Cowboy casual Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

—Pero ella no es tu amiga. —Ruby soltó eso con tanta facilidad que enarqué una ceja hacia Blaire.

—¡Ruby! —Blaire soltó una risita, pero su sonrisa se desvaneció cuando algo cruzó fugazmente por su rostro.

No supe distinguir si era culpa o vacilación, pero sus mejillas se sonrojaron, cambió el peso de un pie a otro y se cruzó de brazos como si pudiera protegerse de mí—.

Eso no es… Yo no… —Las frases entrecortadas de Blaire se amontonaban unas sobre otras mientras daba un paso adelante en el muelle—.

Mira, June tenía que llamar cuando Ruby tuviera que ir a casa. No era mi intención…

—No pasa nada —interrumpí, esforzándome por mantener un tono firme, como si no me estuviera desmoronando por dentro—. Ruby lleva toda la semana pidiendo que alguien la llevara a nadar. Gracias por encargarte.

Pasé una mano por el pelo mojado de Ruby y los finos mechones se enredaron en mis dedos mientras intentaba ignorar la forma en que la mirada de Blaire me recorría de arriba abajo. Ayudé a Ruby a ponerse de pie antes de levantarme yo, pasándome las manos por los vaqueros.

—No ha sido nada. —Señaló a Ruby, que no dejaba de mirarnos a los dos—. Es un encanto, y me ha librado del trabajo en casa de June.

Ella se rio suavemente, y yo la imité, muy a mi pesar.

—Se le da muy bien librarse del trabajo. —Ruby me sacó la lengua, y yo la cogí en brazos, haciéndola chillar mientras la levantaba. Mis dedos encontraron el punto en el que tenía cosquillas, justo debajo de la caja torácica, y su risa retumbó a nuestro alrededor.

—¡Papá, para! —gritó. Blaire se quedó sin aliento; volví la mirada hacia ella para encontrarla con las manos enredadas en el dobladillo de su camiseta, apretándolo cada vez con más fuerza hasta que se le pusieron pálidos los nudillos.

Se pasó la lengua por el labio inferior y parecía que quería decir mil cosas diferentes, pero no se decidía por ninguna.

Ruby se escurrió de mis brazos, se acercó a Blaire y le agarró la mano antes de que pudiera detenerla—.

Papá, ¿puede venir Blaire a la cena del domingo?

Blaire entreabrió los labios y parecía completamente sorprendida.

—Ah, no podría. —Apretó la mano de Ruby con más fuerza—. Es un momento para pasarlo en familia.

Ruby se volvió hacia Blaire y luego volvió a mirarme.

—La abuela June viene todos los domingos —dijo, como si fuera la cosa más obvia del mundo, y quizá para ella lo fuera—. Siempre trae postre.

—Ruby, no estoy segura de que… —empezó Blaire.

—Tiene razón —la interrumpí. Me pasé la lengua por la parte posterior de los dientes y Blaire frunció el ceño—. June nunca se pierde un domingo.

—Tienes que venir —insistió Ruby, tirándole de la mano hasta que Blaire cedió y se agachó a su lado en el muelle, con los dedos entrelazados con los de Ruby—. ¿Por favor?

Debería haberle dicho a Ruby que dejara de darle la lata a Blaire con eso, pero no me salían las palabras.

No podía porque la sonrisa de Blaire era tímida e insegura mientras miraba a mi hija.

Se notaba que estaba sopesando cada palabra, calculándolas con cuidado para buscar la forma más suave de desilusionar a Ruby.

—Ven a cenar, Blaire. —Le dediqué una sonrisa, removiéndome, inquieto—. Mi madre hace comida para un regimiento y mi padre y ella no han dejado de preguntar por ti desde que se enteraron de que habías vuelto.

—Eso fue ayer. —Se le escapó una risa.

—Créeme, lo sé muy bien. —Las palabras sonaron más duras de lo que pretendía—. ¿Te has olvidado de cómo funcionan los pueblos pequeños? Probablemente la mitad de la población ya tenía un chat de grupo en cuanto cruzaste la frontera del condado.

Blaire tragó saliva.

—¿Y tú no estabas en él?

—No. —Solté una carcajada, pasándome la mano por la nuca—. Al parecer, te reservaron esa bomba para que la soltaras tú misma anoche.

Ella resopló suavemente, pero apartó la vista de mi cara.

—Blaire, por favor, ven —suplicó Ruby, tirándole de la mano. Otra vez—. Quiero divertirme.

—Ay. —Me llevé la mano al pecho, sobre el corazón, pero las dos me estaban ignorando, demasiado concentradas la una en la otra.

Blaire observó a Ruby durante un largo rato, y yo me preparé para su rechazo. Ruby iba a enfadarse, pero podíamos superarlo, como lo habíamos hecho cuando su madre se marchó.

—De acuerdo —asintió Blaire, dejándome alucinado—. Solo porque no puedo permitir que estés todo el rato con tu padre, que es un rollo; aunque tienes que prometerme que me pintarás las uñas como hemos hablado. —Extendió el meñique y Ruby no lo dudó. Entrelazó el suyo con Blaire, y las dos sonrieron.

—¡Lo prometo!

Mi niña, que normalmente era tan reservada, miró a Blaire como si ya estuviera medio enamorada de ella, y algo se retorció en mi pecho.

Era en parte alegría al verla abrirse, y en parte el instinto de protegerla de lo que estuviera por llegar.

Ruby ya había capeado más tormentas de las que cualquier niña de cinco años debería, y ni loco iba a permitir que se avecinara otra mientras yo estuviera ahí para evitarlo.