Cowboy casual Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Su sonrisa burlona se desvaneció, y su aire arrogante se disolvió en algo más suave, más vulnerable.

No podía dejar de fijarme en la curva de sus labios.

El inferior era más carnoso que el superior, y en ese momento se entreabrían lo justo para dejar ver el borde de sus dientes.

El bar pareció esfumarse a mi alrededor, pero entonces la voz de Hunter me sacó de mi ensimismamiento.

—Vosotros dos seguís peleándoos como un matrimonio de toda la vida. —Hunter se echó a reír, y yo aparté la mirada de la boca de Colt—. Es como si nunca te hubieras ido.

—Pero sí me fui.

—Y nunca fuimos pareja —intervino Colt, y sus palabras me afectaron mucho más de lo que deberían.

Aún podía sentir el peso fantasmal de sus manos enredadas en mi cabello mientras yacíamos bajo las estrellas, aún oía las palabras que me había susurrado en la clavícula cuando creía que estaba dormida.

El recuerdo de su expresión, tierna y reverente como si yo fuera algo precioso, aún ardía tras mis párpados.

Ninguna etiqueta que él quisiera ponerle podía borrar lo que habíamos sido.

Yo había estado enamorada de él, y todo ese pueblo sabía que era su chica.

Hunter resopló.

—¿Que no erais pareja? Tío, tú mismo grabaste vuestras iniciales en el árbol que hay junto a la casa de mamá y papá. Estabais pegados como si fuerais uno solo desde el penúltimo curso hasta el verano en que ella se marchó.

—Sinceramente, incluso antes de eso —murmuró McCoy entre sorbos de cerveza.

Hunter se rio entre diente; sacó una cerveza de la cubitera, le quitó el tapón y se la tendió a Maggie sin decir palabra.

—Había olvidado lo insufribles que sois —le espeté, cogiendo mi cerveza. La botella pesaba menos de lo que esperaba y bajó más suave de lo que debería. Sentía las extremidades flojas y la cabeza me daba vueltas.

—Decir que estos tres son insufribles es quedarse corto —bromeó Maggie, apoyándose en mí—. No sé muy bien qué palabra usar para describirlos.

—Oye —protestó Hunter haciendo un puchero—. No soy tan malo.

—Es una especie de proyecto en grupo. —Giré el dedo en círculos, señalando a los tres—. No importa lo divertido que seas, Hunter. Lleváis mucho tiempo formando un grupo y se os evalúa por el rendimiento total.

McCoy se rio e incluso a Colt se le crispó la boca como si estuviera intentando no sonreír.

—Bueno, entonces, quizá debería unirme al vuestro. —Hunter acercó su silla a la de Maggie, pero ella levantó rápidamente el pie y le puso la bota contra el asiento, entre las piernas, para detenerlo.

—De momento no aceptamos nuevos miembros. —Maggie sonrió, y Hunter se llevó la mano al pecho como si ella le hubiera herido.

—Os habéis conocido hoy.

—Exacto. —Maggie asintió—. Y ya no aceptamos a nadie más.

Me eché a reír cuando nos sirvieron otra ronda de cervezas. Levanté la vista hacia la chica que conocía del instituto.

—Hola, Haley.

—¡Blaire! Vaya. —Haley me miró de arriba abajo—. ¿Cómo estás?

—Bien. ¿Y tú?

—Bien. —Asintió, pero luego se volvió hacia Colt y se quedó mirándolo.

Cogí otra cerveza, dejando que el alcohol aliviara mi tensión mientras los demás se ponían a hablar. Hunter y Maggie se burlaban el uno del otro mientras McCoy soltaba comentarios aquí y allá que me hacían reír.

Colt no dijo nada, pero su silencio sonaba más fuerte que las risas que nos rodeaban.

Hice todo lo posible por no mirar en su dirección, fijándome en la etiqueta de la cerveza hasta que los bordes se deshicieron bajo mi uña.

Me llegaba el aroma de su colonia cada vez que se movía en su asiento, al otro lado de la mesa, y habría jurado que podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo, aunque estuviera sentado justo fuera del alcance de mi mano.

Para cuando terminé mi cerveza, la sala estaba llena de humo, la música sonaba demasiado alta y sentía la piel enrojecida y caliente.

Fue entonces cuando Colt se levantó. Su silla chirrió al retroceder y su sombra se proyectó sobre mí. Me quitó la botella de la mano y la dejó con firmeza sobre la mesa.

Levanté la barbilla para mirarlo.

—¿Y si no la había terminado?

