Capítulo 8 #3
—¡No ha sido culpa mía! Yo no me he manchado. —Esbozó una sonrisa burlona, sus mejillas con hoyuelos se arrugaron, y su expresión se parecía tanto a la de Colt que se me cortó la respiración.
—Ah, ¿de verdad? —Metí el dedo en el puré y cogí un poco; goteó lentamente por mi nudillo, y lo acerqué a pocos centímetros de la cara de Ruby—. ¡Di que soy la mejor!
Ruby chilló e intentó alejarse de mí, girando el cuerpo hacia Lou, pero fue en vano. No tenía por dónde escapar entre la isla y yo, así que levantó las manos, con los dedos bien abiertos, mientras su risa sonaba a nuestro alrededor.
—¡Nunca! —Se rio aún más fuerte, con el pecho agitado, mientras yo movía mi dedo cubierto de patata hacia delante con una amenaza exagerada.
—Esta es tu última oportunidad, Ruby Louise, o te lo voy a untar directamente en esa bonita naricita tuya.
Ruby me sacó la lengua; yo sonreía tanto que me dolían las mejillas, y le pasé el dedo por su naricita, untándole las patatas cremosas sobre sus pequeñas pecas.
—¡Blaire! —chilló entre risas, con un sonido tan alegre que no pude evitar acompañarla. Extendió la mano hacia el cuenco de patatas para devolverme el golpe, con sus pequeños dedos agarrando el borde de cerámica, pero Lou lo apartó de nuestro alcance con un movimiento rápido y experto.
—¡Ah, no, ni lo sueñes! —Lou negó con la cabeza mientras desplazaba el cuenco al otro extremo de la encimera—.
Vosotras dos no vais a ensuciarme la cocina.
—Los ojos de Lou brillaban mientras nos observaba, con las manos siempre en movimiento.
Pasó un paño de cocina por la encimera, limpiando el desorden que habíamos montado—.
Será mejor que te vayas a lavar esas patatas de la cara antes de que entre tu tío Coy e intente darte un mordisco.
Ruby soltó una risita y saltó del taburete. Salió corriendo de la cocina, pero se detuvo antes de llegar al pasillo.
—Ahora mismo vuelvo, Blaire. —Sus ojos se encontraron con los míos, buscando que le confirmara que no iba a irme, así que le di esa seguridad.
—Estaré aquí mismo. —Sonreí, y ella arrugó su pequeña nariz cubierta de patatas—. Pensando en lo buena que soy removiendo.
Su sonrisa a modo de respuesta hizo que me aferrara con más fuerza a la encimera; ella volvió a echar a correr, y sus pasos retumbaron por toda la casa.
—¿Sabes? —dijo Lou, mirándome de reojo; sacó los panecillos del horno y los dejó sobre la encimera—. Nunca había visto a Ruby congeniar con alguien como lo ha hecho contigo. —Apoyó la cadera contra la isla, con los brazos cruzados sobre el delantal—. Es bonito oírla reír así.
Algo en su tono me hizo detenerme en seco, y me volví para mirarla de frente.
—Parece una niña estupenda. —Me limpié los restos de patata del dedo, sintiéndome demasiado expuesta bajo su escrutinio.
—Así es —respondió Lou mientras recogía un puñado de cubiertos y los ordenaba en montoncitos—.
Es una niña encantadora, pero no lo ha tenido nada fácil estos últimos años.
—Sus manos se movían con rapidez, alineando tenedores y cuchillos, pero su voz se ralentizó y se suavizó—.
Ni siquiera con todos nosotros aquí mimándola.
No sabía qué decir ni a qué se refería, pero miré por encima del hombro en la dirección en la que Ruby había desaparecido.
—Es fácil darse cuenta de lo mucho que la quiere todo el mundo —dije al fin, y al volver la vista me encontré con que Lou me estaba observando.
—Así es —repitió ella, apretando los labios—. Pero eso no siempre compensa lo que falta.
—¿Qué es lo que falta? —pregunté, aunque sabía que no debía hacerlo.
Lou no respondió de inmediato. Cogió un cuenco pequeño y empezó a untar mantequilla por encima de los bollos con gestos cuidadosos y metódicos.
El silencio se prolongó hasta el punto de que deseé no haber preguntado—.
Lo siento. —Negué con la cabeza—. No debería haber…
—Su madre se marchó —dijo ella en voz baja, mirando hacia el pasillo—. Han estado Colt y Ruby solos desde que ella tenía tres años.
Las palabras cayeron entre nosotros con el peso de un ancla, y yo solo podía mirarla fijamente, incapaz de asimilar lo que acababa de oír. «Su madre se marchó».
Las palabras de Lou me golpearon con fuerza y sentí una punzada de dolor en el pecho.
Ruby no había dicho ni una palabra sobre su madre, y yo no le había preguntado.
Nos habíamos reído, ella se había aferrado a mí, y ni siquiera se me había ocurrido que su madre no formara parte de su vida.
Había pasado las veinticuatro últimas horas preparándome para odiar a esa mujer, para mostrar resentimiento hacia ella por la vida que tenía con Colt y Ruby, y ella ni siquiera estaba allí.
Había sentido envidia de esa vida que ella nunca se había quedado a construir.
La vergüenza me invadió, pero justo después surgió algo que no me esperaba: el instinto protector.
Ella había abandonado a Ruby igual que mi padre me había abandonado a mí.
Igual que yo había dejado a las personas que me querían.
Abrí y cerré la boca.
—Yo… yo no lo sabía.
Lou me miró con tristeza.
—¿Colt no te lo dijo?
Hice una mueca y me atreví a echar un vistazo por encima del hombro hacia el porche trasero.
Todos seguían ahí fuera, con June sentada en medio de ellos, haciéndolos reír, pero Colt me observaba a través del cristal, con una expresión indescifrable.
Nuestras miradas se cruzaron justo cuando se llevaba una cerveza a los labios, y yo aparté la vista, con un nudo en el estómago.
—Colt y yo no hemos hablado mucho…
Lou apoyó la palma de la mano en la encimera para mantener el equilibrio.
—No ha sido fácil —dijo, con una voz tan baja que tuve que acercarme para oírla—.
Colt hace todo lo que puede, pero lleva años cargando con el peso de toda la familia sobre sus hombros.
Owen ha tenido problemas cardíacos y luego…
Bueno, todos pensábamos que quizá ella volvería.
Pero ella está… —Lou apretó los labios con tanta fuerza que ya ni siquiera se veían—.
No ha llamado ni una sola vez desde que se fue.
No tenían pensado casarse y, al parecer, ella no estaba preparada para ser madre.
—Suspiró—. Ruby no la recuerda mucho, pero eso no significa que no lo sienta.
—La carcajada profunda de Hunter llegó desde el porche.
Pero allí dentro, Lou y yo nos quedamos en silencio.
Le temblaron las manos al intentar alcanzar una pila de platos, y yo rodeé rápidamente la isla y se los cogí.
—Yo… —Cerré los ojos, con un nudo en la garganta a causa de la ira—. ¿Cómo pudo abandonarla?
Lou espiró lentamente, como si llevara años conteniendo el aliento.
—Hay gente que no está hecha para quedarse —dijo, mirándome a los ojos—, y a veces lo mejor que puedes hacer por alguien es quererlo y dejarlo marchar.
—Se limpió las manos en el delantal con más fuerza de la necesaria y miró hacia el porche—.
Ha hecho falta el esfuerzo de todos para que esto funcione, ahora que Colt tiene tantas responsabilidades en el rancho, pero nos aseguramos de que Ruby nunca se pregunte si es suficiente.