bien en el hueco de su brazo y que quedara bien haciéndolo. Y mi padre lo quería, mientras que yo… yo me moría por conseguir su aprobación.

Después de marcharme de Willow Grove, tenía el corazón destrozado.

Me había moldeado a mí misma para ser justo como ellos deseaban: llevaba vestidos que hacían que mi padre asintiera con aprobación, me reía de los chistes de Grant con una puntualidad ensayada, desesperada por que vieran la versión renovada de mí misma que había creado.

No me había dado cuenta de lo fácil que había sido perderme a mí misma. Cada día me volvía más complaciente, más fácil de llevar, con el fin de ganarme su amor. Pero el mío era un amor no correspondido.

La infidelidad de Grant no había sido una crisis de carácter, sino tan solo un pequeño error estratégico. Un error que podía barrerse fácilmente como si nunca hubiera ocurrido.

Mi padre y Grant no eran buenas personas. Eran hombres que siempre se habían salido con la suya y, en algún momento, se habían convencido a sí mismos de que eso era lo mismo.

—¿«Un error»? —Sentí ira y la contuve, echando un vistazo a Ruby, que dormía, para asegurarme de que mi tono no la hubiera despertado—. Llevaba más de un año acostándose con su asistente, papá. Eso no es un error.

—Da igual —dijo con un chasquido seco del bolígrafo de fondo—. Grant está dispuesto a pasar página. Una mala decisión no debería echar por tierra lo que habéis construido juntos.

Casi me eché a reír.

—¿Lo que hemos construido? Tienes que estar bromeando.

—Estás siendo infantil. —Su voz sonaba más dura en ese momento; la máscara de cortesía se había resquebrajado lo suficiente como para dejar al descubierto la rabia que se escondía tras ella, y recordé que Grant me había dicho exactamente lo mismo—.

Grant puede mantenerte. ¿Qué crees que vas a encontrar en Willow Grove?

—Se rio, pero no había ni una pizca de humor en ese sonido—.

¿Qué clase de vida crees que tendrás allí?

Me mordí el labio inferior para evitar decir lo que quería.

—Voy a ayudar a June con la granja. Creo que voy a idear un plan para vender sus mermeladas por internet y promocionarlas.

—¿La granja? —se burló, con un tono que rezumaba repugnancia—. Tienes una licenciatura en Marketing por la Universidad de Duke. En lugar de trabajar con mi equipo, como habíamos planeado, ¿vas a desperdiciarla vendiendo mermeladas de una granja en decadencia?