—Ya has terminado. —Su voz era grave y tajante, y sus ojos se detuvieron en mi boca el tiempo suficiente para que me humedeciera los labios con la lengua—. Vamos. Os voy a llevar a ti y a Maggie a casa.

—Maggie ha traído el coche —repliqué, echándome más hacia atrás en el asiento, como si esa pequeña distancia fuera a impedir que se diera cuenta de lo rápido que me latía el corazón.

—Y ha bebido demasiado. —Su mirada se deslizó hacia mi amiga antes de volver a posarse en mí—. Las dos lo habéis hecho.

Me crucé de brazos y me apoyé con fuerza sobre el respaldo de madera de la silla, que se me clavaba en la columna.

—No necesito que me cuides, Colt.

—¿Ya vuelves a llamarme Colt? —Se agachó hacia mí, con una mano apoyada en el respaldo de mi silla y la otra, en la mesa que tenía delante—. ¿Ya hemos terminado con las formalidades?

Hunter silbó en voz baja.

—Tío, hay cosas que nunca cambian.

—Cállate, Hunter. —Colt ni siquiera lo miró. Rozó distraídamente mi hombro con sus nudillos, y el calor floreció bajo mi piel, un ardor lento que recorrió mi columna vertebral y se acumuló en lo más profundo de mi vientre.

Mi cuerpo reaccionó ante él antes de que mi mente pudiera darse cuenta; años de memoria muscular respondieron a la forma en que me contemplaba, solo a mí, con su cuerpo tan cerca del mío que percibí el tenue aroma del cuero.

—No quiero irme todavía.

—Ya has tenido suficiente. —Sus palabras sonaron más suaves, pero tenían un tono de orden que me hizo sentir un escalofrío que me recorrió la espalda—. Tengo que trabajar en el rancho por la mañana y no voy a dejaros aquí a las dos sin medio de transporte.

—Puedo valerme por mí misma. —Escudriñé su rostro y me fijé en ese estúpido bigote que antes no tenía. Era un bigote capaz de convertir a una mujer inteligente y sensata en una tonta—. Te das cuenta de que eso es justo lo que he estado haciendo desde que me fui, ¿verdad?

—Lo sé muy bien, Blaire. —Bajó la vista hasta mis labios durante una fracción de segundo—. Pero ahora estás aquí y no voy a dejarte en este bar, borracha y con todos los hombres sin poder quitarte los ojos de encima.

—Quizá me guste tener su atención…

Apretó la mandíbula y un músculo le tembló en la mejilla. Se echó hacia mí, rozándome la piel desnuda con los nudillos, esa vez a propósito.

—¿Es atención lo que buscas? —Su voz era grave y ronca—.

Sabes que siempre puedes decirme lo que necesitas.

—Un calor me recorrió el cuerpo, mi pulso se aceleró y contuve el aliento bruscamente, abrumada por los recuerdos—.

Levántate, Blaire. —Sus labios esbozaron una sonrisa peligrosa que me provocó un cosquilleo en el estómago como hacía mucho tiempo que no sentía—.

O te echaré al hombro y te sacaré de aquí a rastras.

Tú decides. ¿Quieres que mañana todo el pueblo hable de cómo te saqué de aquí?

—Que te den, vaquero. —Me obligué a no moverme, a no darle esa satisfacción.

Pero él sonrió mientras sus dedos rozaban mi piel; algo en su expresión me decía que no estaba fingiendo.

El Colt que yo conocía habría cumplido esa amenaza, porque protegerme siempre había sido lo único que se tomaba en serio.

Con un profundo suspiro, me eché hacia delante, acortando la distancia entre nosotros hasta que pude sentir su cálido aliento contra mis labios.

—Está bien, pero solo porque quiero que Maggie llegue a casa sana y salva.

La risa de Colt fue grave y demasiado presumida cuando dio un paso atrás para dejarme sitio. Agarré a Maggie de la mano y la ayudé a ponerse en pie mientras ella se reía. Colt señaló con la barbilla hacia la salida.

—¿Os parece bien? —les preguntó a McCoy y a Hunter.

—Sí —respondió McCoy, echándonos un rápido vistazo—. Buenas noches, chicas.

—Yo voy con vosotros. —Hunter dejó algo de dinero sobre la mesa antes de levantarse y seguirnos.

La mano de Colt se acercó a mi espalda mientras nos guiaba hacia la puerta, y aunque no me tocaba, sentía cómo me ardía la piel bajo sus dedos. Debería haberme apartado. En cambio, cometí la tontería de dejar que todo el bar me viera salir con Colt Calloway.