Cowboy casual Capítulo 5
13%

Capítulo 5

Blaire

Debería haberme ido.

En el momento en que entré en el bar y sentí el peso de su mirada, debería haber salido corriendo de regreso a casa de mi abuela. En cambio, seguí apoyada en la barra, con otro chupito de tequila vacío en las manos.

Colt Calloway.

Mi pulso no se había calmado desde el momento en que nuestras miradas se habían cruzado, y aún sentía un cosquilleo en la piel donde me había rozado. En esos pocos minutos me había escrutado de arriba abajo, traspasando mis defensas y fijándose en cada uno de mis cambios.

No tuvo que decir ni una palabra. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo y me volví hiperconsciente de mi pelo, de mis pantalones cortos, del rubor de mis mejillas.

¿Lo había visto? ¿Había visto cómo había ido cediendo partes de mí misma hasta que apenas reconocía a la mujer que veía en el espejo?

Me bebí el chupito de un trago; el ardor no bastaba ni de lejos para borrar el sonido de su voz ni la sensación de revuelo que había sentido en el estómago cuando me había llamado fresita.

Prácticamente había vivido toda una vida sin él y, sin embargo, él seguía teniendo el poder de desarmarme por completo.

Me afectaba más que lo que Grant jamás habría podido conseguir.

Si Grant hubiera estado aquí, no le habría dicho a ese vaquero que iba a romperle las manos si volvía a tocarme.

Pero sí habría tenido mucho que decirme a mí: «No se habría acercado si no te hubieras vestido como una puta». «Querías que ligara contigo, ¿verdad? ¿También querías tirártelo?».

Sus acusaciones resonaban en mi mente como un disco atascado en repetición, y cada vez que se reproducían me resultaba más difícil descartarlas como las mentiras que eran. Él había entrenado a mis dudas para que surgieran antes que cualquier otra cosa.

Levanté la mano y le hice un gesto al camarero para que me sirviera otra copa.

Eché un vistazo hacia la puerta y pensé en escabullirme, pero entonces Maggie se me acercó, rozando su hombro con el mío.

—¿Estás bien?

Las ganas de decirle la verdad eran abrumadoras.

Solo conocía a Maggie desde hacía unas horas, pero estar con ella esa noche me hacía darme cuenta de lo sola que había estado.

En Raleigh no tenía amigos propios, solo los de Grant.

No tenía a nadie a quien llamar cuando todo había sucedido, a nadie a quien recurrir.

—Estoy bien.

—¿Estás segura? —Echó un vistazo por encima de mi hombro, y supe exactamente hacia dónde miraba sin necesidad de darme la vuelta—. Eso ha sido… —hizo un gesto con la mano de un lado a otro, entre mí y el lugar donde había estado Colt— intenso.

—Ya es historia. —Me encogí de hombros mientras el camarero deslizaba otro chupito delante de mí—. Una historia que prefiero no volver a sacar a colación.

—¿Así que estuviste liada con un Calloway? —Seguía mirando por encima de mi hombro, y me pregunté si estaría buscando a Colt o a Hunter.

—Por desgracia. —Al fin les eché un vistazo. Colt, Hunter y McCoy habían sido inseparables cuando éramos niños, y hubo un tiempo en el que lo único que deseaba era estar con ellos.

No importaba que McCoy no fuera un hermano Calloway de verdad. Había sido uno de ellos desde que tenía memoria. Desde que su madre había fallecido.

—¿Alguna vez te has preguntado cómo habría sido si te hubieras quedado? —preguntó Maggie con voz suave, pero sus palabras me atravesaron el corazón.

—No hay suficiente alcohol en este bar para que tengamos esa conversación.

—Levanté mi chupito y lo choqué contra el suyo.

Ya me sentía un poco achispada, pero aun así no era suficiente.

Maggie sonrió antes de levantar el suyo y bebérselo de un trago.

Yo la imité y esa vez hice una mueca cuando el ardor me quemó la garganta.

Me limpié la boca con el dorso de la mano, y Maggie desvió la vista de nuevo hacia ellos—. ¿Y tú qué? ¿Qué pasa entre Hunter y tú?

Se sobresaltó como si mi pregunta la hubiera dejado atónita.

—¿Qué? No pasa nada entre nosotros.

—No me vengas con esas. —Me reí y me volví hasta poder apoyar la espalda contra la barra—. Había tanta tensión entre vosotros dos en el porche de June que hasta he sudado un poco.

Ella resopló, pero fue un gesto débil.

—Hunter y yo somos amigos.

—¿Y por qué? —pregunté, mirando de reojo a Hunter, con cuidado de no fijarme en Colt. Él jugueteaba con la etiqueta de su botella de cerveza, pero era evidente dónde tenía puesta la atención—. No te mira como si fuerais amigos.

—Bueno, debería. Y más teniendo en cuenta que es el ex de mi hermana.

—Oh, mierda. —Pero seguía pareciéndome que quería comérsela viva; no le prestaba la atención que le habría dedicado un hombre que había salido con su hermana.

—Sí. —Sacudió la cabeza—. Hunter Calloway está fuera de mi alcance. Da igual que sea increíblemente guapo o encantador, o que tenga el mejor trasero del estado.

Quería preguntarle más, pero no lo hice. Era lo justo. Yo no quería hablar de mi pasado, así que no tenía ningún derecho a preguntarle por el suyo. Ella jugueteaba con el anillo de su dedo índice, girándolo una y otra vez.

—Que les den a los hermanos Calloway. —Le sonreí, sintiendo el calor del tequila en las venas—. No merecen todo el espacio mental que les estamos dedicando.

—Es verdad —rio ella—, pero es difícil cuando no dejan de mirarnos.

—Me volví y mis ojos se encontraron con los de Colt.

Pensé que iba a apartar la vista en cuanto se diera cuenta de que lo había pillado mirándome, pero no lo hizo: me recorrió el cuerpo lentamente, deteniéndose en mi cuello, donde mi pulso latía traicioneramente bajo la piel, y luego bajó aún más, dejando un rastro de calor que me hizo olvidarme de cómo respirar.

La comisura de su boca se curvó en una media sonrisa cómplice que decía que recordaba de sobra cómo respondía mi cuerpo ante él—.

¿Nos vamos? Quizá esto ha sido una mala idea —preguntó Maggie, pero yo no podía rendirme ante el desafío de Colt.

El tequila me había calentado la sangre y me había vuelto temeraria, y me encontré negando con la cabeza.

—No nos vamos. —Agarré la mano de Maggie y me aparté de la barra—. Vamos.

—¿Adónde vamos? —preguntó ella.

—Si van a estar mirándonos toda la noche, más vale que nos acerquemos a su mesa. —Parecía más valiente de lo que me sentía, pero la adrenalina me subía por las venas con cada paso que dábamos hacia ahí. Sobre todo cuando vi un destello de sorpresa en la expresión de Colt.

Los tres parecían intocables allí sentados.

Hunter se recostó en su silla, con la mirada fija en Maggie.

La sonrisa despreocupada de McCoy le daba un aire demasiado encantador, y la actitud de Colt era tormentosa.

El sol le había bronceado el cuello, justo donde se abría la camisa, y me pregunté si el resto de su piel estaba igual de bronceada.

Estuve a punto de dar media vuelta, pero no lo hice.

Colt levantó la barbilla y mi pulso se aceleró mientras esbozaba una sonrisa forzada y me dejaba caer en la silla junto a él.

—¿Están ocupados estos asientos?

—Al parecer, ahora sí —dijo McCoy con tono holgazán y una sonrisa; se echó hacia delante y apoyó los codos en la mesa.

Levantó la vista hacia Maggie antes de señalar la silla vacía—.

Por favor. —Maggie se deslizó a mi lado y la silla rozó el suelo mientras la acercaba hasta que nuestros hombros se tocaron.

Me echó una ojeada, como si no pudiera creer que realmente estuviéramos haciendo eso, pero yo le sonreí, dejando que el tequila me diera ánimos—.

¿A qué se debe este inesperado placer? —McCoy miró de reojo a Colt antes de volverse de nuevo a mí—.

Nunca pensé que llegaría el día en que volvieras a Willow Grove.

—Necesitaba un poco de aire fresco. —Me crucé de brazos y levanté la cabeza—. Además, June necesita ayuda con la granja.

El resoplido de Colt cortó el aire.

—¿Te pasa algo? —pregunté, cogiendo una cerveza del cubo de hielo que estaba en el centro de la mesa. Le sostuve la mirada mientras desenroscaba el tapón y me llevaba la botella a los labios; el líquido frío se deslizó por mi garganta y un músculo de su mandíbula se contrajo.

—No me creo que haya sido la granja de June lo que te ha traído aquí de nuevo. —Me observaba como si estuviera evaluándome—. Lleva años necesitando ayuda y no has venido corriendo.

Me estremecí; sus palabras dieron en el blanco y la culpa me invadió de golpe.

—Bueno, ahora estoy aquí.

—Así es. —Colt asintió, y me miró de un modo que me hizo querer salir corriendo.

—¿Cuánto tiempo te vas a quedar, Blaire? —preguntó McCoy, y aunque su pregunta era inofensiva, se me encogió el corazón.

—Aún no lo sé. Todo el tiempo que June me necesite. —Levanté la barbilla, y supe que no debería haber dicho las siguientes palabras antes incluso de que salieran de mis labios—. ¿Por qué? ¿Alguno de vosotros tiene pensado decirme que me vaya, como la última vez?

A McCoy se le escapó un taco, y Hunter casi se atraganta con la cerveza. Pero Colt apenas pareció inmutarse ante mis palabras ni ante mi presencia.

—Supongo que eso depende. —Colt me observó con atención.

—¿De qué? —Me eché hacia delante, más cerca de él, y le di otro sorbo lento a mi cerveza, tragándome las palabras que me ardían en la lengua.

La rodilla de Maggie se pegó a la mía debajo de la mesa, pero lo único que podía sentir era el peso de la mirada de Colt.

—¿Tu prometido va a venir contigo o te lo has dejado en la ciudad? —Colt ladeó la cabeza, esbozando una leve sonrisa, pero sus dedos tamborileaban sobre la mesa.

Sentí cómo el calor me subía por el cuello al ver la expresión calculadora de su rostro. Me estaba provocando: el mismo tira y afloja que solía encenderme y hacerme estallar.

Me temblaban los dedos al sujetar la cerveza; me tragué las ganas de responderle con brusquedad. Tenía que contarle la verdad de una vez para que dejara de creer que conocía todos mis secretos.

—¿Por qué te obsesiona tanto eso? —Lo observé con atención—. ¿Te mueres por que te diga que ya no estoy comprometida?